En el Día Internacional del Libro
Este sábado 23 de abril se celebra el día internacional del libro, de más está explicar cuáles son los eventos que justifican la conmemoración y, aun menos, la relevancia que ha tenido a lo largo de la historia de la humanidad.
Pero me pareció interesante compartir en esta columna la lectura que hice hace ya algunos años del texto de Fernando Báez, “Nueva Historia Universal de la destrucción de los libros” en que el destacado historiador venezolano hace un recorrido desde las tablillas sumerias hasta la era digital.
Al momento de encontrarme con el texto en una librería en Barranquilla, hace ya algunos años, me llamó la atención cuál podría ser el derrotero asumido por el autor con el fin de generar una historia global, en términos temporales y territoriales, de ¿por qué se han destruido los libros? La lectura se hizo apasionante desde un primer momento, ya que el profesor Báez tiene la virtud, desde la introducción, de combinar su historia personal con el desafío intelectual que emprendía, ya que desde su más tierna infancia, se acercó a los libros, la biblioteca en su San Félix natal, era prácticamente su guardería mientras sus padres desarrollaban las tareas cotidianas que permitían el sustento del hogar.
Expreso mi satisfacción en términos globales ya que el extraordinario esfuerzo realizado por el autor no sólo abarca las más variadas épocas históricas, sino que también no comete el error de muchos historiadores con tendencias universalistas que la acotan a la realidad de Occidente y, de paso, desprecian los procesos históricos de otras civilizaciones tan importantes para comprender en su real dimensión la lógica global de nuestros días.
El itinerario propuesto por el profesor Báez es sencillamente sobrecogedor, nos invita a un detallado recorrido desde la destrucción de las tablillas sumerias hasta el saqueo de las bibliotecas de Bagdad, con posterioridad a la caída de Saddam Hussein, en el contexto de la invasión estadounidense a dicho país. Irak tiene directa relación con los libros desde la antigüedad.
Irak es UR, la ciudad que la biblia atribuye al nacimiento de Abraham, el patriarca judío y de todas las religiones “abrahámicas”.
Tiene relación directa con Babilonia, de donde disponemos de las primeras estatuillas grabadas que elevamos a las primeras formas de escritura y por ende al origen de los libros.
A principios del siglo IX es en Irak donde se tradujeron del griego al árabe las obras de Aristóteles y desde allí pasaron a un mundo Occidental que recuperó su pensamiento gracias a dichas obras.
Si realizamos una breve descripción del relato histórico que dibuja la obra nos habla de destrucciones en la antigua sumeria, en el Egipto faraónico, en la Grecia Clásica, en Alejandría, en episodios asociados a la historia del pueblo de Israel, al mundo Chino desde el siglo IV a.C. Mención especial merece la quema de la biblioteca de Alejandría, la censura y la persecución durante la Roma Imperial, los orígenes radicales del cristianismo desde la acción de san Pablo contra los libros mágicos.
El mundo medieval, en sus más variados escenarios, desde la caída de Roma, las invasiones germánicas, la irrupción del mundo árabe y Turco en la cuenca del Mediterráneo también vivieron acontecimientos que son destacados por esta Historia Universal.
Desde el mundo Moderno muchos son los escenarios y rostros de la destrucción de los libros, como la Inquisición, la condena de los astrólogos, el índice de textos prohibidos por el mundo Católico y también lo que hace el mundo islámico, en el Japón desde las expresiones feudales hasta la era imperial.
Las revoluciones contemporáneas del más variado cuño ideológico y qué decir del siglo más destructivo de la historia de la humanidad, el siglo XX, con Guerras Mundiales, Revoluciones, Dictaduras, Guerras Civiles, Crisis Económicas y hasta el impacto del terrorismo.
La conclusión a la que se llega después de leer la obra es que desde que existen los libros hay interés de algunos por destruirlos.
La premisa del profesor Báez resulta no sólo contundente, sino que también aterradora.
Más allá de que el estudio no desprecia las causas naturales por las que se han destruido libros, como el agua, los terremotos, los accidentes, el tiempo, en fin, la verdad nos interpela a aceptar que la mayoría de los libros que se han destruido o han desaparecido han sido por la desidia o, lo que es peor, por la voluntad de aniquilarlos.
Si retomamos la justificación más que conocida, expresada al principio de esta columna, en función del rol que ha cumplido el libro en preservar la cultura, el texto nos deja ver en el recorrido de la biblioclastía, que no son pocos en la historia de la humanidad que han elevado, la pérdida o destrucción de un libro, a un triunfo contra aquello con lo que se luche o aquello a lo que se oponga.
Ninguna de las dimensiones en las que se mueve el sujeto histórico queda libre de esta terrible acusación: se han justificado victorias ideológicas, políticas, científicas, filosóficas, históricas, por nombrar sólo algunas, gracias a la destrucción de tal o cuál libro.
Dicho proceso está entroncado con una historia que pocas veces se detalla, sí se logra percibir, es sólo una expresión colateral del proceso central que se busca instalar, es por ello que el aporte del texto nos invita a escribir también la historia de la intolerancia, la barbarie y la voluntad de hacer desaparecer las ideas. No olvidemos nunca las sabias palabras de Heinrich Heine, expresadas en 1821, “Allí donde queman libros, terminan quemando hombres”.
La importancia de un texto de Historia, pero muy especialmente éste, es que nos invita a realizar un análisis crítico de nuestro pasado con perspectivas de presente y, hasta donde podamos, de futuro.
La Historia nos conmina a reflexionar, a cuestionarnos, a aprender de nuestras virtudes y muy especialmente de nuestros errores.
La intolerancia y el barbarismo genuino tiene que ver con ello, con los que se incomodan con visiones distintas, con los que niegan, olvidan, invisibilizan aquello que no responde a sus particulares puntos de vistas, en definitiva con aquellos que solo quieren verse y no ver, quieren construirse y construir desde la exclusión o desde la deslegitimación del otro, que se plantean con ciertos aires de superioridad que invalidad y aniquilan y que no dejan espacio para la discusión y el debate.
El proceso es peligroso, incluso en nuestros días, en la era de la lectura digital, de las redes sociales, en donde se comparte información interesadamente, se destruye a través de la mentira y el engaño y se comenta sólo lo que se quiere comentar y se amañan argumentos para defender mezquinos intereses.
Es la continuidad de los planteamientos del profesor Báez, es la adaptación a un mundo en que es más difícil controlar el acceso a la información, y por lo mismo se falsea como arma.
Gracias a Dios que está la escritura y están los libros para recordárnoslo.