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El Internet no tiene la culpa de la ballena

Gran conmoción ha generado el tal juego de la ballena azul, que dicho sea de paso, no es ningún juego. Esta práctica que, al parecer tiene su origen en Rusia y que ha cobrado la vida de varios adolescentes, requiere de un especial cuidado por parte de los padres, profesores y demás acudientes que pueden tener los menores.
 
Cuando surgen este tipo de situaciones, es común que la mayoría de las personas salgan a ‘echarle la culpa’ al Internet. Claro, el Internet es la plataforma de la cual no tenemos control y a través de la cual entran todos los extraños y se acercan a nuestros niños, ¿cierto?
 
Pues no. No es el Internet el único medio a través personas extrañas pueden acercarse a nuestros niños con el fin de hacerles daño, aunque tal vez sí sea el que no hemos podido mantener una autonomía, ni hemos sabido prevenir de manera adecuada los riesgos que se corren por su mal uso.
 
A todos los niños les dicen cosas como: “no hables con extraños en la calle”, “no aceptes dulces ni regalos de gente que no conoces”,  “no te alejes a lugares desconocidos”, entre otras prevenciones más. Lo curioso es que, en donde hay más personas extrañas que pueden llegar, incluso sin que nadie se dé cuenta, en donde los chicos pueden llegar mucho más lejos, no es común tener ninguna prevención.
 
Es importante tener un acompañamiento y una consejería adecuada al momento que los adolescentes empiezan a usar las redes sociales. Es necesario hacerles saber que puede haber riesgos cuando se contactan con desconocidos, y mantenerles la cultura de informar cada vez que identifiquen que algo o alguien en la red puede atentar contra su bienestar.
 
A los chicos hay que enseñarles también que, como en la vida real, en Internet no deben causarle daño a otras personas, ni permitir que otros les hagan daño o los induzcan a esto.
 
También es recomendable establecer controles parentales a las redes domésticas, para evitar que los menores accedan a Internet en horas no adecuadas o en las que no tienen la supervisión requerida.
 
Pero lo más importante, es tener una correcta comunicación intrafamiliar. Muchos de estos casos se evitarían si entre padres e hijos existiera una comunicación sólida que les permitiera identificar estos riesgos a tiempo.
 
Lo más fácil suele ser echarle la culpa al Internet, cuando la responsabilidad siempre es de los padres que dejan a los hijos al libre albedrío sin ningún tipo de supervisión ni acompañamiento.
 
Aprovecho para recomendar la serie ’13 Reasons Why’ en Netflix. Una historia de una niña adolescente que se suicida y cuenta en varias cintas de audio las razones por las que tomó esta decisión. Curiosamente, todas las experiencias que vivió la protagonista que la llevaron a quitarse la vida, no estuvieron muy relacionadas con el Internet. Pero sí muestra esta serie que un acompañamiento y una comunicación afectiva y efectiva entre padres e hijos, es vital para prevenir este tipo de situaciones, sean a través de Internet o a través de cualquier otro medio.