El Estado Nación Palestino, una causa de justicia y humanidad
Las noticias de estos días, sobre lo que sucede en la Franja de Gaza, se cruzan entre el drama del pueblo palestino, del que es testigo inerte la comunidad internacional, de los saludos a la bandera que significan las acusaciones en contra del Estado Genocida de Israel en las Naciones Unidas bloqueadas por el derecho a veto de Estados Unidos, las reacciones de importantes Estados del mundo por reconocer la existencia del Estado Nacional de Palestina y los esfuerzos de la sociedad civil a través de la ayuda humanitaria que desafía el bloqueo sionista y las intervenciones ciudadanas en las calles de importantes ciudades y en torno a espectáculos masivos.
La realidad indica que nada de ello ha impactado de manera decisiva en la postura del Estado de Israel por destruir la institucionalidad palestina en la Franja de Gaza, nada ha logrado mellar el intento sistemático de un Estado opresivo y genocida contra un población civil totalmente desarmada, bloqueada y sometida a un ataque militar constante y a un bloqueo de alimentos y de medicamentos que linda con una irracionalidad y una falta total de ética.
A veces creo que el Estado de Israel no es inmoral, me parece que estamos viviendo aquello que muchos de nosotros construimos a partir de fuentes históricas, muchas de ellas judías, sobre el holocausto provocado por los nazis en Alemania. Al igual que la política nazi de la “solución final”, el Estado sionista israelí ha construido una nueva moral, que es peor que ser inmoral. Significa que no existe, para ellos, un cuestionamiento ético sobre las prácticas homicidas que, de manera sistemática, llevan a cabo sobre una población indefensa, no hay remordimiento, lo que los eleva a un nivel de crueldad que está totalmente alejado de lo que la comunidad internacional buscó construir después de la Segunda Guerra Mundial.
Las autoridades judías han instalado, y aquí está lo terrible de la situación, la idea de que lo que están haciendo es correcto, que es una respuesta legítima de un Estado que defiende su soberanía, que la guerra les permite la destrucción total, la muerte de niños, ancianos, hombres y mujeres que no tienen ninguna capacidad de defenderse. La destrucción de una infraestructura civil que haga imposible la vida en dichos territorios, el ataque a escuelas, edificios religiosos, centros de salud. En fin, la moral construida y alimentada por el primer ministro israelí, y de la cual se ha hecho eco un sector relevante de la comunidad judía en todo el mundo, es la moral del desquiciamiento, en que la carga ética se construye sobre la base de la destrucción del orden jurídico establecido por los acuerdos internacionales para que nadie en el mundo viviera lo que los judíos, y otros grupos humanos, vivieron durante la ocupación nazi de Europa.
Hoy, el Estado Palestino es reconocido por 151 países, de los 193 que están adscritos a la Organización de Naciones Unidas. Lo que se reconoce son las fronteras establecidas en 1967, es decir, Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Este, que estaban en manos de países árabes antes de la guerra de los Seis Días. El objetivo de este reconocimiento es que Palestina pueda ejercer derechos legales sobre sus aguas territoriales y su espacio aéreo como Estado soberano reconocido, y otorga al pueblo palestino el derecho a demandar la soberanía sobre su territorio ante la Corte Internacional de Justicia y a presentar cargos por "crímenes contra la humanidad" y crímenes de guerra.
La pregunta que me asalta a partir de esta breve explicación es ¿qué mueve a los restantes países, 36 en total, a no reconocer el Estado Palestino? La mayoría de ellos tienen relación con una postura proisraelí desde la creación del Estado de Israel a finales de la década de 1940, específicamente por razones geopolíticas que buscaban establecer un enclave Occidental en un área extraña para Occidente. También es importante considerar los vaivenes ideológicos de algunos países que deambulan entre el reconocimiento y la negación del Estado Palestino, el caso más cercano para nosotros es el de Argentina. En la víspera del viaje de Javier Milei a Nueva York, donde en los márgenes de la Asamblea General de las Naciones Unidas mantendrá entrevistas con Donald Trump y Benjamín Netanyahu, el rabino Axel Wahnish, embajador del libertario ante Israel, transmitió duras definiciones del presidente argentino sobre la situación en Gaza. "Solo les diré las palabras que dijo el presidente Milei con respecto a algunos presidentes y líderes mundiales que estaban tratando de promover la solución y la aceptación de un Estado palestino. Una frase corta y poderosa: el wokísmo los infectó". Recordemos que ya Milei, convirtió a Argentina en uno de los pocos países que, contraviniendo acuerdos internacionales y establecidos por la ONU, trasladó su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, a pesar de que Argentina reconoce un Estado Palestino Libre desde al año 2010.
Desde la perspectiva de la jurisprudencia internacional, es imposible negar el derecho a Palestina a erigirse como el país 194 de las Naciones Unidas. La teoría básica del derecho internacional establece que para la existencia de un nuevo Estado Nación deben concurrir tres elementos fundamentales: contar con una población, disponer de un territorio y de un sistema de gobierno.
La lucha de Palestina por este propósito se ha extendido por más de seis décadas, la ralentización del proceso tiene que ver con la búsqueda de subterfugios jurídicos que se levantan mañosamente para justificar lo injustificable, a saber: que Palestina carece de un territorio continuo, cuando a partir de la división de su territorio y de la creación del Estado de Israel esta situación fue establecida por aquellos que se creyeron con el derecho de seccionar gran parte del territorio histórico de Palestina; que no tiene un régimen de gobierno unificado, cuando han sido los mismos sionistas que han propiciado y financiado organizaciones paralelas a la OLP cuando logra el reconocimiento como Estado Nación observador en la ONU desde 1974, elevado a la situación de Estado observador permanente en 1912; y por último, lo más desquiciado por lo demás, es que su territorio es, a la vez, ocupado por su vecino y antagonista, Israel.
Este domingo 21 de septiembre, Reino Unido, Canadá, Australia y Portugal se han sumado a los 147 países que ya reconocían al Estado Nación Palestino. Para los siguientes días se espera que Bélgica, Francia, San Marino, Malta y Andorra sigan por el mismo derrotero, elevando el número a los 157 países que ya habían explicitado. Lo relevante de los casos anteriores que dos son integrantes permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, Francia y Reino Unido, lo que dejaría a Estados Unidos como el único país, de ése selecto grupo, en mantener una postura de No Reconocimiento.
El último reporte del diario el País de España nos relata que “El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha afirmado este domingo que “no se establecerá un Estado palestino” y ha añadido que la respuesta de Israel se anunciará cuando regrese de Estados Unidos, donde tiene previsto reunirse con el presidente, Donald Trump. Más temprano, Reino Unido, Portugal, Australia y Canadá han anunciado el reconocimiento del Estado palestino. En la Asamblea General, varios países más lo harán, incluyendo Francia, lo que supondrá que más de 150 países de los 193 que forman parte de la ONU reconocerán la existencia de Palestina como Estado. Sobre el terreno, una semana después de iniciar la toma de Ciudad de Gaza, donde se calcula que quedan al menos medio millón de personas, las tropas israelíes han penetrado más profundo en la capital. Los vecinos han visto tanques avanzar desde Tel Al Hawa —un casi abandonado suburbio oriental en el que Israel viene centrando los bombardeos— hacia el oeste. En los ataques de hoy han muerto al menos medio centenar de palestinos, 37 de ellos en la capital gazatí. En Líbano, un ataque israelí ha matado a cinco personas, incluidos tres niños, según el Ministerio de Salud del país. El presidente del Parlamento, Nabih Berri, ha afirmado que un padre y sus tres hijos estaban entre los muertos y que tenían ciudadanía estadounidense.”
Lo que está sucediendo con el Estado Nación Palestino y, específicamente en la Franja de Gaza, es la expresión más genuina de mal moral radical. Es un insondable abismo moral reflejado en los argumentos esgrimidos para no reconocer a Palestina como un Estado libre y soberano, y muy especialmente por el bombardeo indiscriminado, desproporcionado y genocida que esta sufriendo la población de Gaza. Israel y su guerra del asedio, va contra todo el derecho internacional humanitario y también contra un amplio consenso en la literatura ética de la guerra.