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Caro 72: ¡promoción brillante!

“ ¡O tempora! ¡O mores! ¡O tiempo! ¡Oh costumbres!”

(Cicerón. En catilinarias I)

 

23 de enero de 1967 del siglo pasado:

Una fila de niños de unos 13 a 15 años de edad, esperaban ordenados, uno tras otro para ingresar a realizar el examen de admisión para ganar un cupo en el famoso colegio nacional José Eusebio Caro de la ciudad de Barranquilla y comenzar a estudiar el bachillerato. Niños y jóvenes que venían de rincones apartados del Caribe colombiano a la capital departamental como es Barranquilla. Llegaban de Santo Tomás, Palmar de Varela, Luruaco, Baranoa, Mompox, Tolú, San Jacínto (Bolivar) etc, etc.

La mayoría de ellos son barranquilleros y me tocó hacer también la fila, para presentar el examen y fui admitido para comenzar el primero de bachillerato. Mi hermana mayor Aura Helena me espero hasta terminar el examen. El rector de la época era el licenciado de la Universidad Pedagógica de Tunja, Alfonso Arzuza Estrada. Al ver que la demanda de cupos desbordaba sus cálculos, abrió dos jornadas estudiantiles. Una en la mañana de 7 am a 12 meridiano y la otra de 1 pm a 5 pm. A mí me ubicaron en la jornada de la tarde y ahí duramos cuatro años in interrumpidos y los últimos dos, es decir, quinto y sexto de bachillerato fueron en la mañana.

Desde cuarto año de bachillerato comenzaron las inquietudes para hacer la subversión intelectual de los órdenes establecidos. Nuestros profesores en su mayoría eran licenciados en todas las áreas del conocimiento o profesionales en su materia entre ellos podemos mencionar a tres sacerdotes: Robles, Lizcano y Carvajal. Y los profesores: Sánchez, Coronado, Peñate, Adolfo Bolívar, Arévalo, Pestana, Castro, Temístocles Pacheco, Tilano, Marco Sacristán, Schmalbat, Jhojare, Malabet, Vives, Trinidad Sarmiento, Maturana, Morales, Pedro Justo Bula, Germán Pérez, los Insignares, los Pernet y el loco Gutiérrez.

En quinto y sexto año de bachillerato como se llamaba en nuestra época, las inquietudes intelectuales fueron madurando. Se estudiaba mucho todas las materias asignadas y nos quedaba tiempo para estudiar con más ahínco otras lecturas no curriculares. De los amigos de esa época destaco a los siguientes: Euclides Camargo, Wilmer Alonso, Martín, Rafael y Beatriz Villareal, Rafael Narváez, Álvaro Castillo, Vladimir Estrada, William Gutiérrez, Adolfo Lafauri, William Senior, Hernan Tejeda, Luis Palma, Luis Rojas, Luis Castillo, Siro Ropaín, Fredy Venguechea, Ruben Maldonado, Luis Mendoza, Miguel Leones, Nestor Vidal, Danilo Jimeno, José Matías, Alberto Martínez, Luis Rubio, Alberto León, Eduardo Noriega, Gilberto Noriega, Gregorio Charri, Francisco Bustamante, Daniel Rodríguez, Lino Gómez, Alejandro Gonzales, los hermanos Salón, Saúl Escorcia, Jorge Iglesias, Jorge Urueta, Alberto León, Omaira Rosales, Nely Vives, María Perez, Ramiro Orosco, Bonifacio Cortez, Nicanor de la Rosa, Benjamín Sierra, Antonio Cantillo, Orlando García, Antonio Albarracín, Cesar Rodríguez, Víctor Bula, Luis Fontalvo, Cesar San Juan, Luis Sarmiento, Luis Rey, Jaime Rodríguez, Jorge Olivares, Arístides Peña, Álvaro Charri, Gustavo Quiroz, Antonio Roca, Figueroa, Marcial Navarro, Robinson Casallín, Electo Casallín, Fernando Pérez, Milton Sánchez, William Flores, Abigail Puentes, el músico Jarube, el chino Barreto, el chino Gun, José Gutiérrez y otros que se me pierden en el horizonte de la memoria.

Fueron seis años de estudios y penas, siempre sensibles y solidarios con todas las causas sociales. Protestas estudiantiles, marchas al centro de la ciudad y a los barrios populares. Muerte de los estudiantes Edgar Mejía Vargas (25 de febrero de 1971) del colegio Santa Librada de Cali y Julián Restrepo Villareal del colegio Barranquilla para varones (5 de octubre de 1971). Mitin en la calle Murillo y quema de llantas. Ataques a las oficinas del tránsito, quebrando sus vidrios. Solidaridad con la protesta por el cierre y expulsiones de los compañeros en las universidades del Atlántico y Cartagena. Realización masiva de semanas culturales. Asistencia a teatro, cine, conferencias, foros políticos y culturales. Solidarios también con las marchas y recuperación de la tierra por parte de los campesinos que estaban organizados bajo la Asociación Nacional de Campesinos (ANUC) – Línea Sincelejo.

Esos caristas del año 1972, estaban sintonizados con lo que ocurría a nivel científico, político, cultural y musical en el mundo. Estudiantes solidarios con la guerra de Vietnam, gritábamos en las calles: “viva la guerra de Vietnam y abajo el imperialismo yanky”, “En cada mano un fusil, en cada casa un comando, en cada barrio un cuartel, solo con el fusil en la mano llegamos al poder”. O el apoyo a la revolución cubana. Y amábamos al Che Guevara por su humanismo revolucionario y su ejemplo como luchador universal. Fuera del currículum leíamos algunos textos de Marx, Lenín, Trosky y Mao Tse Tung, sin ninguna crítica contra ellos. Eran textos sagrados como los bíblicos. Y revistas: Pekín Informa, China Ilustrada, China Reconstruye. Y Autores por supuesto de américa latina y colombianos. Leíamos a “Chambacú, corral de negros” de Zapata Olivella, “La rebelión de las ratas” de Fernando Soto Aparicio, “En noviembre llega el arzobispo” de Rojas Herazo, poesía de Neruda, “La casa grande” de Cepeda Samudio, “Cien años de soledad” de Gabo. También los cuentos de Vargas Llosa y “Pedro Paramo” de Juan Rulfo; recomendaciones del profesor de español y literatura Hernando Morales.

También leíamos en los diarios: El periódico y El espectador de la capital. Que el pensador francés Jean Paul Sartre vendía su periódico revolucionario a la salida de uno de los metros del barrio latino de París.

Para esa época la juventud europea vestía de negro y amaba con todo su cuerpo. Las tradiciones conservadoras eran arrojadas por la bragueta del amor y los Beatles - dicen - resonaban bellamente contra la guerra. El hippismo se tomaba el mundo. Esta nueva generación europea parecía ponerlo todo en tela de juicio y quería transformar el mundo de un brochazo. Se mesclaron el rock, el sexo desenfrenado, la marihuana, las niñas liberadas, el pelo largo y las mini faldas provocativas.

Mientras tanto, la mayoría carista, nos contentábamos con bailar en verbenas, casetas y bailes de carnavales con la salsa de Richie Rey y Bobbie Cruz, Cortijo y su combo con su negro bembón e Ismael Rivera. Los blancos de Venezuela, la billos caracas boys, la sonora matancera, Nelson  Enriquez y Nelson y sus estrellas; se asomaba Cuco Baloy con “Juliana que mala eres”, Pacho Galán y su merecumbé, Lucho Bermudez y su clarinete mágico. Las tres puntá, los sabanales, la cumbiamberita y las tapas de los corraleros de Majagual. También se bailaba con la música aquella de Timba y tambó, el songo sorongo, el iguano y el palo del hombre. “039” de Alejo Durán, “Lucero espiritual” de Juan Polo Valencia, “cabellos largos” y “ojos verdes” interpretados por Alfredo Gutiérrez, “el viejo Miguel” de Adolfo Pacheco, “la viejita que va aquí en el bus habla más que una cotorra” de Aníbal Velásquez, “Que toque Rufo” con Tony Zúñiga y Pedro Laza y sus pelayeros en mi kiosquito, etc, etc.

Con veinte egresados de esa promoción -caro 72-, y que nos graduamos de bachilleres el 3 de enero de 1973, por problemas de orden público; nos reunimos el 30 de diciembre en el patio del edificio “los naranjos” y como anfitrión estupendo y amable nos recibió Wilmer Alonso. Allí nos abrazamos de nuevo. Algunos no nos conocíamos y cuando nos reconocíamos de nuevo, el abrazo caribe era más emotivo y sincero. Algunos teníamos 45 años que no nos veíamos. Nuestro rostro joven del bachillerato ahora tiene un parecido a una cabeza de morrocoyo. Y para alegrar y recordar el momento, contamos con la sagrada presencia del último juglar de la música de acordeón estilo sabanero – montañero Adolfo Pacheco Anillo -, quien nos historió el origen de sus composiciones como “el viejo Miguel”, que narra la nostalgia nacional, o los amores con “Mercedes”, paseándola en coche por la costa del mar caribe, etc.

Fueron dos horas con el juglar donde derrochamos alegría, recuerdos, dolores por los ausentes y algunas que otras lágrimas, porque: “nosotros los caristas de entonces, ya no somos los mismos”.