Calixto Ochoa, un eterno juglar
Entre los años 60 y 70, el ambiente musical de la Costa se estremeció con el surgimiento de Los Corraleros de Majagual, (guardando proporciones igual que la Fania All Star, reunión de los mejores músicos) agrupación costeña cuyo impulsor fue Calixto Ochoa. Conjunto musical que amenizaba la fiesta por todos los pueblos de la Costa y era “la música favorita en las fiestas decembrinas de los años 60 y 70 en Colombia,” tanto que todavía se recuerda El Africano, canción descriptiva de la ingenuidad: “Mami el negro está rabioso, /quiere bailar conmigo,/decicelo a mi papa./Mami yo me acuesto tranquila/me arropo pies a cabeza/ y el negro me destapa/Mama, qué será lo que quiere el negro”, composición de Calixto de Jesús Ochoa Campo, nacido en Valencia de Jesús, Cesar en 1934.
Este extraordinario acordeonero y cantautor inauguró una forma de cantar que consistía en contarnos una historia de manera cantada, una especie de narrador o de cuentero cantante. Estilo que no ha podido superarse ni tampoco ha salido otro contendor con la misma versatilidad. De ese floreciente estilo brotaron canciones como: El Compae Menejo cuya letra dice: “El Compae Menejo nació en una montaña/y nunca había visto luz eléctrica en su vida, /y una vez salió del monte para Sampués/y allí no hallaba que hacer cuando vio la luz prendida...” Es interesante destacar que el Compae Menejo fue un personaje inventado por Calixto Ochoa, que nació de sus vivencias cotidianas que había tenido a lo largo de su vida como músico y habitante de estas tierras, para él Compae Menejo “es un campesino típico de la sabana”.
Estos personajes creados por este compositor han ocupado un sitio de privilegio en el ambiente musical. Personajes populares, costeños, humorísticos, llenos de gracia que cuentan sus vidas sin recato, abiertos y describen las costumbres de una parte de la sociedad. El costumbrismo de Calixto Ochoa radica en la historia que se cuenta y canta y en las formas dialectales propias de nuestra región. Ahora, a pesar de “ese habla” podría considerar que la aldea se universalizó porque las canciones traspasaron fronteras (Venezuela, México, Panamá y otros países), y se convirtieron en páginas clásicas de la historia musical colombiana y porque, además, tenían sabor costeño, armonía, identidad cultural. Lo que ocurrió con “Compae Menejo”, el del calabacito alumbrador igual que “Remanga” y “El amigo Chan”, como lo expresa en una entrevista Frank Acuña Castellar (Sampués, Sucre, 1977. Economista de la Universidad de Cartagena, investigador): “Pocas canciones y personajes de la cultura popular han logrado posicionarse a través del tiempo y se han convertido en mitos urbanos de impacto generacional como el Compae Menejo y sus Calabacitos Alumbradores. Esta canción ha pasado a ser la mejor carta de presentación para cualquier sampuesano que visite o habite otras latitudes del territorio nacional.” Un fragmento de esa canción: “Resulta que el Compae Menejo nunca había salido al pueblo; /Y una vez salió en su burro prieto a Sampués. /Cuando llegó era de noche y los focos estaban prendidos. /A él eso le causó admiración y le dijo a uno que venía por la calle:/Mire ¿Dónde venden esos calabacitos alumbradores?/Y el tipo le dijo... Ahí en frente. /Él fue a la tienda y le dijo a la dueña de la tienda:/Despácheme un calabacito que sea alumbrador.../Despácheme un calabacito que sea alumbrador.../
En el mismo tono narrativo fue otra composición reconocida: El compae Remanga: "Aiombe Yoyo matdita sea/ si estoy vivo es de pura vaina/ mira como tengo la naríz toa carraspelá/ ed día ese que nos adboleamo lo trago/ yo te deje que había vendío la yegua/ porque me iba pa la población./ Bueno ese mismo día me ladgé/ y llegué ahí al cruce del guayabo/ ahí me dejé caé una docena de arepa/ unaj tajá de queso/ ocho bollo cocío/ y una totuma de leche…/
Creador de un estilo propio e inigualable musicalmente. Retomó el habla del campesino costeño, lo recreó en la historia y lo llevó al acetato dando como resultado un elemento artístico, el cual, creo, podría ser el antecedente de la literatura oral o literatura casette de la que habló y realizó David Sánchez Juliao con El Pachanga, claro está, más actualizado. Calixto así como elaboraba la historia con el habla popular de nuestros campesinos así también manejaba el lenguaje literario en melodías que no se olvidan, con frases elementales, cadenciosas y llenas de mucho sentimiento, canciones desbordadas de lirismo, cómo no recordar Los Sabanales: “ Cuando llegan las horas de la tarde/ que me encuentro tan solo y muy lejos de ti/ me provoca volve' a los guayabales /de aquellos sabanales donde te conocí./Mis recuerdos son aquellos paisajes/ y los estoy pintando exactos como son/ ya pinté aquel árbol del patio/ que es donde tú reposas cuando calienta el sol.” O Lirio Rojo (primera canción grabada a los 21 años): “Yo tenía mi lirio rojo bien adornao/con una rosita blanca muy aparente (bis)/Pero se metió el verano y lo ha marchitao/ por eso vivo llorando mi mala suerte/. O Muriendo lentamente que es una canción-poema: “mi vida ya frustrada se ahogaron mis sentimientos/y mi alma enamorada se sumergió en el dolor/ mi juventud se acaba hoy soy tan solo un desecho, /un desecho pues mi alma se murió. /
Dentro de su producción literaria, la mejor muestra de poesía elemental, plena de metáforas, intimista, la encontramos en este ejemplo: Quiero más de ti: “Quiero probar esas zonas prohibidas a mi antojo/y penetrar en los confines de tus sentimientos/quiero perderme en ese negro abismo de tus ojos/emigrar en los parajes de tus pensamientos.”
Todo lo anterior confirma a Calixto Ochoa como un hombre talentoso, intérprete polifacético, que lo llevó a componer algunas canciones líricas, bailables, muy simpáticas, “Martha”, “Diana”, “Marilí”, “Lirio Rojo”, “Muriendo lentamente”, “Los Sabanales”, y otras con sentido picaresco en donde realza la gracia costeña, como por ejemplo: “La Ombligona”, “Compae Menejo”, “Remanga”, “Mi amigo Chan”, “El dentista”, “El Africano”, toda esta producción musical lo condujo a ser merecedor del título de El Tercer Rey Vallenato en el Festival de la Leyenda Vallenata.
Uno de los aspectos que admiro en Calixto Ochoa es la frescura del lenguaje popular, la gracia con la que cuenta la historia musicalmente al presentarla con cierto tinte irónico, burlón y risible. Así lo expresó él: “Historias tomadas de la experiencia, de las anécdotas, de la vida diaria, poniéndoles otra cosita”. A manera de ejemplo, presento El dentista: “Estas fueron 3 amigas que ellas/ todo se contaban pero ellas/ tenían un cuento que no lo decían por pena (bis)/ Hasta que se llegó el día y se reventó/ la primera llegó y le contó a Manuela/ lo que a ella le sucedía/ Manuela querida amiga te voy a conta' /una cosa por aquí pasó un dentista/ que me iba arreglar la boca/ le dije no tengo plata/ y él me dijo eso no importa/ si usted no tiene dinero me paga con otra cosa/ (Marucha y tú qué hiciste) (Bis)/