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Y ahora, ¿qué nombre le pondremos?

En la tauromaquia hay dichos que lucen congruentes para los entendidos en la materia. Por ejemplo: “muerto el toro, acabada la faena” y este otro “entre más bravo el toro, mejor la corrida”.  Dichos que parecen caerle como anillo al dedo al evento del domingo cuando con una implosión de 50 kilos de dinamita se echó por tierra 55 años de historia deportiva y cultural de Barranquilla. Supuestamente para dar paso a la modernidad de otro escenario en nuestra “Selva de cemento” en que se ha convertido nuestra ciudad.

Pero, aquí, aparece la primera gran incongruencia. La capacidad será solo para tres mil personas contario a los ocho mil que albergaba el ya demolido. Es decir, en vez de ampliarse su capacidad, la vamos a disminuir en una ciudad de constante crecimiento humano.

El derrumbe del Coliseo Cubierto Humberto Perea, bajo el argumento de darle paso a la modernidad del cemento, ha pretendido poner fin a una parte de la historia intrínseca de la que fuera considerada en muchos años la más pujante ciudad deportiva de Colombia.  Pretendido--decimos nosotros-- porque somos de los que creemos que por mucha dinamita y por mucha  toneladas de  escombros, y por mucho paso a la modernidad, no se podrá borrar de la historia el nombre de un deportista como Humberto Perea, que dio luz, brillo y fama a una región como la nuestra. Tampoco podrá borrarse de la historia las tantas gestas boxísticas, de lucha, de pesas y fútbol de sala y baloncesto que allí se desarrollaron en medio del clamor y entusiasmo de los amantes del deporte.

Como tampoco se borrarán las jornadas de patInaje artístico de bellas figuras femeninas haciendo gala de sus virtudes acrobáticas y de bailarinas rodando incesantes que deleitaron a miles de emocionados espectadores que retribuían con sonoros aplausos aquellas muestras de luz, color y movimientos.

Los famosos luchadores de México enfrentando a rivales colombianos, entre ellos al muy afamado León Pardo, de nuestro terruño, en repetidas jornadas vitoreadas y aclamadas por grandes y chicos que periódicamente colmaban las graderías del escenario. Ese mismo coliseo donde Atlántico y Magdalena disputaron ardiente finales por títulos de baloncesto en femenino y masculino. Eran los tiempos de Harold Martínez, Henry Jazbún, Rafael  Amador, Toño Barake,  Dorian Martínez, Helí Pereira, Agustín Chamorro y su hermano cuyo nombre no recordamos ahora, de Giovanny Bacci, Luis Carlos Manjarrés, Carlos Vengal y otros tantos que brindaron triunfos y campeonatos a nuestro departamento.

Épocas gloriosas de boxeadores como Mario Miranda, Juanito Herrera, Emiliano Villa, Felipe Orozco, Eduardo Barragán, los hermanos Prudencio y Ricardo Cardona (fallecido), Baby Rojas, Clemente Rojas, y otros tantos que semanalmente concitaban a centenares de espectadores en tiempos de vibrantes emociones que nunca se olvidarán.

Y qué decir de aquellos festivales de orquestas y acordeones entre 1969 y 1990 con las más afamadas y prestigiosas agrupaciones nacionales e internacionales: La Billos, Los Melódicos, Nelson Henríquez, La Sonora Matancera, Richie Ray, Los Hermanos Zuleta, El Binomio de Oro,  Los Corraleros de Majagual,  Celia Cruz, Orquesta La Playa de Venezuela, Teen Agers, de Medellín, Sonora Sensación, Sonora del Caribe, Pello Torres, Hermanos Martelo, La Sonora Matancera. Los Graduados, Lucho Bermúdez, Pacho Galán y Hermanos Martelo, Los Hermanos López con la voz de Jorge Oñate. Los Caribes;  Alfredo Gutiérrez, Pastor López, Daniel  Celedón e Ismael Rudas, Fruko y sus Tesos, Juan Piña, Wilfrido Vargas, Cuco Valoy, Gabriel Romero, Diomedes Díaz, Joe Arroyo, Johnny Ventura, Alejo Durán. Todos ellos y todas estas agrupaciones que hicieron las delicias y el espectáculo musical y carnavalero entre 1969 y 1990.

“Acabada la corrida”, con la “Muerte del coliseo”, se pretende sepultar 55 años de historia deportiva de nuestra ciudad. Sin percatarse que allí intentan sepultar campeonatos nacionales del atleta barranquillero múltiple campeón de los 4X100 metros planos, campeón en salto largo, campeón en salto alto, campeón de jabalina y subcampeón en los 100 y 200 metros planos, y subcampeón en los 110 metros con valla, dejando sembrado para la historia la hegemonía de nuestro departamento a nivel nacional.

Destruido el histórico y armonioso monumento arquitectónico Coliseo Humberto Perea cuyo techo semejaba el vaivén de las olas del mar, cuando reconocidos ingenieros y arquitectos recomendaban restituirlo, sigue en lista ahora el estadio Tomás Arrieta, parque de béisbol inaugurado para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1946. También con el argumento de los Juegos Centroamericanos del 2018. Pero bajo la decisión inocultable de colocarle el nombre de Edgar Rentería, echando al cesto de la basura el nombre de Tomás Arrieta, considerado en sus tiempos el más completo beisbolista del país.

Como quiera que el Alcalde Alex Char ha manifestado que el nuevo coliseo será para deportes como lucha, boxeo, karate y volibol y no teniendo nada que ver con atletismo, seguro estamos-como lo ha dicho el mandatario- que el nuevo escenario no llevará el nombre de Humberto Perea.  He aquí otra incongruencia. En vez de ampliarse su funcionabilidad, el nuevo coliseo será para 3 ó 4 deportes.   

La pregunta entonces es ¿con qué nombre será bautizado ese nuevo escenario que reemplazará al Coliseo Cubierto Humberto Perea?

Sea cual fuere el nombre escogido, para quienes defendemos nuestra historia y nuestras insignes figuras deportivas, ese seguirá siendo el Coliseo Humberto Perea.