¿Volverá la Juniormanía?
Cincuenta mil personas abarrotando las graderías del Estadio Metropolitano Roberto Meléndez en la presentación de Teófilo Gutiérrez y todo el marco de fiesta que se vivió esa tarde, nos hizo retroceder al año 1991 en lo que fue llamado entonces “La Juniormanía”. Aquella temporada coincidencialmente tenía uno de los mismos protagonistas de hoy. Se trata nada menos que del técnico uruguayo Julio Avelino Comesaña.
En ese año se vivió, creo yo, la mayor efervescencia y el mejor entusiasmo por el equipo rojiblanco. Nunca antes, al margen de las fiestas generadas en cada título de campeón, la hinchada se desbordó en los estadios de la ciudad para regodearse con su equipo. Porque si bien en la celebración de cada conquista el momento se vive y se goza en días y tal vez semanas, en ese 91 la fiesta fue durante todo el recorrido, es decir desde febrero hasta el mes de diciembre, aún, sin la seguridad de un título en la mano.
Lastimosamente la temporada no fue cerrada con la felicidad que todos esperaban. Al fin del año, el titulo fue para otro y Junior debió replegarse a la tercera posición. Julio Comesaña fue “Dios y diablo” y pasó de héroe a villano. Protagonizaron aquella temporada grandes ases del fútbol. Por los extranjeros, lo fue el paraguayo Javier Ferreira, joven jugador que llegó con buenas referencias, pero que desbordó la presión en cada una de sus actuaciones. Y por los nuestros, jugadores como Iván Valenciano y Víctor Danilo Pacheco, principalmente. Trilogía que contagió con la magia del bien fútbol y goles al más exigente de los aficionados.
Desde luego hubo otros protagonistas que coadyuvaron al éxito en el recorrido como Alexis Mendoza, José Pazo, Hugo Galeano, David Pinillos, Gober Briasco, Arnoldo Iguarán entre otros que enmarcaron las actuaciones descollantes de Valenciano, Pacheco y Ferreira.
Recuerdo que aquel año, en cada esquina de Barranquilla había algún motivo alusivo al equipo. Las tiendas, estaderos y en cada rincón siempre lucían los colores rojo y blanco. Las caravanas dominicales desde la Plaza de la Paz y otros sitios se hacían bulliciosas, alegres y contagiosas hasta el propio escenario de la Ciudadela 20 de Julio. La pista atlética desfile del estadio se convertía en desfiles de muestras folclóricas con cumbiambas y comparsas, con disfraces y banderas enormes ondeadas de lado a lado. En fin, toda aquella manifestación que nos ilusionó al máximo por una conquista se vio frustrada por enfrentamientos personales entre el técnico-repito, lo era entonces, Julio Avelino Comesaña en su primera versión-con Javier Ferreira. De nada sirvieron los ruegos y la intermediación de directivos, hinchas y periodistas para que se superara aquel momento. Comesaña, tal vez con la soberbia propia de la inexperiencia, dejó por fuera al jugador paraguayo en un crucial encuentro frente al América en el que se podría ir asegurando el titulo.
Junior contaba, además de la trilogía mágica de Ferreira, Valenciano y Pachequito, con un plantel aguerrido que entregaba sus fuerzas en cada partido. De ahí los seguidos buenos resultados. Cada juego en Barranquilla motivaba las apuestas no de quien sería el ganador, que Junior parecía tenerlo escriturado de antemano, sino por cuántos goles caería el rival visitante.
Para este segundo semestre del 2017, se abre de nuevo la ilusión. La conformación del plantel con los refuerzos llegados hace vislumbrar una exitosa campaña con la gran ilusión de la octava estrella. En ese sentido hay que reconocer, ahora sí, el esfuerzo y voluntad de los directivos y dueños del club por conformar un plantel de competencia.
Sin duda que Yimmi Chará se erige como la máxima atracción, pero el temerario Teófilo Gutiérrez se cree, será no solo el ídolo sino en el líder que desde hace rato no se tiene en el equipo. Y llevado de la mano de ese líder y las filigranas y goles de Chará, Ovelar y demás, del carácter de Pico, Sánchez y Serge en el medio y con la seguridad defensiva en cabeza de Jorge Arias, el arco de Viera deberá ser poco inexpugnable. De resultar tales apreciaciones, estaríamos-creo yo- reviviendo aquella Juniormanía del 91.
Las muestras en las presentaciones de por lo menos Chará y Teo, así lo dejan prever. Junior parece encaminado a grandes logros. Quiera Dios que esta vez, la “Teomanía” o mejor, Juniormania, -para no hacer unipersonal-de los frutos que en aquel 91 no se lograron. Quiera Dios que esta vez “no se meta el diablo” y en cambio el equipo camine tomado de la mano de Dios.
En manos de Julio Comesaña está la responsabilidad y el buen discernimiento para entender y saber llevar a sus dirigidos; y en los pies de los jugadores se conjugue la voluntad, la mística ovalada y la capacidad futbolística para lograr el objetivo deseado. Al final del camino, por allá en diciembre, el tiempo nos dirá si estamos o no acertados.