Vive y deja vivir
Existe una sola regla que es necesario seguir para ser una buena persona: no traer más mierda a un mundo que ya está lleno de ella.
Nada de corrección política exagerada, nada de modales cuidados ni vocabulario victoriano, no se trata de rezar y empatar, de hacer un par de cosas buenas hoy y otro par mañana, no, se trata de no apilar más materia fecal a la montaña de desgracias que plagan el planeta.
Las hay de todos los colores y formas, en África o a 30 cuadras de tu casa, en ese barrio marginal en el que los niños nacen cargando la cruz de la humanidad. En el colegio, aquel joven repudiado y sin amigos; en la calle, la mujer o el hombre engañados; los padres olvidados, el desempleado, el de los sueños que no se cumplieron. Hay historias tristes para aburrir, entonces, ¿por qué agregar una pizca más de drama a este teatro?
El universo tiende a la entropía, esto es, al desorden. La materia se enfría y, a medida que pase el tiempo, cada vez será más difícil conseguir energía para mover cualquier sistema hasta que, en un lejano y cansado futuro, no quede ni una sola estrella viva de la que extraer calor.
Desde luego, parece difícil encontrar una aplicación empírica de la segunda ley de la termodinámica en nuestras sociedades siempre vivas, cada vez más vivas… y, sin embargo, cada vez me cuesta más creer que estamos yendo a alguna parte.
Debe ser una visión personal motivada por pensamientos personales, sin duda, y, aun así ¿cómo explicar el aumento de la intolerancia, de la desigualdad, de la apatía?, ¿cómo es posible que asistamos con cada vez mayor frecuencia a sucesos que deberían ser imposibles?
De la mano de políticas desafortunadas y políticos afortunados en su capacidad para explotarlas, temas como los grupos raciales o las preferencias sexuales han vuelto a la palestra de la crítica pública. Todo esto impulsado por redes sociales que se nos han pegado hasta lo más profundo del cerebro y medios de comunicación desesperados por fundirse con ellas.
De repente ser diferente, tener menos medios, o simplemente ser más débil, vuelve a ser un motivo justificado para juzgar y rechazar. No se trata solo de Estados Unidos y su locura presidencial, es un problema mundial que sucede a diferentes escalas y, no por ello, deja de estar relacionado.
El feminismo, que durante años luchó por los derechos de las mujeres, ahora empieza a ser vilipendiado y muchas consignas machistas vuelven a intentar pasar por racionales. Los negros sufren las consecuencias de décadas de políticas incluyentes y todavía hay quien se atreve a atribuirlo a meras casualidades y malas decisiones individuales.
Amanecemos todos los días con una ración diaria de nuestra cruzada moderna, librada no por caballeros y mamelucos, sino por cazas de combate y guerrillas. Cristianismo e islamismo se siguen enfrentando como en la Edad Media.
Ser latino levanta cada vez más muros, no solo para atravesar fronteras, sino en las mentes de las personas de otros países, que eligen a presidentes como Trump, o a los líderes de la extrema derecha en Europa.
Quizá nunca hemos dejado de ser intolerantes, de atacar a quien es diferente, de señalar por furia, por conveniencia o por simple diversión… quizá solo hacían falta las circunstancias adecuadas para volver a abrir la caja de pandora.
La misma ley de la entropía asegura, en todo caso, que para extraer la mayor cantidad de energía de un sistema es necesario llevarlo hasta su máximo estado de inestabilidad para que, en el proceso de volver a la estabilidad previa, realice la mayor cantidad de trabajo posible (algo así como un muñeco de cuerda). Puede ser que la tensión social acumulada de los últimos años sea el detonante necesario para terminar de consolidar ideales por los que se viene luchando desde mediados del siglo pasado.
No aspiro a leyes del universo, ni siquiera a leyes complejas para la vida, las aspiraciones más loables suelen ser las más simples. Me quedo entonces con aquella regla sencilla con la que empieza esta columna “no traigas más mierda al mundo”. En tiempos como los que corren, con razones justas para la incertidumbre, no se la pongan más difícil al que tienen al lado y esperen que el de al lado no se las ponga más difícil a ustedes.