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Víctor y Ángela: mas allá de la muerte

Fue una bella historia de amor. Comenzó a escribirse hace 75 años. Y aún sigue vigente. Porque aquella sentencia pronunciada por el sacerdote que los casó y que se constituye en tradición religiosa “hasta que la muerte los separe”, para ellos pareciera no tener validez. Separados por unas pocas horas entregaron sus almas a Dios. Primero él, luego de trajinar por 106 años en el mundo. Luego ella, diez años menos, abnegada y resignada a los designios de divinos, pero sin renunciar a quien fuera su compañero durante tantos años de unión.

Quiso el destino quizás, llevarlos de la mano más allá del último adiós. Haciendo caso omiso al juramento que más de siete décadas los unió en el altar. Víctor y Ángela, tal vez sin que nadie lo supiera, parecieron ponerse de acuerdo para que más allá de este mundo terrenal pudieran seguir juntos, perpetuados  en la eternidad. 

“En medio de nuestra tristeza, nos reconforta saber que Dios, aún después de muertos, ha querido mantenerlos unidos”, dirían sus hijos Joao, Lao y Víctor Herrera momentos previos al sepelio en Jardines de la eternidad.

Quienes asistimos al último adiós, fuimos testigos de ese enorme cariño y aprecio de quienes le rodearon siempre. Y, también como sus hijos y familiares, entendimos que este es uno de aquellos pocos casos en que las parejas que conviven largos años unidos pueden permanecer así tomados de las manos más allá de la muerte. “Asombrosas decisiones de Dios”, dijeron algunos.

Separados sus ataúdes a menos de un metro en la sala de velación, sus rostros apacibles y serenos, parecían reflejar la felicidad que siempre vivieron. “Amor eterno” apuntó uno de los tantos codebistas asistentes al sepelio, recordando también los tiempos de estudiante que en el Codeba recibió las enseñanzas del profesor Herrera De la Espriella.

ADALID DE LA EDUCACIÓN

Hace algunos años, con ocasión  del centenario de fundación del Colegio de Barranquilla, en una entrevista realizada a Víctor Herrera de la Espriella y que forma parte del Libro Cien años de Honor (2008), plasmamos parte de lo que fue este personaje para quienes  adelantamos estudios en el plantel y para el público en general.

Hoy, como homenaje a su memoria, reproducimos en Zonacero, parte de aquel reportaje al insigne educador.

  -En lo apacible de su hogar, con la tranquilidad de un vivir sin apuros, sin el bullicio de calles transitadas por carros y buses de transporte masivo, y en la frescura de un viento que estremece los gigante árboles sembrados en las puertas que apaciguan los caniculares rayos del sol, allí encontramos a uno de nuestros invitados especiales.

Merecedor del espacio y contenido en esta obra histórica, Víctor Herrera De la Espriella, nuestro personaje, es-creemos nosotros-, uno de los contados patricios de nuestra tierra que creció paralelo al pasado siglo XX. Es sin duda, uno de los más autorizados para recordar viejos tiempos del Codeba... El Colegio fue fundado en 1908 y el nació en 1913. Pero casi creció a la par con el que sería luego el principal centro de educación de Barranquilla y la Costa Caribe.

En la serenidad de su casa localizada de la calle 59 con la carrera 25 en el populoso barrio de Los Andes y acompañado únicamente por su esposa Angela, Víctor Herrera De la Espriella nos contó a Edgardo González, Sergio Saavedra y quien esto escribe, de la promoción de 1969, parte de esa bella historia que encierran Cien años de existencia.

Nacido en el barrio San Roque, sector del Centro que se interponía entonces entre los Barrios Abajo y Arriba, este barranquillero fue moldeado en la Europa de antes, dejando apreciar todavía en su hablar el acento catalán, propio de los nacidos o habitantes de la Barcelona de España.

En junio 13, día de San Antonio, de 1913 nació este patricio barranquillero que a los 8 años quedó sin padre. Eran los tiempos del incipiente fútbol que en las calles practicaban los niños, especialmente los que vivían por esos lugares cercanos a lo que después se conocería como el templo del fútbol: el Estadio Moderno, donde tantas figuras escribieron páginas importantes para el deporte de las multitudes.

El sin embargo no gozó mucho de aquellas mieles del fútbol callejero de la incipiente bola de trapo o pelota de caucho. Porque a los 8 años, su madre decidió trasladarse a Barcelona. Un español residente en Barranquilla la llevó a vivir a tierras de la madre patria. Eso le permitió a Víctor Herrera educarse bajo una cultura y costumbres propias del país europeo. Sus estudios primarios, de secundaria y superiores los tradujo en un título de Publicista Profesional y de Historia, carrera que desempeñaría luego con lujo de detalles.

Sus 19 años de residencia en  el Barrio de la Berneda, cerca de Gracia que es el punto central de Barcelona moldearon su vida al estilo de los españoles. Sus estudios en el Instituto Segismund More Inpenderlat, uno de los más reconocidos centros publicistas de Barcelona y de España le permitieron mostrarse como uno de los aventajados en desarrollo de su actividad profesional. Al quedar sin el amparo de su señora madre fallecida en 1945 y con su padrastro poco atento a su responsabilidad, Víctor Herrera decidió venirse ese año para su tierra natal. Aquí tenía a sus familiares que atentos le brindaron el calor de hogar que con la muerte de su madre le habían dejado vacío. Además, aquí conoció y se casó con doña Angela Iranzo Salas, hija de una reconocida familia barranquillera.

Comenzó a trabajar en el Terminal de Barranquilla y luego se vincularía al Sena. Estando en esos menesteres de la educación, impartiendo conocimientos en conferencias y seminarios, fue contactado por el doctor Cástulo Cepeda quien sería luego rector del Colegio de Barranquilla para Varones.

“Eso- recuerda don Víctor- fue en el año 1965. Me propusieron dictar cátedra de Cultura Universal y de Historia. Compartí honores-porque ser profesor del Codeba, como también ser alumno de tan prestigiosa institución era un verdadero honor- con docentes del talante de Julio Hoegenisberg, Jorge Johare, el profesor Ripoll y muchos otros que ahora casi no recuerdo por sus nombres”, pero que le dieron lustre al plantel”.

En ese punto de la entrevista, los ex alumnos Edgardo González y Sergio Saavedra le recuerdan que también dictó cátedra de periodismo y de cooperativismo. Su mente parece iluminarse entonces, sus ojos brillan más y con un tono indiscutible afirma: “Claro que sí, es que todo lo que tenía que ver con cultura universal era de mi dominio. Así podía hablarles de la guerra mundial como del nacimiento del cooperativismo y del periodismo colombiano que nació en esta tierra. Enseñaba entonces quien fue Rafael María Palacio y quien fue Pedro Pastor Consuegra, connotados del periodismo moderno en Colombia, les ilustraba sobre quien fue José “Pepe” Nieto, padre, y las primeras películas en blanco y negro que se presentaron en el Salón de las Quintas  en la calle Murillo entre Olaya Herrera y Aduana”.

Igualmente recuerda con mucha alegría el Radioperiódico Informando, noticiero en el que compartía  locución con Marcos Pérez Caicedo y Aníbal Consuegra, como también con José Nieto.

Entusiasmado por aquel diálogo que le trae muchos recuerdos gratos, don Víctor Herrera relata, casi por cuenta propia, la época en que estando en España le tocó vivir el la revolución española, el comunismo de un gobierno que fue sometido por el general Franco entre 1936 y 1939, y la guerra entre los judíos y los nazis de los años 40. Asegura que todas esas vivencias las dejó como enseñanzas a sus alumnos del Codeba. Y sin ocultar su felicidad por recordar viejos tiempos afirma que sus estudiantes adquirían conocimiento pleno y capacidad de criterio para discutir y opinar ante reconocidos conocedores del tema.

De la actividad periodística, bien como columnista de diarios de la ciudad o como locutor en radio, dice estar muy agradecido porque le dieron el pan de cada día y le merecían el reconocimiento del público. “Antes -nos dice- el periodista era un reconocido personaje de Barranquilla, hoy en día el mercantilismo y la comercialización de los dueños de las emisoras, le han quitado ese tinte especial que tenían los comunicadores. Hoy todo es por la plata y ello ha desmedrado la calidad periodística en nuestros medios de comunicación”.

Con su esposa Angela tuvo cuatro hijos: José (“Joao”), Rafael, Esteban (“Tano”) y Wenceslao (“Lao”). De una segunda unión tuvo otros cuatro: Víctor, Iván, Serger (única mujer) y Roque. De sus ocho hijos, Joao, Lao y Víctor heredaron la vocación del periodismo y son reconocidos en los  medios de comunicación, especialmente en la radio. Fiel  a su vocación y docente del Codeba a sus hijos Joao, Rafael y Lao los matriculó allí en el centro educativo donde él impartía enseñanzas.

Joao, abogado de profesión es hoy en día y desde hace varios años el Notario De Soledad, en tanto que Lao es un periodista-locutor que se granjeó la simpatía del público hasta el punto de haber sido candidatizado dos veces a la alcaldía. Víctor Herrera también ha incursionado en la publicidad, en radio y actualmente dirige un programa de televisión en Telecaribe. Sus otros hijos están dedicados a sus actividades profesionales y Tano y Rafael residen en los Estados Unidos.

Jubilado del Terminal y alejado ya de los trajines de la radio, don Víctor Herrera De la Espriella no quiere pasar inadvertido en los cien años del Colegio de Barranquilla. Al fin de cuentas el formó parte de esa historia que hoy se escribe. El fue uno de los tantos y tantos protagonistas que forjaron parte de sus vidas en los claustros sagrados de la institución. Por eso,  en su serenidad mental a los 95 años de vida y después de haber trajinado en tantos frentes de la enseñanza y la educación, al referirse al Codeba en su Centenario afirma:

“El Colegio de Barranquilla en la tradición y la cultura de esta ciudad y de la Costa Atlántica tiene un puesto privilegiado que nada ni nadie puede negarle. El Codeba fue de las primeras luces de la cultura que llegaron a principios del siglo XX. La tradición histórica de esta institución no tiene par. Y quienes de alguna forma hicimos parte de este plantel debemos sentirnos inmensamente orgullosos. A mi se me hincha el pecho cuando hablo del Codeba y en ese centenario el 20 de julio  estaré presente para celebrar con todo derecho, y para desearle otros cien años más de vida a esta querida institución”.

Víctor Herrera de la Espriella casi con lágrimas de emoción recibió de la Promoción de egresados de 1969  un diploma que lo acredita como uno de los eméritos educadores del Codeba.

En su casa, en el barrio Los Andes mientras agradecía la distinción, nos invitaba a seguir visitándolo; recordándonos que esa sería siempre la casa de todos sus amigos codebistas.

Quienes nos atrevimos a hacer la entrevista para ilustrar este libro dedicado al Colegio de Barranquilla en su Centenario, también nos sentimos conmovidos. Fueron momentos de evidente emoción. Por eso al retirarnos, lo hicimos con el convencimiento de haber conversado con uno de los personajes históricos del Codeba.

Y allí, en su hábitat natural, junto a su esposa Ángela con quien lleva 63 años de casado, hacíamos una reflexión sobre la humildad de un hombre de muchos merecimientos, una persona que a sus 95 años de vida, aunque con el andar cansino, propio de la edad, mostraba una lucidez mental a toda prueba. Propia de un gran adalid, en su caso, de la educación en Barranquilla.