Venezuela pintada de rojo
Venezuela, el país vecino está sufriendo de una forma inhumana, quedando a la deriva y abandonada. Un gobierno caótico, corrupto, infame y desleal ha atascado al pueblo venezolano en un hueco muy difícil de salir. Sus malos movimientos gubernamentales, las decisiones injustas y maquiavélicas han hecho que muchos de los vecinos sufran por falta de comida, medicamentos, con la economía por el piso, sin oportunidades laborales ni educativas. Hay opresión, abusos de poder, ataques premeditados y en especial, sangre derramada.
Dicho lo anterior es importante entender que la solución, jamás será la creación de una guerra o una intervención como hemos visto en otras regiones. Siempre que hay una guerra nos damos cuenta de lo frágil que es el ser humano, pues todos nos quejamos a la distancia de las injusticias cometidas contra otras personas, pero jamás entenderemos los estruendos de la guerra hasta vivirlos en carne propia. Las armas que destruyen vidas, bombas que destrozan sueños, así empieza la verdadera hecatombe humana. Si ya se vive una crisis humanitaria en Venezuela, miles de personas saliendo a otros países en busca de un mejor futuro, ¿cómo vamos a pensar que si se da una intervención guerrerista no se multiplicará el número de personas escapando de su hogar?. Hay que pensar si esta “cura” es peor que la misma enfermedad.
Las llamadas dictaduras siempre le servirán a los más poderosos, pues mientras se perpetúen en el poder y empiece la debacle democrática, ellos podrán aparecer como los grandes salvadores. Las intervenciones fomentadas al rededor del globo por países como Estados Unidos, Inglaterra, Rusia, China, entre otras potencias, se han encargado de traer desolación y miseria. Por supuesto que sufrimos con lo que sucede en Venezuela, pero no nos olvidemos que esta situación lleva años creciendo día a día y dejaron que así fuera. Volvamos a las guerras de Irak en donde el saldo total de muertos pasó por encima de medio millón de personas, al igual que en Afganistán en donde fallecieron 200 mil personas aproximadamente. No sería la primera ni la última intervención, pero si no hemos aprendido de las lecciones del pasado, seguiremos viendo más muertes y devastación. Los más beneficiados serán claramente los que controlan el monopolio armamentista, pues cada guerra los lucra automáticamente. Los que más sufrirán serán los civiles a los que se busca “defender” y sacar del aprieto en el que están metidos.
Para nosotros como colombianos es un poco trágico pensar que una intervención armada pueda solucionar algo en Venezuela, el éxodo de nuestros vecinos, las muertes civiles, el desastre que se viene no podrá ser medido. Tendremos que cuidar nuestras fronteras, proteger a nuestra población civil y de paso recibir a un sin número de personas que vendrán del país vecino. Seguro se perderán vidas colombianas, eso no lo duden. No podemos alcahuetear más sangre derramada en nuestro territorio, ni en ningún otro lugar del mundo. Las guerras solo traen destrucción, asesinan no solo a seres vivos, si no que también acaban con la cultura, con la educación, con el deporte, truncan vidas y fracturan la estabilidad de cualquier país.
Si queremos mejorar la situación de Venezuela, debemos ser entes de conciliación, buscar juntar posturas y evitar una crisis peor de la que se está viendo. Las intervenciones tanto económicas como militares solo fomentan la pobreza, el número de desplazados, la falta de los derechos básicos de las personas y crea un agujero negro que arrasa con absolutamente toda la esperanza de paz. Ver y escuchar las bombas caer sobre los edificios, observar a las personas sufrir por limitaciones físicas y mentales que serán inevitables, contar cada gota de sangre derramada y sentir a un pueblo agonizando es una barbarie.
Debemos buscar el diálogo pacífico entre las potencias, la ONU, Venezuela y nuestro país. Hay que examinar los mecanismos necesarios para que el pueblo venezolano empiece a vivir democráticamente, gozando de las riquezas que tienen para sacar al pueblo de la pobreza extrema. Colombia por su parte, debe también trabajar constantemente para luchar en contra de la corrupción, la pobreza, la falta de oportunidades y las mil problemáticas de las cuales no son ajenas a nuestra realidad. No queremos a Colombia siendo complice de un desastre tan grande, no queremos a Venezuela pintada de rojo sangre, no queremos una guerra evitable destrozando vidas.