Un cambio radical se exige en Junior
Las comparaciones son odiosas, reza el refrán, y estamos de acuerdo con este pensamiento. Pero a veces se hace necesario cuando de buscar algo positivo se trata. Es el caso que nos lleva hoy en estas líneas a establecer, más que comparaciones, un paragón entre dos equipos como son el Atlético Nacional, de Medellín, y el Junior de Barranquilla.
Si tomamos como referente al club de Medellín es basado no en una sino en muchas razones que deberían tenerse en cuenta si queremos ser igual o mejor que los paisas. Comenzando desde el principio, es decir desde la parte superior del club. Hace muchos años, en las décadas de los treinta y cuarenta, Barranquilla era el punto central en el cual se miraban las otras principales ciudades del país como Bogotá, Medellín y Cali.
La capital del Caribe se enorgullecía de ejercer el manejo en las mejores administraciones. Sus empresas de luz, agua, construcción de carrreteras, etc. eran ejemplos a seguir. Y de hecho muchos alcaldes y altos ejecutivos empresariales venían a Barranquilla a aprender del excelente desempeño público. Pero además aquí se desarrollaba el mejor deporte colombiano y sus deportistas eran grandes figuras dignas de imitar.
Hoy todo aquello quedó atrás. Por la falta de vocación administrativa, social y deportiva. En cambio, la ciudad de Medellín que acogió todos aquellos ejemplos, se alza día a día con realizaciones magnificas que la colocan como lo más desarrollada nacionalmente.
En deporte, para no salirnos mucho del contexto que hoy nos invoca, debemos reconocer que es Medellín y el departamento de Antioquia, el mejor. Los honores que antes ostentábamos los barranquilleros y atlanticenses se desplazaron hacia tierras antioqueñas. Por eso y desde hace rato los antioqueños son los mejores en materia de competiciones, con reiterados y seguidos títulos de campeones en lo individual como en lo colectivo.
En el caso particular de nuestro máximo representativo deportivo, el Junior, en vez de avanzar, seguimos retrocediendo. Siempre he creído que la mejor forma de mejorar es teniendo como punto de mira el que está por encima. Atlético Nacional nos ha mostrado y demostrado que sí está en el camino correcto para lograr la excelencia. Nosotros estamos apenas en el camino del conformismo. Inclusive podría decir que en el camino de la comodidad y el confort en el que ninguna ambición nos interesa.
A raíz de la vergonzosa y triste campaña del equipo en este último semestre, hemos sido radicales en nuestra posición crítica hacia esa “empresa” llamada Junior. Y he colocado al Nacional como el espejo en el que debería mirarse el club rojiblanco. Porque es el cuadro verdolaga el que mejor entiende y saca provecho de condición en el fútbol profesional. No importando haber ganado el título de Copa Libertadores, de ganar la Copa Águila, de haber clasificado primero a la liguilla de los cuadrangulares, y de estar a las puertas de la Copa Suramericana, sigue empeñado en coronarse con un nuevo campeonato colombiano en el que lidera con 15 conquistas los máximos honores.
Junior que terminó su concurso en la liga con la eliminación, debería estar ya planificando su futuro inmediato; debería tener a mano un proyecto en el que cuerpo técnico y jugadores sepan cuándo y en qué condiciones se va a comenzar la preparación de la temporada 2017.
En cambio, nos sorprendemos cada día con manifestaciones de los directivos en la que dicen a los periodistas que no hay afán, que no hay que correr para contratar un nuevo técnico, que no se sabe qué jugadores siguen y quienes quedan; y mucho menos quienes y cuando se contratarán los nuevos refuerzos.
Nos sorprendemos mucho más cuando el máximo accionista declara abiertamente que se van a contratar “cuatro o cinco figuritas” para tener el próximo año un “tronco” de equipo como “lo exige el Alcalde Alex Char” quien dice sentirse un hincha más, olvidando que él es también dueño del club.
Reiteradamente hemos sostenido que al Junior debería mirársele como una verdadera empresa. De esas tantas que llevan por nombre Olímpica o Sao, Serfinanza, Districar, Acondesa, etc. etc. todas exitosamente dirigidas y exitosamente administradas. Así quizás tendríamos un excelente equipo, manejado como verdadera empresa y no como tiendita de barrio. Seguro estamos que los éxitos y triunfos serían tantos o más que la de los paisas del Nacional.
Tal como lo dijo el arquero Sebastián Viera en su condición de capitán del plantel, igual y de antemano lo hemos sostenido siempre: en Junior se necesita un cambio radical. Comenzando por quienes fungen como directivos y administradores. Con un cuerpo técnico comprometido con la causa de los barranquilleros y no con intereses o injerencias personales. Con jugadores realmente comprometidos y no con remedo de futbolistas que carecen del sentido de pertenencia y solo entienden de apetitos económicos.
La verdadera vocación del que todo lo quiere ganar y se esfuerza al máximo por conseguirlo, tal como lo hace el Nacional, es la que debería revestir a un Junior que por historia y tradición siempre ha estado en el corazón y el sentimiento no solo de los barranquilleros, sino de toda la Costa Caribe.
A los dueños del equipo, la familia Char Abdala y Char Chaljub, ciertamente hay que reconocerle y así ha sido siempre, se le ha tributado el mérito de benefactores desde 1972 cuando el accionista mayor ingreso a la junta directiva del club. Desde entonces ha sido esta familia el sostén para mantenernos en el profesionalismo. Pero tal vez el tiempo les haya agotado su voluntad. Y quizás sea esa una de las razones para no creer que Junior deba ser una de sus tantas exitosas empresas.
Tal vez crean y prefieran tenerlo como el juguetico distractor de momentos. Tal vez en ellos, se haya agotado ya “El fuego en el corazón”. Quizás ya en sus dueños no late el sentimiento que identifica al hincha rojiblanco. De ser así, recomendable resultaría pensar en un cambio de mano. Quizás y creemos que sí, hay otras, muchas gentes, dispuestas a hacerse cargo del club. Las puertas que han permanecido cerradas en manos de la familia que ostenta los derechos del equipo, podrían abrirse a nuevos propietarios que quieran cambiar o por lo menos engrandecer la historia de la divisa.