Trump y los “hechos alternativos”
Lo que mal empieza, mal termina, reza la sabiduría popular. Esa misma sabiduría popular que durante los últimos meses ha tomado decisiones más que cuestionables, dando nuevo aire a populistas, nacionalistas y potenciales dictadores por igual…
Resulta difícil en estos momentos hacer caso a cualquier cosa que provenga de esa abstracción de consensos a la que llamamos ‘el pueblo’ y, sin embargo, a falta de una mejor oración, me quedo con aquel refrán popular para resumir la inauguración del nuevo magnate presidencial de los Estados Unidos.
Las fotografías del evento hablan por sí solas y ya le han dado la vuelta al mundo. Un National Mall casi vacío durante el discurso de Donald Trump, junto a una locación a reventar al momento de la primera posesión de Barack Obama en 2009. Uno de los eventos, jalonado por la esperanza; el otro, por la rabia.
Una rabia ciega que va dando traspiés de aquí para allá sin un propósito claro y de la que solo pueden surgir las ocurrencias más extrañas. Tras los reportes de los medios, que han estimado la asistencia a la inauguración de Trump en unas 700.000 personas (contra 1’800.000 en la de Obama), el secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, se ha dedicado a negar sistemáticamente las evidencias fotográficas de la monumental diferencia, contraatacando con lo que ha denominado “hechos alternativos”.
La disputa se ha convertido en el primero de los que serán, seguramente, muchos más roces del mandatario estadounidense con la prensa, un enfrentamiento que se viene cocinando desde tiempos de la campaña presidencial.
No sorprende entonces el enfrentamiento, Trump lleva manipulando la verdad mucho tiempo ya, estirándola hasta sus límites. Pero, llama la atención la facilidad para encerrar en este nuevo concepto algo que podría resumir el estado de la política, la economía y la sociedad actual: los ‘hechos alternativos’.
La magia de los ‘hechos alternativos’ puede convertir a la realidad pura y dura en una cuestión de puntos de vista. Para el secretario de Prensa, por ejemplo, la asistencia al discurso de Donald Trump fue la mayor en toda la historia de Estados Unidos -según él mismo ha declarado- con una audiencia de 2,6 millones de personas. De esta forma, el evento se convirtió, de igual forma, en la mayor concentración de seres humanos translucidos de la historia, y todos felices.
Los “hechos alternativos” de Trump pueden dar razón, por ejemplo, a los repetidos sinsentidos de líderes tan dispares como el presidente venezolano Nicolás Maduro, o nuestro megalómano nacional, Álvaro Uribe. Dentro de sus dimensiones paralelas, Maduro defiende la patria de los ataques transnacionales y Uribe salva a Colombia de la conspiración comunista.
Lo mejor de estos ‘hechos alternativos’ es que se alimentan de la paranoia mundial, recurso renovable infinito cuya producción, en la actualidad, se encuentra disparada y se compra a muy bajo precio.
Aunque canse y ya parezca inútil, no se puede dejar pasar la oportunidad de establecer los evidentes paralelos de la inauguración de Trump en la presidencia con las características de los gobiernos folclóricos a los que estamos acostumbrados en América Latina.
Un mal comienzo puede hablar del futuro y, con este inicio, se van esfumando las esperanzas de que el magnate se ponga serio al asumir la responsabilidad que detentará por los próximos cuatro –u ocho- años. Ojalá estemos equivocados, ojalá los hechos alternativos nos salven.