Terquedad y conformismo
Haber terminado en una de las vergonzosas últimas posiciones del campeonato no parece importar en lo más mínimo. No contar con el beneplácito de un público que exige con derecho y no pensar siquiera en la posibilidad de mejorar para aplacar la ira y desesperanza de sus seguidores, es para Junior un insignificante modo de ver las cosas. Entendiendo que cuando se habla de Junior nos referimos a directivos y cuerpo técnico, que del plantel de jugadores es poco o nada lo que pudiera esperarse.
No de otra manera puede entenderse que a pocas horas de terminado el primer torneo, y cuando la afición espera anuncios de reestructuración, de cambios y de intenciones agradables por volver a colocar al equipo en el sitial que históricamente le pertenece, directivos y técnicos insistan en anunciar refuerzos de mediana calidad que en nada -es la creencia- van a contribuir al mejoramiento en la segunda etapa o campeonato de este 2017.
Como para ir dorando la pildorita, primero fue el técnico Julio Comesaña quien poco antes de jugarse el último partido y cuando se establecían balances de la desastrosa campaña, entregara declaraciones en el sentido de que “la hinchada no se haga ilusiones porque no son diez ni doce los jugadores que salen del plantel, ni serán diez o doce los que lleguen como nuevos refuerzos. No podemos darnos ese lujo. El plantel tiene buenos jugadores y solo hay que saberles encontrar su mejor rendimiento”.
Y, luego, mientras la prensa indaga por el cartagenero Rafael Pérez, el propio jugador responde que está en la ciudad de paseo y que nada tiene que ver con Junior, aunque 24 horas después de los exámenes médicos, se conozca que es el primer “gran fichaje” del club. Y un día después aparece en los periódicos que el gran Michael Ortega regresará al equipo como otro “gran refuerzo” del Junior. Adobado esto con las declaraciones de Comesaña afirmando que está feliz de que el jugador haya cumplido una extraordinaria temporada con el Caldas y que hoy por hoy es el mejor “enganche” que tiene el fútbol colombiano.
Se necesita ser demasiado irónico y manejar enormemente el cinismo para creer que se puede seguir engañando a un público no solo de Barranquilla, sino de toda la Costa Caribe. Por eso, la prensa y los seguidores del equipo reafirman su posición de no dar crédito ni a directivos ni a los técnicos del plantel. Los primeros porque no miran más allá de su frente. Y poco o nada les importa reflejarse en rivales como Atlético Nacional, Medellín, Santa Fe o Deportivo Cali. Y los segundos, porque son conformistas con lo que tienen. Lo importante para ellos es seguir al frente dirigiendo un plantel aunque este ofrezca las mismas pírricas bondades futbolísticas a que nos han acostumbrado. Al fin de cuentas, lo que importa es el contrato a devengar durante algunos meses al margen de la respuesta que los futbolistas puedan entregar.
El presidente del club Antonio Char, por ejemplo, fue enfático en señalar que Teófilo Gutiérrez no podrá ser contratado porque no hay dinero para ello. Respuesta que en nada extraña por la costumbre a interrogantes cuando alguien pregunta por algún jugador de cartel nacional o internacional. Respuesta en cambio que reafirma la creencia de que en Junior se pretende armar un plantel al menor costo. La mayoría de los futbolistas traídos especialmente del interior son jugadores que poseen sus propios derechos deportivos. Derechos que sus clubes seguramente les han entregado después de algún servicio y del poco aporte que hayan entregado. Por eso es que al equipo rojiblanco llegan los “desechos” de otros clubes y no las grandes figuras que deberían entrar como verdaderos refuerzos.
En ese orden de ideas y de acuerdo con las manifestaciones a que nos tienen acostumbrados los directivos, es poco o nada las ilusiones que la afición quiera hacerse para la segunda parte del campeonato 2017. Seguirán los mismos con las mismas. Y las posiciones del medio para abajo marcaran nuevamente la pobre campaña que cumple el cuadro rojiblanco desde hace ya varios años.
Técnicos como Julio Comesaña, al que seguramente alguien diría que “perdió fuego en el corazón”, luce ahora complaciente con los dueños del equipo. Creyendo en hacer milagros con lo poco que tiene. O quizás conforme al entender que si exige no será complacido y en cambio podría verse amenazada su permanencia en el club.
Hay quienes nos señalan de tercos por la insistencia en nuestras críticas de querer cambiar las cosas en el Junior. Como si tuviéramos la facultad de incidir en las decisiones de los dueños. Pero, preferimos ser tercos y persistentes que conformistas. Porque nos duele de verdad que un nombre de tanta tradición e historia como Junior, siga siendo mal tratado por quienes en su condición de propietarios hagan oídos sordos al clamor de toda una región y tercamente prefieran mantener el sentido contradictorio al pueblo. Tal vez para demostrar que quien manda es quien tiene el poder. Y en Junior todos sabemos quiénes son los que tienen el poder. Y mandan, aunque manden mal.