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¡Sin vergüenza!

Triste, lamentable, vergonzosa; cualquier calificativo que se le quiera endilgar para condenar al Junior de anoche frente al Palmeiras sería poco para lo que fue precisamente la actuación del equipo rojiblanco en la Copa Libertadores. Fue una noche para el olvido. Noche negra de la que nadie quiere acordarse. Comenzando con el señalamiento para el técnico Alexis Mendoza que sorprendió a todos con la alineación inicialista.

La presencia del uruguayo Matías Mier fue –creemos y creen muchos- la primera gran equivocación. El técnico cambió la formación en la que sin duda la presencia de Mier conmocionó  a la hinchada con la desastrosa actuación que seguiría desde los primeros minutos.

La imprudencia del marcador Gutiérrez por falta descalificadora a un contrario a los 7 minutos abriría el camino para la humillante derrota rojiblanca. Y aunque se crea que el árbitro pudo haber sido demasiado severo, lo cierto es que Gutiérrez, marcador izquierdo, nada tenía que hacer por el otro costado donde produjo la falta que le mereció la expulsión. Nadie entiende por qué Gutiérrez estaba en el lugar equivocado.

A partir de allí, Palmeiras hizo lo que quiso. La franja dejada libre por el jugador expulsado sirvió como corredor de paseo para los visitantes que en el uno- dos a Mier lo desdibujaban cada vez que se lo proponían. El técnico Mendoza incluso fue demasiado lento en el cambio por el uruguayo. Pero además de todo eso, el Junior de anoche fue un  equipo totalmente desconocido. Lentísimo, sin espíritu combativo y sin deseos de brindarse ante su hinchada.

Jugadores como Chará y Teo estuvieron lejos de su dimensión. El primero daba la impresión de no querer jugar, de estar contrariado y sin deseos de aportar. Sus desplazamientos fueron paquidérmicos, sin sentido de competencia y facilitando las marcas. Echado demasiado atrás como un volante de marca y no un atacante, Chará ni siquiera acertaba en sus avances o en sus pases.  Y Teo, quizás contagiado por la lentitud de sus compañeros también se mostró equivocado. Tan solo Cantillo intentaba salir desde el medio pero sus desplazamientos nunca encontraron el espacio libre para que sus compañeros de ataque pudieran inquietar.

Palmeiras jugó como quiso. Podríamos asegurar que para los brasileros  fue un entrenamiento. Sin apuros, sin despeinarse y como si fueran los dueños de casa. Junior lucía anestesiado, pero lo más criticable es la actitud de sus integrantes que daban la impresión de no querer jugar. En el tiempo final, cuando restaban 25 minutos, cuando el marcador estaba 2-0 y se presentía más goles, mucha gente rogaba que el tiempo corriera para que el partido se acabara.  Y como para cerrar con broche de oro un penalti faltando pocos minutos para el descuento es desperdiciado increíblemente  por Álvez  quizás el que más intentó en el ataque.

¡Qué noche! Ni los más entendidos pudieran haber anticipado una derrota tan aplastante, Pero además tan humillante. Sí, Palmeiras humilló a un rival sin casta, sin espíritu, sin mística ovalada. Un equipo que sorprendió a su hinchada pero en toda la dimensión de lo negativo.   

Ahora ya no podemos hablar de un equipo B que en sus presentaciones ha lucido muy pobre en lo futbolístico. Y un equipo A, titular, que frente al Palmeiras anoche fue una verdadera vergüenza. Hay quienes desde hace algún tiempo están señalando al técnico Mendoza como falto de acierto no solo en las conformaciones de las nóminas inicialistas, sino también por la tardanza en los cambios. Algunos incluso, dicen que Mendoza está viendo los partidos de espaldas, sin la acertada lectura que debe darle a los juegos de su equipo.

Lo cierto es que este Junior de ahora está muy alejado de lo que fue el Junior de final de año bajo la dirección de Julio Comesaña. Aquel fue un equipo con juego vistoso, rápido y dominador de espacios, con volumen de ataque y dueño del campo ante sus rivales. Este de ahora es demasiado lento, con un toque improductivo y con un repliegue dominante del medio hacia atrás, pero sin producir riesgo para el contrario.

Junior 2018 es muy extraño, como si algo que no se conoce estuviera afectando al plantel. Hay quienes afirman que tal vez en el equipo se esté practicando el llamado  ”entrenamiento oculto” y que haya aparecido el brote de indisciplina. Porque nadie entiende que este equipo que tanto ilusionó a la hinchada en la temporada anterior y que hoy, mejor reforzado, se muestre displicente, por momentos sobrador y sin espíritu combativo como el que todos esperaban. 

Es hora de tomar decisiones radicales señor Mendoza. No hay que dar más espera. La Copa Libertadores de este año, por lo de anoche, arrancó demasiado lejos y quizás sea preferible comenzar a pensar en lo que representa la Liga Colombiana en la que también, apenas jugadas cinco fechas, se ha entregado mucha ventaja.

No es lo que se esperaba y se espera de este Junior 2018. Porque, por lo visto en la Liga y en el comienzo de la Copa Libertadores, hasta ahora todo ha sido decepcionante.