Sin salud no hay paz
Hemos visto con agrado el entusiasmo que el presidente Juan Manuel Santos le ha puesto al tema de la paz. Eso está muy bien, pues el país está cansado de una guerra que ha costado sudor y lágrimas a miles de familias colombianas que han tenido que enterrar a sus hijos en los últimos 50 años. Nada más gratificante que vivir en un país sin conflicto interno. Cabe destacar que somos el único que lo mantiene vivo en buena parte del mundo.
Sin embargo, deberíamos preguntarnos si el esfuerzo de Juan Manuel Santos en otros asuntos del Estado ha sido con el mismo rigor y pasión del que ha puesto a la paz. Me parece que no.
El jefe de estado ha descuidado su gestión en algo tan o más importante que la misma paz, y es la salud de los colombianos. Para nadie es un secreto que el famoso “paseo de la muerte” sigue dando la vuelta en las más importantes ciudades del país, ni hablar de las pequeñas poblaciones donde no existen clínicas y hospitales de mayor complejidad. En los pueblos no hay “paseo de la muerte”: la gente se muere esperando una bendita remisión que nunca llegará.
Los hospitales públicos están quebrado por la misma falta de acción del Ministerio de Salud. Nos debemos preguntar ¿quién va a responder por los miles de millones de pesos que se perdieron por cuenta de las EPS liquidadas? Ese hueco financiero que hoy retumba sobre la cabeza de los administradores hospitalarios son los recursos que faltan para atender a la gente humilde que llega buscando algún tipo de atención.
En la salud se registran casos tan escandalosos como el hecho de que la salud pública termina prestando un mejor servicio que las EPS del régimen contributivo. Absurdo. O sea quien está en condiciones de pagar por la salud recibe una mejor atención. Nada más vea los ejemplos de Coomeva, Saludcoop, y ahora Cafesalud y la Nueva EPS. El caso de Coomeva es patético. Ninguna clínica en Barranquilla recibe a sus afiliados para algún tipo de atención. Nada más la semana pasada escuchamos en Emisora Atlántico el testimonio desgarrador de un familiar que regresó a su cuñado a casa para verlo morir porque definitivamente lo devolvieron de tres clínicas donde a Coomeva no le atienden a nadie.
Y qué decir de los medicamentos! El presidente y su ministro de salud anunciaron con bombos y platillos una drástica reducción de precios de las medicinas para enfermedades de alto costo. Solo fue eso: un anuncio, porque en las estanterías de las droguerías los precios siguen por las nubes. ¿Cómo entender que en Colombia, país del tercer mundo, un remedio para la presión cueste 300 mil pesos, y en España, país con un importante poder adquisitivo, ese medicamento, del mismo laboratorio con igual composición no pase de los 10 euros, o sea 40 mil pesos?
Podría seguir esbozando otros sectores donde el actual gobierno se ha quedado a mitad de camino, como por ejemplo el agrícola, manufactura, promoción a las exportaciones no tradicionales. En fin. Será manejo de otra columna. Santos y su Ministro de Hacienda pensaron que la bonanza del petróleo y el carbón íba a durar toda la vida. Con base en eso diseñaron un presupuesto que hoy está descompensado porque se encuentra alejado de la realidad.
Presidente, siga con su programa bandera, pero por favor dedíquele tiempo a otros menesteres que no son menos importantes. Los colombianos ahora no mueren en el campo de batalla. Se mueren en los hospitales o en sus casas.
Sin salud no puede haber paz.