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Sexo en mi ciudad

El 6 de junio de 1998 se estrenó en HBO la serie original ‘Sex and the City’ (traducción: ‘Sexo en la ciudad’), una comedia romántica que narra la vida de cuatro amigas en Nueva York enfocada en sus amores, desamores y, por supuesto, sexo, mucho sexo.

La serie duró seis temporadas y fue emitida hasta el 22 de febrero de 2004. Luego, llegaron dos películas y el spin-off ‘And Just Like That…’ (traducción: Y solo así), que alcanzó 3 temporadas, aunque los productores dicen que se terminó por razones creativas y no de audiencia.

Sin embargo, la verdad es que al público no le gustó muchos de los nuevos personajes y la exclusión de Samantha, interpretada por la actriz anglocanadiense, Kim Cattrall, quien rechazó la oferta de participar por diferencias personales con la actriz y productora Sarah Jessica Parker.

Lo cierto es que esta serie cambió la percepción del sexo, y no solo a mí, sino a toda una generación. Era la primera vez que escuchaba hablar a 4 mujeres tan abiertamente del tema, en este caso, Carrie, Charlotte, Miranda y Samantha. 

En su momento, fantaseaba que era Carrie por ser periodista y por tener el sueño de escribir, lo único es que hasta ese momento ni pensaba en #sinrecato, pero digamos que lo manifesté.

Cuando empecé a ver la serie, acababa de llegar de Bogotá después de hacer un taller de redacción en El Tiempo, pero las cosas no salieron como pensé. Mis planes eran quedarme, seguir trabajando como periodista y casarme con mi novio cachaco.

En mi nube mental todo era perfecto, pero la realidad no fue tan fácil como la pinté, así que me regresé a Barranquilla, estudié derecho y el novio cachaco me puso los cachos. Viví mi primera tusa, que por suerte no duró mucho porque de repente empecé a sentirme en un capítulo de ‘Sexo en la ciudad’, pero no en Nueva York, sino en Quilla City.

Fue una época importante; era soltera y estaba aprendiendo a experimentar mi sexualidad con libertad. Aunque, lo complicado era entender a los tipos con los que salía, porque hasta ese momento (no en la serie, sino en la vida real) no siempre hablábamos el mismo idioma.

Cuando salía con mis amigas, hablábamos de todito, y de sexo también, de lo que nos pasaba y lo que sentíamos. Las veladas se convertían en una terapia grupal, y aunque no siempre coincidiéramos con nuestros puntos de vista, siempre era liberador hablar y escucharlas.

Es así como normalicé el hablar de sexo, no era un misterio para mí, y de manera consciente o inconsciente mis amigas, y con el tiempo mis amigos, se acercaban a contarme sus aventuras más íntimas casi como en secreto de confesión. Aclaro que yo no era un cura, era mucho mejor, porque no los juzgaba y lo que me contaban quedaba en un sobre sellado.

Hace poco volví a verme la serie de manera aleatoria. Primero empecé a verme los capítulos que más me gustaban, y luego me los vi por temporadas, recordando algunos que ya había olvidado, e incluso vi el final de la temporada seis que para mí es uno de los mejores. Es como una película, al punto que tiene dos partes. 

A medida que me repetía la serie, pude notar muchas lecciones que en su momento no logré apreciar tanto como ahora. Esto se debe a que los personajes pasan por situaciones que, en medio de la magia de la televisión, son reales y cercanas a cualquier contexto, lo que vuelve la experiencia mucho más personalizada.

Tranquilos, no les haré muchos spoilers, solo les contaré lo que le dijo Carrie al ruso, quien era su novio en ese momento, en medio de una discusión porque él la había dejado sola:

“Soy alguien que busca amor. Amor verdadero. Amor ridículo, inconveniente, que te consume. El tipo de amor en el que no puedes vivir sin el otro. Y no creo que ese amor esté aquí, en esta suite ostentosa de este encantador hotel en París”, entre lágrimas lo dijo Carrie Bradshow.

En mis 24, cuando empecé la serie, lo hice con mucha curiosidad y morbo, por las escenas calientes. Después con el tiempo, empecé a analizar los diálogos y las situaciones que en ocasiones se acercaban mucho a lo que me pasaba en ese momento.

Hoy, 27 años después, sigo divirtiéndome con la serie y destacando anécdotas que yo también llegué a atravesar en mi contexto, y entendí que, como Carrie, en algún momento también pensaba que el sexo era lo más importante en una relación.

Y claro que es importante, solo que en realidad lo que buscamos es amor verdadero, como bien lo dijo ella, el tipo de amor en el que no puedes vivir sin el otro. O como lo diría yo; un amor real, que te despierta con un café en las mañanas y que te rasca la espalda, un amor #sinrecato.

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