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¿Seguirá Pékerman?

Esta es, quizás, la principal pregunta que el público se hace, después del Mundial de Rusia. La respuesta depende de lo que quiera el propio José Néstor Pékerman, y de cómo los directivos del fútbol vean el futuro del combinado nacional, en cuanto a dirección técnica.

A pesar de que aún no hay nada claro, ya algunos periodistas, enemigos del argentino, dan por concluido su ciclo al frente de la selección. Tal enfoque, desequilibrado por la inquina, no les permite reconocer nada positivo en su gestión, y más bien los induce a descalificarlo, utilizando, incluso, hasta la calumnia.

Es cierto que cualquier entrenador comete errores, que puede errar en los cambios o planificar mal un partido; que se desespera y se convierte en el principal culpable del mal juego o de las derrotas. Pékerman, como ningún otro de sus congéneres, no ha escapado a esa ley de hierro de la dirección técnica futbolística.

Pero un balance de su trabajo, pensando en los objetivos trazados, debe ser equilibrado y objetivo, sin tener en cuenta los chismes o el odio que motivó en una parte del periodismo. Es decir, las conclusiones sobre la gestión tienen que estar por encima de los deseos o de los rencores que genera una actividad tan apasionante como el fútbol.

Pékerman fue contratado para que clasificara a Colombia al Mundial de Fútbol de Brasil-2014. Ese objetivo se obtuvo de forma brillante, tanto en la fase eliminatoria como en las propias canchas brasileñas, aunque el onceno no avanzara a la final.

Recuérdese que el juego de la selección despertó el entusiasmo de la gente, pues fue efectivo y agradable para la retina. Con ese fútbol vistoso, el equipo se ganó el respeto de tirios y troyanos, y era solicitado en el exterior gracias al espectáculo que sabía brindar.

En vista de la buena gesta en la clasificación para Brasil-2014, Pékerman repitió para luchar por un cupo a Rusia-2018. Este segundo gran objetivo también se alcanzó, aunque sin la brillantez del primero. ¿Por qué el camino a Rusia no tuvo la luminosidad de la ruta hacia Brasil?

Un factor decisivo para entender el bajonazo en el tono del equipo, más allá de los errores del técnico, fue el del recambio que hubo que hacer en casi todas las líneas. La combinación de edad y lesiones motivó la salida de defensas fundamentales, cuyo reemplazo requirió un proceso especial.

El descenso en el rendimiento de otros, en parte por edad, desbarajustó un poco el funcionamiento del mediocampo y la delantera, y trajo consigo cambios drásticos en el modo de jugar, pues se abandonó el esquema de dos creativos y dos delanteros netos que se complementaban.

En el camino a Rusia, Colombia abandonó aquel estilo que entusiasmara tanto a la afición y al periodismo, y no fue tan sólida y efectiva, a tal punto que obtuvo su clasificación sufriendo lo indecible hasta último momento.

La participación en primera ronda puede calificarse de mediocre, aunque levantó bien la cabeza luego del fuerte golpe de la derrota ante Japón. Aunque no brilló, sí mostró buen fútbol en el lance decisivo con Polonia, y mucha testosterona con los gigantones de Senegal.

La remontada del equipo, luego de la primera derrota, le renovó la confianza y el fervor nacional, lo que se vio reforzado con el juego de temple que hizo ante Inglaterra. Aunque no ganó nada, lo recibieron en el país como si hubiera conseguido algo, debido a la entrega de los jugadores y a que no desentonó contra ningún rival.

Este último aspecto es muy importante: a pesar del recambio en algunas de sus líneas y a los desajustes que se derivan de este, el onceno jugó de tú a tú contra los mejores equipos, y a algunos les ganó bien en la fase amistosa, como lo hizo ante Francia. Ese hecho habla muy bien del trabajo del cuerpo técnico y de la calidad de nuestros jugadores.

Sintetizando: el proceso Pékerman ha sido exitoso, al tener en cuenta la consecución de los objetivos primordiales de clasificar a Brasil-2014 y a Rusia-2018. Si bien hubo un bajonazo futbolístico en el segundo período, el cuadro integró nuevos futbolistas, que se han ido acoplando al grupo.

El técnico reunió a los mejores deportistas del país, y les ha insuflado un espíritu de cuerpo, ingrediente fundamental en los deportes de conjunto. Así mismo, ha sabido ganarse el respeto y el cariño de sus dirigidos, con base en su sabiduría, el don de mando y el buen trato.

El camerino de Colombia es impecable por eso, y por la seriedad y entrega de los deportistas. Este es un logro “invisible” que pocos entrenadores pueden alcanzar de la manera como lo ha hecho el estratega argentino, sin hablar demasiado, sin gritar y alejando las malas influencias.

Hoy por hoy, el seleccionado ha perfilado una línea de juego técnico que lo distingue en el concierto internacional, y una solidez defensiva que contrasta con el descenso en la creatividad y en la eficacia para atacar. Sin embargo, el país cuenta ahora con un onceno que le juega de igual a igual a cualquiera, y que ya no teme hacer el ridículo.

Pékerman logró armar un buen equipo dentro y fuera de la cancha, mediante un proceso que todavía puede dar mucho más. Conoce a fondo el medio y sabe cómo moverse y cómo proteger al grupo, para aislarlo de los disociadores que buscan su desestabilización.

Nadie sabe si seguirá o no al frente del seleccionado, pues eso depende de sus intereses y de lo que piensen los directivos. Pero por logros, por el proceso que ya consolidó, y por el liderazgo indiscutible con que cuenta entre los deportistas sería muy bueno que continuara al frente del barco.

Como ha sabido sortear todas las tormentas para llevar la nave hasta donde debe ir, es seguro que si prosigue en la capitanía alcanzará lo que ningún técnico nacional o extranjero ha podido obtener: una tercera presencia en la cumbre del Mundial de Fútbol, en el año 2022.

Antes que empezar un nuevo proceso, con todos los riesgos que eso implica, ¿no es mejor mantener a Pékerman para que potencie lo bueno y para que refaccione el equipo superando los errores?

Si el técnico y los directivos quieren, quizás la mayoría de la afición verá en esta alternativa la opción menos problemática para continuar construyendo un cuadro competitivo que sea respetado en todos los escenarios.

Que siga Pékerman dirigiendo la selección es la ruta más clara que tiene el país para continuar en la senda de los logros futbolísticos. Indudablemente.