Sangre, corazón y alma lo que necesita Junior
Sangre, corazón y alma. “A estos tres elementos debemos la conquista de nuestro equipo”, dijo con entusiasmo y orgullo el director técnico del Leicester, Claudio Rainieri, dando respuesta a una pregunta que le hicieron los periodistas de cuál fue el secreto para conseguir el título de campeón en el futbol inglés.
El italiano, flamante campeón con un equipo por el que nadie daba un peso como favorito para llegar a su primera estrella en 132 años de existencia, resumía en esas tres palabras: sangre, corazón y alma, el sentimiento y la voluntad de entrega que siempre alentó al plantel para superar a todos sus “gigantes” rivales como Chelsea, Liverpool, Manchester United y pare de contar en los que casi siempre se centra la disputa de los títulos de la Liga Premier.
Traigo como referencia estas frases del técnico Rainieri para creer cómo sería de interés y significado especial si aplicara en nuestro equipo Junior. Sangre, la que debe hervir en el cuerpo de todos y cada uno de nuestros jugadores en cada compromiso. Para mostrar y demostrar que hay vida y que la savia sanguínea nos motiva a seguir en la lucha incansable y tenaz. Corazón: si, para mostrar el amor por una camiseta roja y blanca a la que debemos respeto y admiración. Por la que es necesaria pelear sin cuartel. Alma: por ese sentimiento que nos reverdece la historia de un club nacido en la humildad y hecho grande con esa altivez del futbolista capaz y responsable. Es decir con verraquera y sentido de pertenencia.
“Junior debería mostrar jerarquía hasta para servir el tinto en sus oficinas”, me recordaba un amigo con quien discurrimos en materia de fútbol y en particular cuando del cuadro rojiblanco se trata. "Sí, porque Junior nació grande, creció grande y lo consideran grande a través de su historia”, le respondíamos.
Pero en cambio, nuestro Junior por momentos no parece conjugar estas tres palabras: sangre, corazón y alma. Motivaciones que parecen perdidas en los últimos tiempos. No importa la calidad y capacidad de un técnico, ni los antecedentes de jugadores que llegan con supuestas estadísticas de goleadores, o excelentes delanteros que prometen en voz alta ser campeón con Junior.
Las muestras últimas frente a rivales como Chicó, Millonarios y Bucaramanga nos dejan dudas y poco optimismo. Junior, por momentos, nos llena de entusiasmo con despliegue futbolístico que nos hacen creer que somos uno de los mejores del campeonato; y por momentos nos hacen caer en cuenta que somos uno más del montón. Nos falta la sangre, el corazón y el alma para llegar y mantenernos en la cúspide. Y caemos como mansas palomas que se asustan ante el mínimo peligro.
Los rivales ya nos tienen medidos. Y no solo es en canchas ajenas. Aquí en nuestro propio reducto nos estrechan los espacios, nos aplican la marca a presión y nublan nuestra mente. Nos cortan las ideas cuando nos aprietan y nos someten a voluntad. En cambio esa enjundia, ese coraje y ese despliegue físico que queremos ver en los jugadores brillan por su ausencia. Cuánto daríamos por ver un despliegue físico de 90 minutos, similar-guardando desde luego las proporciones- a la de un Atlético de Madrid frente a un Barcelona o un Bayer Múnich. O el despliegue físico de un Bayern Munich frente al mismo Atlético de Madrid. No por la majestuosidad de jugadores de uno y otro bando en esos clubes europeos que sabemos están muy por encima de los nuestros. Pero sí, por lo menos con despliegue físico y de voluntad poco dado en el nivel de nuestro fútbol profesional.
Cuánto daríamos por ver un técnico gritando y ordenando desde la raya. Brincando y eufórico por cada gol marcado. O agitando sus brazos y discutiendo con el cuarto árbitro en jugadas y decisiones contra el equipo. La pasividad o la hiperactividad de un entrenador también son contagiosas con los jugadores.
La hinchada barranquillera del Junior motiva, pero también quiere y exige sentirse motivada. La entrega del público en las gradas debe ser retribuida por los protagonistas en la cancha. Y el primero que debería mostrar esa motivación debería ser en el director técnico.
Frente al Cali en el inmediato compromiso ojalá la actitud cambié y que la intención y los deseos de ganar vayan de principio a fin; del primer al último minuto. Para satisfacción de todos y para asegurar desde ya el paso a los cuadrangulares finales.