Ricardo Cardona, una corona de Rey que nunca más se perderá
Fue el tercer campeón mundial de Colombia en boxeo, el deporte que más gloria ha entregado al país. Detrás de Antonio Cervantes, Kid Pambelé y de Rodrigo “Rocky” Valdés, este peleador nacido en Palenque se coronó campeón universal superpluma el 7 de e mayo de 1978 y durante dos años defendió con éxito la corona. Pero ha sido quizás en el mundo el campeón al que “le negaron” su fajín en casi la mitad de su vida.
Su título de monarca lo conquistó en Seúl, Corea, superando por nocaut en 12 rounds a Shoo Hwan Hong en una contienda ganada limpiamente sobre el ring, pero al que le quisieron negar por un público que no aceptaba la derrota de su pupilo.
Solo un trofeo gigante pudo traer como señal de su conquista. En cambio el fajón que lucen los monarcas del mundo en su cintura con el símbolo del mundo desapareció por arte de magia o no apareció en escena quizás por los desmanes posteriores al veredicto en Seúl.
Lo cierto de todo aquello es que 29 años después Ricardo Cardona pudo por fin gozar de aquella felicidad. Había adelantado entonces toda clase de trámites y diligencia solicitando al presidente de la AMB, Fidel Mendoza, que le entregaran su trofeo.
Aquella noche del 8 de noviembre del 2007en el Hotel de El Prado en una ceremonia presidida por el directivo colombiano de la Asociación Mundial de Boxeo, Jorge Humberto Klee, Ricardo Cardona Cáceres pudo por fin sentirse inmensamente feliz al recibir el fajón. Era el mejor regalo para su cumpleaños 55 que cumpliría un día después. “Siempre soñé con este momento, siempre esperé pacientemente que se me reconociera con la entrega de este trofeo y hoy que lo recibo es para mí el momento más dichoso”, diría aquella vez en medio de la emoción que le embargaba.
El titulo lo logró cuando tenía 26 años. Entonces se abría paso en los embates de la vida. En su casa humilde en el barrio El Valle donde residen muchos ciudadanos originarios de San Basilio de Palenque (Bolívar) y en medio de la lucha diaria junto a su hermano Prudencio y sus padres, Ricardo soportó y superó momentos difíciles que le llevaron inclusive a consumir sustancias alucinógenas. Su hermano Prudencio fue su gran soporte y su guía. Fue quien le motivó para salir de ese mundo incierto y adentrarse en uno no menos difícil, pero con mejores alternativas de vida como lo era el boxeo.
Junto a Prudencio, quien también fue campeón mundial mosca, en una efímera carrera que solo le duró algunos meses, se convirtieron en la primera pareja de hermanos latinoamericanos en ser campeones mundiales. Antes en el mundo solo León y Marck Spink y Vince y Joe Dundee, ambas parejas norteamericanas ostentaban aquella marca de hermanos campeones del mundo.
Desde el momento de su conquista hasta 1980 cuando declinó ante Leo Randolph en Seattle, siempre valoró y vivió con emoción aquella gloria alcanzada en el deporte de los puños, de sangre y sacrificio. Y después de ceder el trono comenzó a sentir la nostalgia por un fajón que le fue negado durante 29 largos años. En la convención de la AMB de 1978 el presidente Gilberto Mendoza le entregaba a Jorge Humberto Klee una distinción por su aporte valioso al organismo. Fue entonces cuando el dirigente colombiano inquirió a su homólogo venezolano “aja, ¿y el cinturón de Ricardo Cardona qué?; “sabía que me ibas a preguntar por eso, tómalo aquí lo tienes. Lléveselo y hágale entrega en nombre de nuestra entidad. Dígale a Ricardo que este cinturón es el símbolo de su grandeza como campeón del mundo”. Palabras que repitió casi de memoria el doctor Klee cuando hizo la entrega al boxeador.
Aquellos 29 años de espera por su cinturón nos hizo recordar en algún momentos casi el mismo tiempo que debió esperar Junior para ser campeón por primera vez (1948-1977) y los 28 años de Colombia para regresar a un Campeonato Mundial de Fútbol ( 1962-1990). Tres acontecimientos de singular significado para el deporte de nuestro país.
Tiempos que forman parte del historial deportivo y que ya han dejado sus páginas escritas como recuerdos imperecederos para futuras generaciones. Ricardo Cardona dejó en su familia: Eliana Becerra (su esposa) y sus hijos Yersilia, Emperatriz, Prudencio, Zurelis, Yamilet, Katherine y Ricardo Saúl, el mejor ejemplo de humildad, personalidad y limpieza espiritual que lo acreditan como un gran jefe, pero sobre todo como un gran campeón del mundo. Con la paciencia de Job soportada durante 29 años que lo mantiene por siempre en el recuerdo de todos.
Su última pelea la perdió el domingo pasado aquejado por un mal que no pudo noquear. Allí dejó el mejor titulo: la vida. Se le escapó a pesar de luchar durante mucho tiempo. Pero su mejor conquista, el gran campeón de los colombianos que fue nunca se le escapará.
La mitad de su vida la vivió siempre con una ilusión latente, tener en sus manos el cinturón como el mejor supergallo del mundo. Los últimos 8 años de los 63 que le regaló la vida los compartió feliz con su familia estrechando y aprisionando en sus manos aquel trofeo que durante 29 años le habían negado. En su esposa y sus hijos delegó su vocación de fe y persistencia. Y en ellos dejó depositado para siempre aquella corona de Rey que más nunca se perderá.