Respeto, por favor
Es domingo por la mañana. Juega el Junior de mis amores, y el sentimiento ya no es el mismo. Inició un nuevo torneo con algunas caras nuevas (para algunos, no prometedoras) y con el mismo sinsabor de todos los semestres: transferencias fallidas a último minuto, contrataciones de jugadores sin ritmo, y/o provenientes de segundas divisiones, escándalos de indisciplina de algunos jugadores, entre otros. Con tristeza, leo en red social Twitter como una cuenta informaba la llegada de un jugador, que finalmente se había caído, igual que el semestre pasado, y que el anterior. Muchos hinchas nos reímos y hacemos caso omiso, pero a decir verdad, la situación ya raya en lo absurdo. No afirmo que no pueda llegar a Junior un jugador estrella, sin embargo que todos los semestre se especule la llegada del Loco Abreu y Rodallega, por exponer dos casos concretos, es la cortina de humo perfecta para contratar lo que sea. Así de crudo y simple.
Igual, a mí ya no me engañan. Lo recurrente en Junior aburre, y a mí me hastió hasta el punto que, por primera vez en 8 años, tome la firme decisión de no ir más al baile, lo que para algunos de mis allegados era una idea imposible. Si de algo estuvieron seguros es que cuando jugara Junior en Barranquilla, yo iba estar ahí, alentando en primera fila, aun cuando al equipo no llegaran refuerzos de peso, comprar el abono o conseguir parqueo fuera una odisea. Muchos me dijeron que no ir era renunciar a los colores y al sentimiento, que Junior era mucho más que una institución y sus pobres dirigentes. Si bien es cierto lo último, creo firmemente que si no pateo la lonchera hoy e incentivo a que muchos otros lo hagan, los colores rojiblanco cada día se irán destiñendo más. Por más insignificante que le parezca al risueño ex senador de la República y máximo accionista de Junior que una hincha como yo retire su apoyo ya que él tiene patrocinadores que sostienen al equipo, siento que este es momento de exigir RESPETO.
A los directivos: que no tienen visión en la escogencia de los refuerzos, que improvisan con el mercadeo del equipo, que no conocen de proyectos, que cuando han debido sentar su voz ante la Dimayor no aparece ni su sombra, que cubren los hechos de indisciplina de unos pocos como cómplices, a los mismos que afirman que la hinchada no apoya por culpa de los periodistas como si uno no tuviera criterio para reconocer su recocha. Esos que hoy aseveran con vehemencia que no nos necesitan.
A los jugadores displicentes: que se conforman con lo mínimo, que irrespetan a la hinchada cuando les exige rendimiento con gestos groseros, a los que tienen ínfulas de señores y se creen intocables.
Al técnico: que ni siquiera hace respetar su trayectoria y experiencia, y encubre la desobediencia de unos cuantos jugadores, que a viva voz, no lo respetan.
Me pregunto, y les pregunto: Si no nos ha alcanzado para ganar la Liga en dos ocasiones consecutivas, y la conclusión siempre ha sido que el Junior es un equipo corto y sin suplencia, ¿cómo pretendemos ser competitivos y protagonistas con seis caras nuevas para enfrentar tres torneos, uno continental? ¿Por qué el hincha de Junior debe aspirar siempre a la buena suerte, a lo que salga, o rezar porque Dios sea Juniorista?
Después de haber leído esa entrevista, sé con total fervor que tome la decisión correcta; así como sé que como yo, hay muchos que no quieren seguir patrocinando las risas del ex senador, y esperan que de esta crisis podamos recibir el respeto que merecemos.