Recuerdos de Cassius Clay
Acaba de morir, a sus 74 años, el carismático boxeador de peso completo Cassius Clay, también conocido como Muhammad Alí. Clay marcó indeleblemente el mundo del boxeo por su estilo inigualable dentro del ring, y por su excentricidad fuera de este.
En el cuadrilátero, el gran boxeador hizo diabluras que ningún otro púgil ha hecho con la misma persistencia y habilidad. Podía bajar los brazos ante el mejor pegador y hacerlo fallar por largos minutos, empleando solo el movimiento de sus piernas y de su torso.
En la historia del boxeo es muy difícil encontrar otro peleador tan hábil y recursivo como Muhammad Alí, sobre todo en la categoría de los pesos pesados. Quizás el que más se le acerca en el siglo XX es Sugar Ray Leonard, en cuanto a desplazamiento en el tinglado, a la velocidad de piernas y a esa facultad casi natural para bajar los brazos y evitar los golpes del oponente con el movimiento de la cabeza y el tronco. Pero Sugar nunca fue un peso completo.
Otro que poseía una defensa extraordinaria de tronco y cabeza fue el argentino NIcolino Locche, quien desgastaba a los contrincantes eludiendo sus golpes una y otra vez con el simple movimiento de la parte superior del cuerpo. Pero Nicolino tampoco perteneció a los pesos pesados, ni exhibió en ninguna pelea la rapidez de piernas y la velocidad de manos del inmejorable Alí.
Muhammad Alí fue muy atrayente para los fanáticos por su capacidad para moverse por todo el ring, por la rapidez para contragolpear y por ese arrojo para bajar los brazos y poner en ridículo al adversario, eludiendo sus envíos una y mil veces con solo mover el tronco y la cabeza. En Colombia, quien más se le aproximó en esta última destreza fue Mario Miranda Marañón, convertido en figura nacional gracias a esa extraordinaria dote.
Cassius Clay fue un ídolo del boxeo mundial porque realizó hazañas deportivas sobresalientes, en cuanto a técnica deportiva. Además, porque ayudó a convertir el pugilismo en un espectáculo estridente y aún más llamativo para sus seguidores. Y porque promocionó sus combates gritando y a veces agrediendo de palabra a los rivales, con el propósito de desestabilizarlos psicológicamente.
Fue Campeón Olímpico de peso semicompleto en 1960, pero su acceso a la fama y a la gloria provino de vencer a Sonny Liston, aquel 25 de febrero de 1964, en un combate por el título profesional de peso pesado, detenido en el séptimo round al no poder salir a boxear el campeón vigente por una grave cortadura cerca al ojo derecho.
En el pleito de revancha, en el que Liston era el retador, el desenlace fue tan inesperado que despertó las suspicacias de los especialistas y los aficionados. Sonny Liston cayó noqueado en la primera vuelta, en mayo de 1965, tras recibir un golpe que algunos consideraron muy débil. Se vio muy raro que un fajador se desplomara tan pronto por un golpe de derecha suave de un estilista que no se caracterizaba por su fuerte pegada.
Clay protagonizó memorables peleas contra exigentes contrincantes. Dos de ellas las efectuó contra un pegador nato, Joe Frazer, quien poseía una de las zurdas más explosivas de la historia del boxeo. En ninguna de las dos contiendas Frazer pudo noquear a Alí, gracias a los recursos defensivos del gran boxeador. En una de ellas ganó por decisión Frazer (después de tirar en el 15 a Muhammad) y en la otra venció Alí, al retirarse su contrincante en el round 14.
El 30 de octubre de 1974, Clay obtuvo de nuevo el título mundial en Kinshasa, Zaire, al derrotar a George Foreman. Fue esta una pelea inverosímil, entre un fajador fortísimo y un estilista que había volado por el cuadrilátero como si fuera una mariposa pero picando como una abeja. Sin embargo, en esa ocasión (ya sea por estrategia o porque Foreman no lo dejó) Cassius Clay no pudo exhibir la mayor parte de sus cualidades.
Se dedicó casi todo el tiempo a esperar y a contragolpear a Foreman en las cuerdas, y a recibir sus mazazos en el cuerpo y en las extremidades superiores. Todos los seguidores pensábamos que, como resultado de esa errónea estrategia, Alí saldría noqueado irremediablemente. Sus ráfagas esporádicas parecían inocuas ante el asedio del monstruoso Foreman, quien ganaba el combate hasta el momento del desenlace definitivo.
Pero en el último minuto del octavo round ocurrió lo que nadie imaginaba: después del asedio habitual de Foreman sobre el pobre Alí en las cuerdas, una ráfaga esporádica vapuleó la cabeza de Foreman, y otra seguidilla de golpes a la cabeza provocaron que el mastodonte que masacraba a Clay se fuera redondo a la lona.
En ese preciso momento, los expertos y los aficionados empezamos a pensar que la estrategía de Alí (que casi lo lleva al nocaut) había sido una peligrosa trampa, empleada para agotar a un peleador más fuerte, el cual, agotado de tanto lanzar mazazos y de acorralar a Clay, no soportaría la picada repetida de la venenosa abeja en su mandíbula.
Por exhibiciones como esta Cassuis Clay recibió múltiples reconocimientos, como ser exaltado al Salón Internacional de la Fama del Boxeo, ser declarado Rey del Boxeo por el Consejo Mundial de Boxeo y la consideración de Deportista del Siglo XX de parte de medios tan prestigiosos como Sports Illustrated y la BBC, entre otros.
Alí no solo quedó incrustado en la memoria popular como el magnífico boxeador que fue sino por su resistencia a la Guerra de Vietnam, por lo cual recibió cárcel al negarse a servir en el ejército de los Estados Unidos en ese conflicto. Esta actitud le granjeó la admiración de quienes se oponían a esa guerra, dentro y fuera de su país.
La conversión a la religión islámica también lo ubicó en la otra orilla del establecimiento estadounidense, obteniendo el rechazo de muchos norteamericanos pero, así mismo, la aceptación y el apoyo de los sectores populares de su nación y de otros sitios del planeta.
Se fue el gran Cassius Clay (o Muhammad Alí), un boxeador excepcional y un extrovertido personaje que ayudó a transformar el boxeo en un fenómeno de masas de penetración planetaria. ¿Surgirá otro como él?