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¿Quién parió a Chávez?

Lo que ocurre hoy en Venezuela, como cualquier fenómeno político, tiene su explicación en el pasado. Y es que a quienes nos interesa la historia política de América Latina, de seguro, aún nos sigue produciendo fascinación la figura del hombre detonante de la crisis actual: Hugo Rafael Chávez Frías. Un muchachito criado en Barinas en medio de un contexto de adversidad, que llegó a hacerse con todo el poder de Venezuela y a volverse el intocable del Palacio de Miraflores.

Hoy cuando son pocas las voces que se atreverían a defender al régimen, es preciso recordar o al menos reflexionar acerca de la idea de quién o qué parió a Chávez – y por consiguiente a su peor consecuencia: Nicolás Maduro-. Pues bien, sorprendería a muchos saber que fue un sector de la élite venezolana, que en aquel entonces era todo poderosas y acaudalada, quienes lo patrocinaron e incluso impulsaron antes y después de su fallido intento de golpe de Estado. Una parte de los grupos económicos de poder, vieron en aquel militar dicharachero a una marioneta que podrían manejar a su antojo, ingenuo y sin juego político; creyeron que no les representaría mayores inconvenientes en comparación al presidente del momento. Mejor dicho, se convencieron de que con Chávez no tendrían que negociar, sino que él se limitaría a obedecer, con tal de que lo mantuvieran en el primer cargo.

Sin embargo, su intento de golpe de Estado no prosperaría, entonces el Gobierno del momento lo obligaría a rendirse ante las cámaras de televisión. Y es allí, justo en ese instante, cuando antes de irse preso Hugo, sin darse cuenta creó el Chavismo con su famosa frase: “Por ahora”. El sector del estamento, no amigo de los golpistas creyó que El Comandante y los suyos pasarían a ser pasado. Pero fue cuestión de días para que un movimiento alrededor de su figura y de su celebre “por ahora” se conformara; fue tanta la presión para que liberaran al hasta entonces desconocido militar, que no tuvieron más remedio que soltarlo.

Posteriormente se convocaría elecciones y un Chávez triunfador llegaría a la cima del poder. Allí no solo se asentaría, sino que se degeneraría, ahogado en su megalomanía perdió cualquier noción de democracia que alguna vez pudo tener. En su afán de eternidad y posteridad, hizo de si mismo un personaje al que se le debía rendir devoción. Y en esto, hay que reconocer que fue absolutamente hábil, tanto, que aún hoy hay quienes profesan su amor por El Comandante.

Hoy, después de tantos años, las consecuencias negativas son enormes, la mayor de ellas personificada en su discípulo Maduro. Pero no podemos perder de vista, que Chávez se convirtió en Dios no solo porque se lo permitieron, sino porque las clases populares se volcaron a él en su angustiosa necesidad. Venezuela antes de El Comandante era de unos pocos, hoy sigue siendo de una minoría solo que del otro bando… Ojalá esta fragmentada democracia pueda superar su aguda crisis.