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¿Quién miente: Uribe o la Corte?

A Álvaro Uribe Vélez le salió el tiro por la culata. Resulta que denunció al senador Iván Cepeda ante la Corte Suprema por, supuestamente, estar reclutando testigos falsos en las cárceles para incriminarlo a él en casos de paramilitarismo.

Pero cuando la Corte investigó a fondo el asunto descubrió que quien estaba presionando a testigos no era Cepeda, sino Uribe, asesorado por abogados de dudosa reputación, y apoyado por personajes del bajo mundo, igualmente de dudosa reputación.

De tal manera que, sin buscarlo, el expresidente cambió de posición en el proceso, pues de acusador se convirtió en acusado, ya que la Corte decidió abrirle investigación por manipular falsos testigos contra Iván Cepeda (por lo cual se le llama a versión libre), y por manipulación de testigos (llamado a indagatoria).

El testigo que Uribe y los suyos intentan manipular para que cambie su versión incriminatoria (contra el expresidente y su hermano Santiago Uribe) se llama Juan Guillermo Monsalve, hijo de quien fuera el mayordomo de la hacienda Guacharacas, un lugar desde donde se orquestaron crímenes de los paramilitares en los años noventa, bajo la dirección de Santiago Uribe, según la versión de Monsalve.

Uno de los abogados que ha estado presionando a Monsalve para que cambie la versión que incrimina a Álvaro y a Santiago Uribe Vélez se llama Diego Cadena, quien es apoderado del expresidente y ha sido defensor de destacados narcotraficantes, como Diego Montoya (Don Diego) y Diego Pérez (alias Diego Rastrojo).

El asunto se está complicando para los Uribe, pues la Corte cuenta con mucha evidencia grabada y de otro tipo, que será muy difícil de desvirtuar por parte de los abogados del expresidente y su hermano.

Los magistrados de la Corte Suprema no pueden hacer nada distinto a continuar con la investigación y con el proceso, hasta generar los resultados previsibles en un caso como este: que haya sanciones, si hay culpables, o exoneración, si los indicios no son suficientes.

Pero Uribe y los suyos no están interesados en que el debido proceso continúe, sino en sabotear, con todo tipo de artimañas y presiones, para que este se estanque o se eche para atrás. Todo indica que será muy difícil que los magistrados den su brazo a torcer, por lo que los uribistas, y su jefe supremo, ya están enfrascados en una campaña de desprestigio de la Corte Suprema.

Otra vez ha salido al ruedo el globo de la persecución política contra Uribe, como dando a entender que el exmandatario es inocente (sin que se haya completado el proceso), y que lo que está saliendo no tiene nada qué ver con la verdad o la justicia, sino con las calumnias de sus enemigos.

Ya se descalifica, por los tirios y troyanos uribistas, a la Corte Suprema y a sus magistrados como miembros de un complot que busca desacreditar a su jefe, porque no lo pudieron derrotar en las urnas, y por eso ahora lo quieren defenestrar con mentiras y montajes.

Uribe mismo tiene la imaginación tan desbordada que se ha atrevido a escribir, en un intento por voltear la torta acudiendo al engaño, que ahora lo están chuzando hasta los servicios secretos ingleses. Lo cómico de este embuste no es quien lo emite, sino que mucha gente se lo cree.

De este pulso entre Álvaro Uribe Vélez y la Corte Suprema de Justicia no se sabe quién salga victorioso. El exmandatario ha demostrado ser capaz de lo que sea para evitar que él y los suyos sean calcinados por los estrados judiciales.

A pesar de eso, varios de sus alfiles sufren cárcel por delitos comprobados por los jueces (como el de las chuzadas a través del DAS, o el de los crímenes que se le imputan a Jorge Noguera), y otros están sub judice o han huido del país.

No se puede olvidar que Álvaro Uribe ha sido el campeón mundial del todo vale, y que para él no existen barreras legales, institucionales o morales cuando se trata de defender la piel de su familia y su propia integridad, como en el caso que ahora  le salta en la Corte.

Nadie debe hacerse ilusiones con Uribe y los suyos, un sector descompuesto de la política nacional que irrespeta las instituciones y la legalidad vigente cuando estas les colocan en el banquillo de los acusados. Ese ha sido un grupo que miente, engaña y viola la ley si esto es lo que hay que hacer para sobrevivir.

La Corte puede tener todas las evidencias para incriminar y sancionar a Uribe y a su hermano, pero estos tratarán de evitar esa sanción acudiendo a lo que sea, como se nota en las grabaciones  y otras pruebas publicadas en los medios, en las cuales el mismo expresidente intenta descalificar a los magistrados que lo investigan con el recurso sucio del espionaje extranjero y la persecución política.

En este nuevo enfrentamiento entre los jueces y el señor Uribe hay que creerle a la Corte y dudar mucho de lo que está planteando el exmandatario. ¿Qué autoridad moral o legal se le puede conceder a alguien que se ha acostumbrado a mentir, a engañar y a organizar complots contra todos los que se le oponen?

En este lance no solo está en juego el pellejo de Uribe y su familia, sino el de la Corte Suprema y el de toda la justicia del país. Ojalá que a los magistrados les sobre el valor para llevar hasta el final este proceso (o que no les ocurra nada grave a ellos o a su familia), y que a Uribe y los suyos no les alcancen las argucias delincuenciales para salir del enredo en que ellos mismos se metieron.

Porque en este caso, los mentirosos no son los miembros de la Corte, quienes se apegan a las normas y a los indicios; aquí los mentirosos son los que siempre han mentido y destrozado la legalidad y la institucionalidad para imponer su todo vale y sus intereses. Por esta razón, hay que creerle a la Corte Suprema.