Share:

¡Que vaina con este junior..!

Así  lo expresó, casi  a gritos, el Pibe Carlos Valderrama. Y no podía ser de otra manera. Con este Junior al que muchos dicen ¡Del alma..! pero que en los últimos tiempos ha despertado más tristezas que felicidad, nada parece sorprender ya. Ahora no es por indisciplina, o por llegar tarde un jugador a los entrenamientos o por desobedecer una orden táctica etc. La expresión del Pibe se enmarca en el caso de su primo o sobrino Jarlan Barrera a quien han calificado algunos como el malo de la película y otros lo han colocado en un alto pedestal.

Cuando no es una cosa es la otra, que este aquí, que este no va,  que aquel otro tampoco, que el que llegó no sirve o que este es un disociador.. en fin.  Pareciera que en el club rojiblanco estuviera marcado por un sino trágico que no le deja prosperar o que hubiera penetrado el diablo cuando menos se espera. “El chuky” como dicen muchos. Lo cierto es que en el onceno rojiblanco nada es permanente. La felicidad para la hinchada “dura menos que un merengue en la puerta de la escuela” como decían los abuelos.

El caso actual con nombre propio, Jalan Barrera,  ha dado pie para escuchar y leer toda clase de conjeturas y comentarios de gente especializada en deporte o de quienes no lo son pero sienten y tienen todo el derecho igual de opinar sobre el caso. Un “triángulo escaleno” (lados desiguales) forman parte de lo que pudiéramos llamar conflicto técnico laborar deportivo en el que un nombre Jarlan Barrera es el principal protagonista. Digo principal, porque hay otros nombres como el de Teófilo Gutiérrez y Yony González que también se incluyen en este nuevo capítulo de discordia rojiblanca.

Las redes sociales de internet, los medios escritos y la radio en general se han  ocupado desde el sábado anterior de priorizar el tema de Barrera en el Junior por encima de la misma idiota derrota del equipo frente al Boyacá en Tunja por una infantilada del arquero Viera y de decisiones erradas del técnico Comesaña.

Quienes defienden al jugador por negarse a seguir en el club y esperar que se venza su contrato sostienen que el derecho jurídico respalda su decisión. Quienes creen que es el club el que tiene la razón condenan al futbolista y lo colocan en la picota pública. Hay quienes sostienen que el técnico hizo bien en no llevarlo a Tunja, pero otros afirman que Comesaña debió obligarlo a jugar porque el compromiso con la institución aún persiste.

Quizás todos tengan razón: club y jugador para creer que son portadores de la verdad. El equipo por no dar su autorización al técnico de llevarlo ante la posición del jugador de no renovar contrato; y el jugador por creer que está en todo su derecho de querer su carta de libertad o derechos deportivos una vez cumpla el término de 31 de diciembre. Lo que no estimamos esté bien es que Julio Comesaña haya dicho públicamente que Jarlan se negó a jugar porque quiere irse del Junior. Aun siendo así, el entrenador debió ser mejor éticamente en sus manifestaciones y dejar que el club y el futbolista diriman sus posiciones.

A este capítulo novelesco al que algunos parecen comparar recordando lo que sucedió con Javier Ferreira en el 91, se sumó otro tema con el nombre de Teófilo Gutiérrez. Se afirma que por una discordia entre Teo y el marcador de punta Marlon Piedrahita el técnico decidió marginar al delantero. Comesaña dijo en su momento que ello obedeció a una decisión técnica. O ¿fue un cobro de cuentas de Comesaña a Teo por la discusión con Piedrahita? De ser así, creemos que no actuó con justicia. Porque si bien marginó a Teófilo igual debió hacer con el jugador Piedrahita. O entender que discusiones y “peleas” entre compañeros suceden cada rato y hay que sortearlos por bien de la institución y de la afición misma. Pero en Comesaña no es de extrañar porque en su recorrido por el club son muchos los ejemplos que pueden mostrarse.

De todas maneras, el tema  Jarlan ha sido siempre contradictorio. Hay quienes lo ponderan calificándolo como un futbolista tipo exportación por su calidad técnica; pero los hay también quienes le tildan de “pecho fío” por su inconstancia durante los partidos. Unas veces luce como toda una estrella y otras en que pareciera no querer saber nada del juego. Unos están de acuerdo en que no siga, pero los hay igual que saben que puede ser muy útil en las aspiraciones del equipo.

No sabemos si sea o no conveniente  y oportuno colocarlo frente al Medellín o en lo que resta del torneo o si es preferible marginarlo de toda competencia. Si Comesaña lo coloca frente al DIM –aseguran muchos- el público le va a caer encima tildándolo de traidor y falso, lo que podría considerarse como un castigo de parte del entrenador. Si se margina del torneo seguramente que para la próxima temporada el jugador no esté en plenas facultades por falta de continuidad y su valor deportivo podría venirse abajo.

 Lo cierto de todo esto es que en Junior cada vez que hay algo importante en disputa o cuando el equipo parece estar en mejor forma y crecen las ilusiones, aparece el “bendito chuky” (demonio) para acabar con la tranquilidad del grupo. Hay quienes creen que el “diablo” anda en cuerpo ajeno, llámese técnico, jugador o directivo. Y como no hay forma de saber con certeza, en quien está, lo aconsejable es hacer un exorcismo general. Tal vez así podamos echar de una vez y para siempre los espíritus malignos que no dejan que el Junior alcance su tan esquiva octava estrella.

Junior nunca puede estar sabroso. Cuando

arrancamos bacano, chévere, en el

campeonato de primeros, siempre

salen vainas”: Pibe Valderrama.