¿Qué ocurriría si no eligen a Castillo rector de la Uniatlántico?
La situación interna de la Universidad del Atlántico es de expectativa ante la selección de nuevo rector en propiedad. Los castillistas han hecho todos los esfuerzos legales posibles para sabotear la posibilidad de que el Consejo Superior se pronuncie a favor de un aspirante distinto a Rafael Castillo Pacheco.
El saboteo al representante de los gremios empresariales tuvo como eje la seguridad de los amigos de Castillo de que ese apoyo estaba por fuera de sus alforjas. Por esa razón recusaron a César Lorduy, para evitar que votara por otro candidato. El Tribunal Administrativo del Atlántico desmontó la decisión de un juez que había inhabilitado a este consejero para ejercer su derecho a votar.
Esto cambia la correlación de fuerzas en el Superior de manera quizás decisiva. Es claro que el voto del Gobernador, de los representantes de las autoridades nacionales y del Intergremial nunca será para una persona como Rafael Castillo Pacheco. Esos votos y el del representante de los egresados (que tampoco está con Castillo) suman cinco, el número mágico para elegir rector en propiedad.
Hacia dónde irán todos esos apoyos sigue siendo una incógnita, a pesar de que existe la certeza de que no acompañarán a Castillo, pues en el Consejo varios miembros tienen conciencia del riesgo que representa este señor que no respeta lo público, pues utilizó su encargo de once meses en la rectoría para cambiar puestos, contratos y otras prebendas por apoyo político, implementando un modelo clientelista y politiquero perjudicial para la institución.
¿Qué ocurriría si el Consejo Superior decide escoger a una persona diferente a Castillo Pacheco para que dirija la alma mater? Lo que se ha visto en las redes sociales, en los pasquines y la historia reciente de la Universidad entrega muchas claves para interpretar la situación y para prever lo que sucederá.
En las redes y en los pasquines ya convirtieron en unos monstruos a los dos candidatos que no llevan los apellidos Castillo Pacheco. A Salim Mattar no lo bajan de representante del paramilitarismo, y lo más suave que le sueltan a Carlos Prasca tiene que ver con que es, supuestamente, miembro de la Casa Char (membresía que este no acepta).
En contraste, el trato de los castillistas hacia su aspirante es tan dulce que se atreven a mostrarlo como un hombre probo y un gran académico, a pesar de las denuncias públicas que se han hecho sobre su desastrosa gestión en la Universidad, y acerca del hecho de que es más un político oportunista que un académico en sentido estricto.
Nada de lo que se denuncie acerca del señor Castillo Pacheco (con pruebas y sin chismes) hace mella en la piel de los castillistas, empeñados como están en sacrificar a quienes se les oponen (en las redes y en los pasquines) a base de mentiras, calumnias o medias verdades, utilizando ese método de construcción y destrucción del enemigo basado en consejas, que es tan viejo en la Universidad como la papa, la toma y el tropel.
El teflón que cubre a su candidato no cede ante nada, ni siquiera ante el hecho indiscutible de que fue funcionario de otra administración que también demonizan, la de Ana Sofía Mesa, o de que aparezca como un moroso irresponsable en las cuentas del Tránsito, lo cual demuestra que la verdad y la decencia política no hacen parte de los valores prioritarios entre los depredadores y el resto de los castillistas.
Si el Superior elige a Carlos Prasca, se le vendrá a este el mundo encima para no dejarlo gobernar. Todas las formas de lucha de los depredadores saldrán de nuevo a relucir, y es seguro que el pasquín se convertirá en una carta de amor comparado con las otras formas de violencia que desatarán los castillistas más radicales y violentos para sabotear su gestión.
Si la correlación de fuerzas se inclina por Salim Mattar (lo cual es menos probable, debido a los votos fijos que tienen Prasca y Castillo), quizás la cuestión sea más llevadera, pues este candidato no ha sido construido como el enemigo a vencer ni ha recibido tantos ataques (mentirosos o ciertos) como los que asedian a Prasca. En cierto modo, algunos ven a Mattar como una solución salomónica en la guerra abierta desatada contra el enemigo principal por los castillistas.
Por lo visto hasta ahora, si el Superior se inclina por alguien distinto a Castillo Pacheco quizás la paz nunca aparezca en la institución, sobre todo si Carlos Prasca es el elegido. La única forma de que los depredadores se queden tranquilos (es decir, que no usen pasquines, papas, tomas y el tropel) es que les elijan a Rafael Castillo Pacheco.
En una situación como esta ¿no sería mejor barajar de nuevo para tratar de conseguir un académico idóneo que no esté manchado por la politiquería y el clientelismo internos y externos?
¿No es más razonable esperar un poco que entregarle la rectoría a un politiquero oportunista como Castillo Pacheco o a un aspirante emproblemado como el señor Carlos Prasca?