Share:

¿Qué le regalaría usted a Barranquilla?

Tomando como referencia un interrogante de Emisora Atlántico en el Noticiero del periodista Jorge Cura, ¿qué le regalaría usted a Barranquilla en sus cumpleaños 203?, me atrevería a decir lo que seguramente muchos o casi todos los barranquilleros quisieran responder:

Primero. Le regalaría seguridad. Es el tema que más agobia -creo yo- a los habitantes de esta ciudad. Seguridad para evitar tantos crímenes, tanto atraco a mano armada, fleteos, sicariato y robos a casas y apartamento. Todo ello sustentado en gran parte al negocio del micro y narcotráfico.

Segundo. Le regalaría movilidad. Nadie duda que Barranquilla es desde hace rato un caos por  la falta de buena movilidad. Las calles destapadas, carcomidas por el descuido y falta de mantenimiento, pero también por el desorden imperante en calles y avenidas ante la falta de reguladores capaces y profesionales en el ramo; sustituidos en cambio por policías de tránsito a quienes no les compete esta actividad y dedicados en muchos casos al soborno y platilleo. La ciudad no está delimitada solo por las calles 82-84-76-72-70-45 y paseo de Bolívar. Ni por las avenidas Olaya Herrera, carrera 45 -43-51B-38 y pare de contar. También son importantes las calles y carreras de sectores populares como San José, Cevillar, Rebolo y Las Nieves, Los Nogales y El Pardo, Boston y Olaya y también pare de contar.

Excelente que se haya adelantado la canalización de arroyos peligrosos y ojalá  los que faltan por ser canalizados sean afrontados prontamente para minimizar el riesgo de vidas de los habitantes de Barranquilla. Sin embargo cada obra adelantada en tal sentido igual que la ampliación de calles y avenidas debería ser ejecutada bajo un severo estudio técnico que disminuya al máximo el riesgo de las personas y causen el mínimo perjuicio habitacional y comercial. No como el caso de la  carrera 51B o la calle 84 que se programan para un término no mayor de seis o siete meses y duplican y triplican el tiempo y el costo de la obra.

Tercero. Le regalaría servicios públicos. Especialmente lo que tiene que ver con el servicio eléctrico.  Barranquilla está viviendo desde los últimos años  un  pésimo servicio por parte de una empresa  que día a día comete toda clase de atropellos con el ciudadano. Día a día somete a la gente a los racionamientos y suspensiones tremendamente largas, con los consabidos perjuicios por daños en electrodomésticos y lo que es más grave por el riesgo de vida a que se somete la gente. Muchas personas, mayores y menores han muerto por las descargas de altos voltajes, por el incendio habitacional, por explosiones en contadores de casa y por los cambios bruscos y continuos. Sin embargo nadie le pone el cascabel al gato. Muchos anuncios pero nada efectivo, Algunas sanciones económicas a la empresa que recupera tales sanciones con incremento en tarifas y multas sin justificación alguna. ¿Y los muertos quién los paga?

No existe control por parte de los entes encargados de ejercerlas. Ni la Superintendencia de servicios, ni la Personería y ningún ente de control que haga respetar los derechos ciudadanos. Las amenazas de cancelar y reemplazar esta empresa se convierten como casi todas en promesas de cambamberas, esas que terminan cuando se apagan las velas.

Cuarto. Le regalaría a Barranquilla la supresión de tantos nuevos impuestos que acaban con el bolsillo de la gente. Especialmente los de menos recursos económicos, vale decir la gente de estratos dos y tres. Ya no es solo los impuestos que corresponden a seguridad, catástro y alumbrado público. Cada año se incrementan enormemente bajo la dirección del “Zar” de los impuestos un señor Fidel Castaño. Amparado bajo el argumento de engrandecer a Barranquilla. Cada año aparecen nuevos impuestos como el de la telefonía móvil y fija, con la duplicación y triplicación de los valores catastrales y la colocación de valorizaciones, que, aun demandadas y anuladas por las altas cortes constitucionales se siguen cobrando sin contemplación alguna.

Sí, es cierto. Barranquilla está creciendo. Crece y crece día a día. Pero cree hacia las alturas. La ciudad se eleva vertiginosamente como las grandes naves que surcan los cielos a medida que avanzan. Así Barranquilla crece enormemente, sin control alguno hacia los cielos. Convirtiéndose en una ciudad cercada por el cemento. Sin reservas alguna de zonas o lugar verdes. Barranquilla se asfixia en medio de la contaminación ambiental de los carros y el cemento que nos ahogan a velocidades increíbles. Cada vez respiramos menos y cada aire que respiramos llega más contaminado. El veneno nos consume haciendo “explotar nuestros pulmones”.

No quisiéramos pensar llegar a ser ciudad como las de China y Japón, como México o como Medellín para no ir muy lejos. No. Barranquilla fue y debería seguir siendo el paraíso terrenal que nos alegraba la vida y nos hacía felices transitando por sus calles aireadas por los matar ratones, los almendros y las cayenas. Y bajo el influjo de las brisas y los vientos  llegados del mar caribe o del Rio Magdalena.

Quinto. Le regalaría a Barranquilla el fuero anticorrupción.  Porque todo lo enumerado antes, obedece  enormemente al grado de descomposición en que nos desenvolvemos. Barranquilla es, según las estadísticas y reseñas de los últimos tiempos, la ciudad donde más impera la corrupción. Estamos tan descompuestos en corrupción que hasta jueces y autoridades encargadas de aplicar justicia y equidad se manifiestan abiertas al engrase y la mermelada. Por lo que nadie en esta ciudad cree en el Concejo, ni en la Personería ni en los entes de control como Contraloría, Procuraduría o Fiscalía. Tampoco cree en jueces y policías. La politiquería y la injusticia pululan por doquier sin contemplación alguna.

Sexto. La ñapa. Le regalaría a Barranquilla un excelente equipo de fútbol. Si tenemos en Junior nuestra máxima expresión deportiva, el ícono que nos identifica nacional e internacionalmente ¿por qué no hacemos del Junior –como lo hace el Nacional de Medellín-un verdadero club capaz de alcanzar títulos y copas internacionales? Nos conformamos con tener un equipo que es llamado “grande” por su historia y recorrido, pero que en la cancha luce muy por debajo de tales consideraciones. ¿Por qué si somos cuna del fútbol y aquí nació todo el andamiaje y la organización deportiva del país, nos conformamos con un club medio?

Interrogantes estos que sumadas a las consideraciones de qué le regalaría a Barranquilla en su cumpleaños 203, convertirían a nuestra ciudad en la más grande y mejor de Colombia.  Pero como no tenemos la potestad ni el poder de ejecutar todas estas manifestaciones, no nos resta otro camino que pedir, casi que exigir a quienes administran a Barranquilla, que sean o se conviertan en verdaderos ciudadanos, en verdaderos barranquilleros que tiendan a rescatar nuestro terruño. Que se concienticen en el verdadero valor de sentirse barranquillero. Solo así podremos decir ¡quiero a Barranquilla! Y, este sería el mejor regalo en sus 203 años de existencia.  Con seguridad que entonces sí, los barranquilleros podremos sonreír y llenarnos de felicidad.