¿Puede Soledad progresar al mismo ritmo de Barranquilla?
Los cambios que a gran velocidad observamos a diario en Barranquilla, en materia urbanística e infraestructura social, bien nos conducen a la pregunta por qué Soledad no progresa al mismo ritmo de la capital del Atlántico. A simple vista la gente bien pudiera asociar el contraste de realidades a un tema meramente político, desconociendo a lo mejor las marcadas diferencias que en materia financiera, socioeconómica e institucional, hacen de Soledad una ciudad con capacidades de desarrollo muchísimo menor a las del Distrito de Barranquilla.
Las altísimas inversiones en servicios y bienes públicos tales como escuelas, centros de salud, vías, parques, escenarios deportivos y más, van en el Distrito anualmente en ascenso. Solo en el 2018 la asignación para el gastos público social en Barranquilla superó los 3.1 Billones de pesos (Presupuesto de Barranquilla, 2018), logro que se hizo posible gracias a las solidez de sus finanzas, a su capacidad institucional y a la confianza generada por el alcalde y su equipo de gobierno en las entidades nacionales, gremios y ciudadanía, asunto clave para la gobernanza y la generación de recursos de inversión pública.
En el contexto de esta dinámica creciente de ciudad, la inversión privada ha resurgido revitalizada en Barranquilla, que dicho sea de paso es el principal destino de inversión del país, según lo ha manifestado el Ministerio de Hacienda. Así las cosas es claro que la transformación de un territorio obedece a la combinación de factores financieros, institucionales y políticos.
En el caso de Soledad es bien sabido que la atención a las necesidades y problemas públicos, sobrepasan enormemente la capacidad financiera del municipio y además que su presupuesto depende en mayor proporción de los dineros que le gira el Gobierno Nacional, es decir de los Recursos del Sistema General de Participaciones, luego entonces entiende uno lo complejo que resulta transformar y modernizar la infraestructura pública y social de Soledad, a igual ritmo de cómo se desarrollan en otras ciudades, como en el caso de Barranquilla.
Resolver las complicaciones de Soledad, la séptima ciudad más poblada del país, la tercera del Caribe y que según datos pre eliminares del Censo DANE 2018, ya habría superado el millón de habitantes, es un monumental desafío que se refleja en serios atrasos en materia de infraestructura vial, educativa, hospitalaria y urbanística; y cuyas soluciones se estiman en más de un billón de pesos, por ejemplo, la sola recuperación de la red de vías primarias de Soledad compuesta por cerca de 800 mil metros cuadrados(Planeación municipal, 2015), se estima que cuesta más de 500 mil millones de pesos.
El presente de los problemas que se acumularon con el tiempo en Soledad, se agrava con el perfil económico de la sociedad soledeña, que en un 85% pertenece a los estratos 1 y 2(PDT Soledad, 2016-2019); situación que sumada a la condición sub normal que pesa sobre cerca de 65 barrios, complica la generación de recursos propios, como sucede con la recaudación predial, tributo fundamental para la libre inversión y el financiamiento de proyectos de desarrollo, que mejoren la calidad de vida y la competitividad de la ciudad.
La modernidad y el desarrollo de Soledad se dificultan desde el mismo instante en que la nación establece el monto de los dineros enviados para atender la educación, la salud, el deporte y la cultura de la gente. Muy desigual es el tratamiento económico dado por la Nación a Soledad, que con resignación e injusticia recibe unos 464 mil pesos por habitante, cuando la media nacional se acerca a los 730 mil pesos por persona, y que para el caso de Barranquilla y Malambo, superan los 640 mil por habitante (DNP, SICODIS, 2019). Solo por esta inequidad, Soledad deja de percibir algo más de 100 mil millones anuales, que vistos en retrospectiva representan una billonaria suma dinero público. Las gráficas presentadas a continuación muestran claramente la relación desigual de los recursos percibidos por Soledad por concepto del Sistema General de Participaciones, frente a otras entidades territoriales.




Desde la aparición del Sistema General de Participaciones en el 2001, ninguna de las modificaciones posteriormente aplicadas a este modelo de transferencia, ha previsto con acierto la condición poblacional especial de Soledad, que se visibilizó con el Censo Nacional del 2005 y sus respectivas proyecciones; así también con la llegada de unos 70 mil desplazados en las dos últimas décadas, 49 mil de ellos víctimas del conflicto armado (RUV, 2019). Razones de peso saltan a la luz pública como prueba irrefutable de la tan cacareada deuda social que la Nación tiene con Soledad.
Enhorabuena esta por darse a conocer el resultado oficial del Censo Nacional de Población 2018, que comprobará el fenómeno de sobrepoblación que padece Soledad, que rebasa la actual capacidad institucional y financiera del territorio, y que complica la atención oportuna y eficientemente del cúmulo de necesidades básicas de la gente, al tiempo que limita el desarrollo social y retrasa el progreso físico de Soledad en comparación con el de su inseparable vecino Barranquilla.
Bien le haría al actual o al nuevo gobierno de Soledad, empoderar a la ciudadanía y a los sectores gremiales, bajo el liderazgo institucional que le compete, para con todo el rigor técnico sustentar e incorporar en el proyecto de ley que cursa en el Congreso, una proposición que nivele en lo justo, los recursos del Sistema General de Participaciones destinados para Soledad; de tal manera que, en el marco de una nueva realidad financiera y una sólida capacidad institucional, Soledad pueda avanzar al paso admirable de Barranquilla.