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¿Por qué necesitamos un Gobierno ‘castro-chavista’?

Cuando leí las primeras precisiones sobre el proyecto de Reforma Tributaria que el Gobierno presentaría al Congreso lo comprendí de golpe: necesitamos un Gobierno ‘castro-chavista’.

Sí, puede que el riesgo de “terminar como Venezuela” sea demasiado grande y puede también que al final “le entreguemos el país a las Farc”, pero, a medida que el nuevo proyecto de reforma circula su camino por el Congreso, una vida ‘a la cubana’ parece preferible al ‘gringuismo’ tercermundista que nos quieren colar.

Parece increíble que hace apenas unos meses uno de los principales argumentos para negar el plebiscito de paz fuera el rampante comunismo que se agazapaba tras las intenciones del Gobierno nacional y hoy ese mismo Gobierno, dizque comunista, esté haciendo algunas de las propuestas tributarias más regresivas de los últimos tiempos.

Regresivas no porque parezcan producto de una inteligencia ‘regresada’ –que igual sí parecen-, sino porque proponen una carga impositiva mayor sobre las personas que tienen menores ingresos que sobre las que tienen mayores ingresos, a diferencia de los impuestos progresivos, cuya carga impositiva aumenta a medida que aumentan los ingresos del sujeto en cuestión. En castizo, los impuestos propuestos por el Gobierno golpean con mucha más fuerza al que gana menos en comparación con el que gana más.

Estamos sumergidos hasta el cuello en un mar de neoliberalismo y, sin embargo, nos preocupamos por la amenaza de un terremoto comunista. ¿Qué tiene de comunista aumentar el IVA, uno de los impuestos más regresivos conocidos por la humanidad?

Impuesto a las gaseosas y las bebidas azucaradas, que las toman los pobres -al fin y al cabo los ricos pueden seguir bebiendo agua Evián y té de jazmín-; impuesto a las tiendas y las peluquerías, negocio al que definitivamente no se dedican los Santodomingo o Ardila Lulle; aplicar mayores impuestos a las tecnologías y el internet, no vaya a ser que la clase media emergente se eduque y salga adelante; mayores impuestos al tabaco, al alcohol, a la gasolina, más caros para todos por igual…

Y es que ese es el punto de la discusión, no es que los ricos no vayan a pagar más, por supuesto que van a pagar más, pero el apretón lo va a sentir con mucha más fuerza la clase media, al fin y al cabo, las personas de los estratos más humildes tienen dispuestos una buena cantidad de alivios fiscales y subsidios que relajan el peso del yugo estatal y los mantienen distraídos para que no salgan a las calles a adelantar la revolución que hace tanto se merece este país.

Sin embargo, muy pocas de las propuestas del Gobierno contemplan un mayor pago de impuestos a medida que los ingresos y el patrimonio de la persona -jurídica o natural- aumenta. ¿Qué le importa al que tiene un patrimonio de más de mil millones de pesos pagar 1,8% por el precio de la gasolina? Son muchos cambios que todos vamos a pagar por igual aunque no todos podamos pagar igual.

Mientras tanto, el ministro Mauricio Cárdenas anuncia verdaderos ‘sapos’ que habrá que tragar, como la eliminación del impuesto a la riqueza que pagaban las empresas con ingresos mayores a $800 millones. En este sentido, el Gobierno ha anunciado que la carga fiscal sobre estas organizaciones se va a simplificar y reducir un 7% para 2018. Sin embargo, calcula que el alivio fiscal para empresas que generen menos de $800 millones será de un 1%, es decir, las Pymes seguirán muriendo.

En suma, se trata de una reforma neoliberal que haría sentir orgulloso al Tío Sam. Fiel a la teoría del goteo: si se dan incentivos a los empresarios y las empresas eventualmente todo el dinero que producen terminará goteando hacia abajo en la pirámide de las clases sociales, en forma de empleos y gasto público.

La experiencia, sin embargo, muestra que estas reformas terminan creando riqueza de forma desproporcionada para un sector de la población y el beneficio no se refleja en el resto de sectores de la población, lo que acentúa la desigualdad y todos los problemas sociales y económicos que esto conlleva. Estados Unidos no es precisamente el paraíso de la igualdad y son innumerables los problemas que enfrentan ciertos sectores de su población –sobre todo las minorías- frente a los indecibles lujos de los que disfrutan los más afortunados.

¿Realmente es este el tipo de reforma que necesita un país tan desigual de por sí? ¿Se puede simplemente copiar y pegar del libro del capitalismo sin considerar? Lo cierto es que este es el único modelo económico que tenemos en el abanico de políticas que gobiernan el país.

Muchos de los que hoy protestan contra la Reforma Tributaria son los mismos que han protestado contra los Acuerdos de La Habana, sin darse cuenta de que aprobar los acuerdos habría sido una de las formas más efectivas de protestar contra el modelo neoliberal que nos impone y seguirá imponiendo cargas fiscales de este tipo, está en su naturaleza y sería terriblemente ingenuo esperar un cambio en este sentido.

No se le pueden pedir guayabas al palo de mango… pero se puede plantar un guayabo y esperar para recoger de ambos… (Adaptación costeña de un refrán popular)