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¿Por qué ganó el NO?

El resultado negativo del plebiscito permite asegurar, a posteriori, que la estrategia del Presidente Santos para refrendar los acuerdos fue un claro error político. Un error político que está en el mismo nivel del que ocurrió en el Reino Unido, cuando la mayoría del pueblo británico decidió abandonar la Unión Europea al precio que fuera.

A pesar de que la equivocación aparece a posteriori, desde mucho antes hubo señales de que no sería nada fácil la legitimación de lo acordado por la vía del plebiscito. La señal más notable fue lo equilibrada que estuvo la elección presidencial para el último mandato, en que se observó una polarización irreconciliable entre los partidarios del proyecto uribista y sus opositores.

Esas cifras más o menos iguales de la elección presidencial anterior se repiten ahora en el triunfo del NO, por un margen bastante exiguo. El país continúa polarizado entre quienes le creen a Uribe y quienes desean pasar la página de la guerra.

¿Por qué ganó el NO? Porque sus partidarios fueron muy hábiles para vender la cesta de mentiras con que atacaron los acuerdos; porque supieron tergiversar los asuntos y manipular a la gente acudiendo a sus pasiones más violentas, a su deseo de venganza y a su ingenuidad.

Ganó el NO, aunque de manera irrisoria, porque la mayoría del pueblo votante es proclive a las posiciones de derecha y de ultraderecha, como una secuela de la guerra que nos consume. A esto se agrega una escasa formación política en muchas personas, lo que las hace caer fácilmente en la ingenuidad y a ser pasto fresco para el engaño.

Se impuso el NO porque aún impera un profundo sentimiento anti Farc, el cual resulta de una combinación de odio y de miedo, por los daños que le han causado al país y por las ideas que representan. Estos sentimientos fueron hábilmente explotados por Uribe y los suyos al llamar la atención sobre la supuesta entrega del Estado y la sociedad al castrochavismo, lo cual era una forma de echarle fuego a los sentimientos anti Farc.

El NO triunfó porque Santos y los suyos poseían muchas limitaciones para vender sus ideas, excepción hecha de los negociadores. La baja favorabilidad del Presidente de algún modo influyó negativamente sobre el resultado, lo mismo que el desprestigio de los políticos tradicionales que le acompañaban. Tampoco parece que estos últimos hubieran hecho mucho para poner votos en la contienda plebiscitaria.

El triunfo del NO derrumba todo lo que se había ganado hasta ahora. Era un riesgo previsto, y Juan Manuel Santos metió las manos en la candela a sabiendas que una derrota lo demolería también a él. La derrota compromete la estabilidad política de la nación y destruye la posibilidad de un Premio Nobel para el Presidente, como algunos soñaban.

Lo más grave está por venir. Hay que esperar la reacción de las Farc, porque esta derrota es también su derrota. Tienen los guerrilleros una terrible paradoja enfrente, después de haber andado tanto y con paso tan firme en procura de la paz. 

Es muy difícil que regresen al monte para reorganizarse en espera de la continuidad del conflicto. Pero es terrible lo que les espera al perder unos interlocutores que les ayudaron a abrir un camino hacia la política legal. Las Farc no se van a entregar, como lo pretenden algunos. Eso no está en sus genes. Si eso es así, le esperan momentos muy duros a la sociedad colombiana.

El golpe de la derrota ha sido devastador para el gobierno, pues queda con muy poco margen para maniobrar. Si las Farc están en una encrucijada terrible, el gobierno la tiene aún más difícil. Veremos qué rutas legales podría sondear, pero lo que tiene enfrente es la continuación forzosa del conflicto armado, a pesar de que ese no es su deseo. 

El gobierno Santos carga encima la presión de la derecha y la ultraderecha guerreristas, y esa gente no va a soltar la presa después de haberla cazado. Uribe y los suyos mostraron muy pocos escrúpulos para sabotear el proceso de paz. Han hecho de todo, hasta intentos de desestabilizar las instituciones. Ahora que dieron un golpe fatal no se detendrán ante nada.

Con el triunfo del NO se ha abierto una coyuntura de inestabilidad que podría desembocar en una crisis de consecuencias catastróficas. La guerrilla lleva décadas peleando y es capaz de acudir a lo que sea para defenderse. La ultraderecha también ha acudido al todo vale para oponerse a sus enemigos.

El triunfo político de la ultraderecha guerrerista coloca de nuevo a la mayoría del pueblo colombiano (incluida la que votó por el NO) en medio de dos enemigos que han demostrado ser duros y sin miramientos.

De donde se infiere que la esperanza de paz que acariciábamos antes del 2 de octubre ha sido reemplazada por la realidad de un probable recrudecimiento de la guerra.

El triunfo del NO es la victoria del odio y del deseo de matar sobre la posibilidad de vivir en paz y de dejar atrás el pasado funesto que nos marcó a todos. Por el momento, perdió la mayoría: el gobierno, las Farc y ese pueblo que añoraba el silencio de los fusiles. Se nos ha ido otra segunda oportunidad sobre la tierra, a menos que alguien invente una solución casi mágica para no seguir en la tragedia.

El triunfo del NO acabó con la justicia transicional y, por esa ruta, llena de impunidad otra vez a la nación, al negar la posibilidad de sancionar a todos los que cometieron crímenes amparados en las instituciones estatales, empezando por el expresidente Uribe. 

La victoria del NO representa la derrota de la esperanza y el triunfo de la barbarie. Y lo peor del asunto es que nadie de afuera puede sacarnos del hueco, solo nosotros mismos. Pero ¿cómo? Nada está claro de aquí en adelante.