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Peñalosa podría ganar en Bogotá

Está muy reñida la elección a la alcaldía del Distrito Capital. Según las encuestas, tres aspirantes tienen mucho chance para obtener el segundo cargo de elección popular más importante del país. Pero las encuestas son solo un termómetro para medir una fiebre cuyas causas viajan ocultas por otro lado.

Lo cierto es que de los cuatro aspirantes más representativos existe uno que no ha despegado y que ya no podrá despegar: se llama Pachito Santos, y es el candidato del Centro Democrático, del expresidente Uribe. La gente parece percibir a Santos como un muñeco de ventrílocuo, sobre todo en los últimos días cuando decidió aparecer en su publicidad política al lado del jefe del partido.

Santos tampoco vende porque lo adorna un estilo cómico que le resta votos; sus salidas en falso en temas delicados de seguridad y de otra clase le están pasando una factura que no podrá pagar, ni empujado por su líder. La imagen que ha vendido este candidato a todo el país es su principal enemigo en las elecciones que se avecinan.

Más que nada porque esas elecciones están más allá del maniqueísmo que resulta de la confrontación entre izquierda-derecha o entre terrorismo-democracia, que es el juego de luces empleado por el uribismo para polarizar a los electores y para mantener su vigencia política.

El epicentro del asunto es la buena administración de la ciudad, y en ese terreno Pachito Santos tiene muy poco que ofrecer. Los electores parecen deslizarse hacia las opciones más serias en este sentido, y esas son las de Rafael Pardo, Clara López y Enrique Peñalosa.

Pardo es un candidato tranquilo y con ideas muy definidas, pero en esta elección parece pesarle el mismo saco de plomo que arrastró en las presidenciales: es un aspirante muy racional, flemático, tranquilo, pero que no despierta la pasión de la tribuna. Podría ser un magnífico alcalde, pero no representa un cambio fuerte con respecto a los gobiernos recientes de la capital. Esta es una variable que le niega votos en el sector de los independientes, que será decisivo a la hora de ganar.

Clara López es de lo mejor que puede mostrar la izquierda. Es una mujer seria, respetuosa y que abandonó hace rato el estilo contestatario, demagógico y agresivo que aún caracteriza a muchos de los militantes de la vieja izquierda tradicional.

Pero las virtudes de Clara serán insuficientes para ganar en Bogotá, pues ella arrastra el San Benito de la corrupción dentro del Polo, patrocinada por los Moreno Rojas. También la salpican los errores administrativos de Petro y la guerra sucia que ciertos medios de opinión adelantaron contra él. A la hora de nona, todo eso hace daño en la mente de los electores, que suelen meter en el mismo saco a los tirios y a los troyanos.

En un contexto sociopolítico y de percepciones como el enunciado anteriormente pesará más el voto independiente que el amarrado por el clientelismo o por la militancia partidaria, sobre todo porque la gente sufre problemas que serán decisivos a la hora de votar.

Entre esos temas, los sociales, que son los predilectos de la izquierda, estarán por debajo de la percepción de seguridad, de movilidad, de organización de la ciudad y de buena administración del Distrito. Aquí es donde entrará a jugar una especie de voto castigo contra la izquierda y donde se percibe muy fuerte a Enrique Peñalosa.

El pasado político inmediato de este candidato se enturbió por su oportunismo, el cual lo llevó a hacer alianzas con el uribismo, un sector detestado por la mayoría del espectro político partidista y no partidista. En ese campo, Peñalosa es percibido no solo como un oportunista sino como un indeciso ideológico, lo cual le restará votos entre los sin partido que tienden hacia la izquierda.

Pero la imagen de administrador y de conocedor de lo urbano es un tanque de oxígeno que podría llevar al Palacio de Liévano a este aspirante. A pesar de todos los errores administrativos que se le achacan, Peñalosa representa para mucha gente la mejor solución para ordenar la casa.

Su paso por el poder en Bogotá aún reside en la memoria de los bogotanos, y este es un importante hándicap que opera en contra de sus adversarios, especialmente de la izquierda. A la mayoría de la gente lo que más le preocupa es que le mejoren Transmilenio y que le ordenen la ciudad para vivir mejor.

Ni la guerra o la paz, ni el enfrentamiento derecha-izquierda o el de los uribistas contra los antiuribistas serán elementos decisorios en la elección bogotana. Administrar bien, organizar la vida comunitaria atendiendo a estándares internacionales y dejar atrás la improvisación serán los factores decisivos.

Lo que parece querer la gente es precisamente la ejecución de un modelo de ciudad que esté más allá de la polarización que ha cruzado a la capital, y que ponga el énfasis en el conocimiento urbano y en la técnica. Más allá de sus debilidades, Peñalosa es uno de los candidatos que más promete en esas materias. Y es precisamente por esto que podría ganar en Bogotá.