Otro triste final llamado Junior
Un año más perdido, que se suma al racimo de cinco, en forma seguida para el equipo de la pasión barranquillera. La entrega del título de la Copa Colombia, alcanzado el año pasado por el onceno rojiblanco, si bien completó un ciclo lleno de pesadumbre y tristeza, no fue tan sorpresiva como pudiera creerse. Al fin de cuentas, era un desastre anunciado desde seis meses atrás cuando se decidió cambiar la dirección técnica encabezada por Alexis Mendoza.
Pero sí fue la última ilusión perdida. De tres posibilidades: Copa Suramericana, Liga de Colombia y Copa Colombia, no fuimos capaz de alcanzar un solo objetivo. Porque no fuimos ordenados ni supimos planificar. Si bien al comienzo de la temporada 2016 se vislumbraron muchos éxitos, a medida que transcurrieron los partidos caímos a pasos agigantados. Y quienes pudieron darnos la mano para levantarnos, lo que hicieron fue ignorarnos para hacer la caída más fuerte y tormentosa.
Las dos derrotas seguidas en finales del fútbol profesional nos había sin embargo alentado para este año luego de un inicio que se antojaba optimista. La realidad por falta de verdaderos refuerzos, la indisciplina y el poco profesionalismo de gran parte del plantel fue desnudando las falencias. Y lo peor es que habiendo tiempo para las correcciones, los directivos del club prefirieron hacer oídos sordos y ojos ciegos. Para ellos resultaba más importante y menos oneroso dejar la indisciplina carcomiendo los cimientos y hacer a un lado al cuerpo técnico de Alexis Mendoza.
Lo más lamentable es que cedimos el terreno en la Copa Suramericana frente a un rival de poca consistencia internacional. Y la Liga Colombiana en la que al comienzo transcurríamos cómodamente se volvió pedregosa e intransitable frente a rivales de menor categoría. Con el agua al cuello se intentó sobrevivir, pero el último rival, Atlético Nacional, nos ahogó la última posibilidad.
Y es precisamente el equipo antioqueño, el doblemente campeón de Libertadores el que nos deparó en suerte para definir la Copa Colombia, cuyo capítulo se cerró anoche en el Estadio Roberto Meléndez con el resultado por todos conocidos.
Severas y contundentes lecciones nos sigue dando Nacional a los junioristas. Ser ambiciosos, tener personalidad, tener sentido de pertenencia y sentir verdadera pasión por los colores y la camiseta que se representa. Todas esas cualidades impregnadas en el pecho de los paisas es todo lo que le falta a los integrantes de los “Tiburones”- Comenzando por los directivos y dueños del club que carecen de apetito ganador, que prefieren jugársela con mediocres elementos que cambian tacos y entrenamientos en las canchas por discotecas y casinos.
Bien reza el refrán que “Nadie es profeta en su tierra”. Sentencia aplicada en Alexis Mendoza en quienes estaban cifradas esperanzas e ilusiones de alcanzar pronto la octava estrella. Porque la mentalidad de los accionistas está muy por debajo de la que profesó en corto tiempo Alexis Mendoza. No solo le dio categoría al equipo, el mismo impregnado con jugadores deshonestos, que nunca se entregaron de lleno en defensa de la causa. Aun así, con Mendoza se consiguió realzar la imagen de equipo grande que históricamente ha ostentado Junior. Pese a todo el técnico barranquillero entregó un título, el de la Copa Colombia, que cedió anoche ante el rival antioqueño en el que siempre hemos creído debería mirarse el onceno rojiblanco.
Jugadores mediocres que a costa de grandes sumas de dinero ganado con contratos jugosos, no solo se burlaron de los contratantes, sino de la propia afición. Hinchada a la que se le invitó a ver los partidos en bares y cantinas. Hinchada fiel que creyó hasta el final en algún triunfo de triste consuelo sin ser correspondido.
Un capítulo más en los tantos seguidos a los que nos han acostumbrados quienes fungen como salvadores y protectores con “enormes seudos” inversiones, pero que no corresponden realmente a la categoría que debiera enmarcar el nombre de nuestra divisa. Pretender alcanzar triunfos y éxitos significativos en el ámbito colombiano y más allá de las fronteras seguirá siendo un sueño y una ilusión para los junioristas. Sus directivos ni siquiera alcanzan a amarrase los zapatos de sus similares de otros clubes, tal como el Nacional.
Junior carece de la ambición que le sobra al Atlético Nacional: pero más aún, pretender alcanzar grandes victorias con elementos desechados y revestidos de indisciplina, es una afrenta más para seguir matando la ilusión de toda una afición. Dice el refrán que las personas pasan y las instituciones quedan. Ojalá algún día no muy lejano podamos refrendar ese pensamiento. Con verdaderos dirigentes que sientan que el corazón de verdad les late en el pecho. Cuando por fin entiendan que el nombre y los colores de la divisa rojiblanca son la verdadera pasión de los barranquilleros y no jugueticos navideños de momentos.