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Obligarnos a convivir

En Colombia, la violencia interpersonal es la principal causa de muerte violenta con un porcentaje del 46,9% del total de homicidios en el país. Según los datos de medicina legal, la mayor parte de estas muertes se dan en actividades relacionadas con eventos culturales, de entretenimiento y/o deportivos, muchas veces en situaciones relacionadas con el uso de alcohol u otras sustancias que alteran la consciencia.

En resumen, en Colombia no sabemos convivir. Las fronteras de nuestros espacios personales se cruzan constantemente, muchas veces con resultados explosivos. Ya lo decía Carlos Valdés, director de Medicina Legal, en una entrevista con Semana. “La violencia en Colombia está interiorizada en todos nuestros comportamientos. Colombia es un país violento por fuerza de la costumbre”.

A veces la esencia de un pueblo puede ser una maldición más que una condena. El desenfado con el que los colombianos conducimos nuestras relaciones interpersonales, esa ‘bacanería’ de la que tanto nos congratulamos, es, también, la anarquía que alimenta la hoguera de nuestros demonios internos.

Necesitamos reglas que encarrilen la esencia de lo que somos, porque no nos vamos a encarrilar solos. En este sentido, el nuevo Código Nacional de Policía y Convivencia es, a todas luces, una medida necesaria, a pesar de la incomodidad que pueda generar.

De hecho, gran parte de la incomodidad y polémica que ha generado el nuevo código se encuentra ligada a ese principio de anarquía que deseamos mantener a como dé lugar, un principio que va en contra de las nociones más básicas de sentido común.

Entre las múltiples medidas, especial mención merecen dos que parecen ir en contra de la esencia misma de lo que consideramos la ‘costeñidad’: las acciones contra las reuniones bulliciosas y las restricciones a tomar bebidas alcohólicas en el espacio público, contenidas en el Artículo 33 del documento.

“a) Sonidos o ruidos en actividades, fiestas, reuniones o eventos similares que afecten la convivencia del vecindario, cuando generen molestia por su impacto auditivo, en cuyo caso podrán las autoridades de policía desactivar temporalmente la fuente del ruido, en caso de que el residente se niegue a desactivarlo”.

“c) Consumir sustancias alcohólicas, psicoactivas o prohibidas, no autorizados para su consumo”.

Sobre consumir bebidas alcohólicas en el espacio público, valga decir que es una acción que se encuentra prohibida en casi todos los países del mundo.

Cumplir con estas disposiciones en temporada de carnavales en Barranquilla será una labor cuando menos titánica y, probablemente, no se logre a cabalidad. Sin embargo, es el inicio de un cambio de mentalidad que, más allá de las actitudes que se sancionen, tiene que ver con la comprensión de que la esfera de nuestra propia comodidad no se extiende en términos de fortaleza y debilidad.

Tenemos que aprender a limitarnos. El principal peligro en Colombia no es la delincuencia organizada, es la intolerancia latente en todos los colombianos, la misma que, en términos estadísticos, hace de la riña la principal circunstancia de homicidio en el país. La incapacidad para convivir es, en ese sentido, un problema real con el que no hemos sabido