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Nosotras y la política

No soy amiga de decir que simplemente nos toca más duro, pero lo que sí puedo decirles es que nos toca, al menos, diferente. Dedicarse al ejercicio de la política en Colombia no es fácil, es como sin que te lo preguntaran antes, pasas inmediatamente al bando de los corruptos, de quienes no sólo desangran las arcas públicas sino que son los culpables de la mayoría de males que aquejan a nuestra joven democracia; el daño reputacional que se sufre al ser político de profesión no es mensurable, además se incurre en un desgaste personal que se va elevando con el pasar del tiempo. Ahora bien, si se es mujer, éste panorama se torna aún más complejo, y por eso, muchas de nosotras no se atreven a participar en la arena pública.

La política es una esfera de la vida social que posee un alto grado de masculinización, son los hombres quienes tradicionalmente en nuestro país han tomado las decisiones que nos tienen en donde estamos. Para bien o para mal, son ellos quienes han liderado los rumbos de Colombia. Sin embargo hay algo mucho más preocupante detrás de esto, y es que son los hombres quienes han definido y moldeado por décadas, la imagen que los ciudadanos se han forjado de lo que es un político. Y lo cierto es que las mujeres tenemos una forma radicalmente distinta de entender el ejercicio público, sin sonrojarnos debemos aceptar que tenemos ciertas limitaciones, pero a la vez con mucho orgullo debemos saber reconocer que tenemos unas virtudes especiales.

En latinoamérica ya son varias las presidentas que han pasado a la historia, se puede querer u odiar a Michelle en Chille y a Cristina en Argentina; pero lo que no se puede es negar la fuente de inspiración que significaron para muchas mujeres jóvenes -entre las que me incluyo- . En cambio en Colombia, a nosotras el poder nos es aún esquivo, los grandes cargos, siguen estando reservados para los hombres. Y esto es una responsabilidad compartida entre ambos géneros. Ellos por perpetuarse y no terminar de entender que una ley de cuotas no es lo que necesitamos; y nosotras por no luchar por nuestros espacios con más fuerza y ahínco.

A ninguna joven que me esté leyendo le voy a mentir, no le voy a negar que la arena política es un espacio plagado de dinámicas misóginas en la que muchos hombres (no todos), creen estar mayormente dotados de inteligencia y mejor preparados; listos siempre para pretender convencernos de que sus puntos de vista, son los únicos válidos. Pero no todo es oscuridad, y aunque a veces a nosotras mismas nos cueste verlo, lo cierto es que también hay un gran porcentaje de ellos, que son capaces de tratarnos como iguales y de comprender que hace tiempo que dejamos de necesitar ser aleccionadas. A todas las jóvenes que me leen, lo único que puedo hacer ésta semana que seremos bombardeadas con felicitaciones por ser mujeres, es recordarles que pertenecemos a una generación distinta. Tuvimos acceso a la educación superior como ningunas otras en Colombia, éste es un privilegio del que las mujeres de antaño, que se escondían para clandestinamente debatir sobre problemas sociales, ya hubiesen querido gozar. Necesitamos hacer valer nuestra preparación y aún más, salir a defender nuestras ideas y posiciones frente a las discusiones centrales de la sociedad. Porque ellos, no lo van a hacer por nosotras.