¡Nos falta mucho más!
Mucho más de lo mostrado hasta ahora, se necesita para que un equipo como Junior pueda pretender llegar a un título internacional como lo es la Copa Suramericana en la que es por ahora protagonista.
Si bien es interesante mantener un enorme grado de optimismo, no es menos cierto que, para este tipo de competencias hay que llegar mejor preparado no solo anímica sino futbolísticamente, entendiendo por esto, estar en mejor disposición de competencia. Para lograrlo es necesario estar conformado de la mejor manera. Y Junior, según lo que hemos visto y acorde con lo que históricamente conocemos, no lo es ni lo está.
No pretendemos ser “Ave de mal agüero”, mucho menos creer que nos invade el pesimismo y queremos influenciarlo en el público. ¡Ni más faltaba! Simplemente que la experiencia enseña. Nuestro equipo si bien nos muestra tener y practicar un juego armonioso y colectivo, estas características nos lucen intermitentes, es decir no es una constante a lo largo de un torneo, sino que se interrumpe por momentos. Podemos un día lucir impecables y contundentes; pero al siguiente, lucimos apenas como un remedo de lo que antes ilusionó a sus seguidores.
La última muestra, frente a Colón de Santafé, más que satisfacción dejó un manto de dudas. El triunfo al fin de cuentas es importante, pero tan pírrica la ganancia, no garantiza un paso de avanzada mucho más allá de lo que aspiramos. Llegar a la gran final nos luce una tarea casi imposible. Un equipo con verdaderas aspiraciones debe estar conformado debidamente en cada una de sus línea, no depender casi exclusivamente de una genialidad de un volante creativo o de un delantero que pueda anotar un gol de vez en cuando.
Se requiere más. Comenzando desde la portería donde el guardameta sea más que un indicador, un líder que ordene su línea inmediata para defender. Que en el medio no solo haya voluntad y fuerza testicular, sino creatividad e ingenio y que en el frente de ataque aparezcan goleadores y no delanteros anotadores esporádicos.
Todas estas falencias han sido denunciadas por los periodistas y críticos deportivos desde hace bastante rato. Pero no ha habido la “voluntad Política” de parte de los dueños sostenedores y directivos del club, como tampoco de los directores técnicos que tras la firma del contrato deben ajustarse al final a la frase acostumbrada de “esto es lo que tenemos, lo toma o lo deja”.
He ahí razones por las que este semestre ha sido pobre el acompañamiento de la hinchada al equipo. La mínima adquisición de los abonos y la mínima presencia de público a los partidos de liga y de Copa Suramericana es fiel reflejo de lo que el plantel brinda como espectáculo y resultados. La afición sigue desconfiada y su desesperanza la refleja en el casi nulo acompañamiento.
Ojalá podamos aceptar que estamos equivocados. Ojalá podamos desengañarnos con resultados valederos que nos devuelva la ilusión a todos. Las apreciaciones- particularmente de quien esto escribe- se fundamentan en un trajinar que no es exclusivo de este segundo semestre, sino de lo visto hace bastante rato, vale decir en los últimos años.
Un equipo con verdaderas ilusiones de triunfar debe sentir el compromiso en toda competencia: Liga, Copa Nacional y Libertadores o Suramericana. Pero al no haber la consistencia para lograrlo, vamos cayendo como castillo de naipes y desde luego van apareciendo entonces las excusas de que la Copa no era prioritaria y luego el evento internacional tampoco. Finalmente argumentaremos que el interés exclusivo es la Liga.
Con lo mostrado hasta ahora, dudamos mucho nos pueda alcanzar para llegar a una final de Copa Suramericana. El juego lento en el traslado del balón, las repetidas e innumerables devoluciones cuando estamos en situaciones privilegiadas de ataque y la falta de decisión para rematar al arco nos pone de manifiesto la falta de seguridad en los propios jugadores, prefiriendo devolver el balón que arriesgarse disparando a la portería rival. En fútbol ganan los goles y si no se arriesga disparando al arco no pueden darse las anotaciones. Ojalá haya un cambio de mentalidad iniciando por el director técnico y que sea receptiva en los jugadores. Para que la ilusión renazca en la hinchada rojiblanca.