¡No nos quitarán la alegría de vivir..!
Los costeños, y particularmente los barranquilleros, nos caracterizamos por ser gente alegre, festivos, dicharacheros y amplios en nuestra forma de tratar con los demás. Somos, por naturaleza, entusiastas con todo lo que signifique deseos de vivir. Y no convivimos con el espíritu de agresividad y mucho menos con la violencia impregnada, desafortunadamente, en casi todo el territorio colombiano.
El agua dulce y serena de nuestro Rio Magdalena baña apacible y arropa nuestra idiosincrasia. Y la sal de nuestro mar Caribe nos imprime la energía que además nos identifica como seres emprendedores y trabajadores sin importar la canícula del sol a mediodía ni las nebulosas en tiempos de lluvias. Siempre para nosotros el sol es resplandeciente y las lluvias son baños refrescantes. Por muy dura que sea la jornada nos mostramos siempre optimistas, dispuestos y con la felicidad a flor de labios. Preferimos conservar nuestras viejas costumbres de peleas callejeras a puños, trompada y patada. No se nos es dado utilizar armas blancas ni de fuego. Estas, corresponden a mañas importadas que intentan cambiar nuestros pensamientos.
Es por todo eso, que hechos inhumanos como los del sábado pasado en la estación de policía del barrio San José no solo nos desajustan en la tranquilidad cotidiana, sino que nos repugnan hasta pronunciarnos severamente para condenar a los protagonistas del terror que creen humillarnos con sus actos sangrientos e inhumanos. Si bien es cierto que la guerra fratricida que nos ha corrompido a los colombianos por más de sesenta años no ha sido ajena a nuestro territorio caribeño, esa guerra y el mundanal ruido de rifles, pistolas y bombas la miramos siempre los costeños como propia de montañas y no de calles urbanas de nuestra ciudad. Nos gusta el baile y la fiesta, el ron y la cerveza en tiempos de Carnaval, pero igual empuñamos picos y palas para romper el cemento y canalizar esos temibles arroyos que, sin duda, han arrojado aquí más víctimas que las bombas y petardos de terroristas.
El execrable acontecimiento del populoso barrio San José que dejó huérfanos a familias de cinco policías, con secuelas a otras cuarenta y el corazón partido a los barranquilleros se nos antoja demencial, propia de mentes desequilibradas y envidiosas de terroristas que ejercen una filosofía equivocada en busca de la mal llamada “Justicia y equidad social”. Fuimos siempre y seguimos siendo defensores del “proyecto” que pretende una paz en el país. Y somos, del Presidente Juan Manuel Santos, defensores en ese quizás único estandarte enarbolado como su gran bandera de gobierno.
Se equivocan quienes creen que a los barranquilleros se nos puede someter con el horror y la violencia inhumana contra inocentes víctimas. Ni las FARC, ELN ni el paramilitarismo tendrán jamás el beneplácito y acogida de los barranquilleros. Somos ajenos a esta filosofía trastocada y despreciable de quienes la ejercen; esa misma filosofía que muchísimos años atrás pregonaba la igualdad y la equidad de derechos para la sociedad colombiana y que les merecía a sus protagonistas la simpatía de casi todo el pueblo. Hoy son repudio de todos por los caminos utilizados, degradando aquel principio filosófico de que el fin justifica los medios.
Se equivocan quienes creen que con bombas y petardos van a boicotear y dañar la alegría de los barranquilleros en su tradicional fiesta de Carnaval y la tranquilidad diaria. Esa alegría y ese bailao que por naturaleza es propia no nos lo quita nadie. Como nadie podrá quitarnos la felicidad y el bailao de un triunfo juniorista o de nuestra selección.
Hoy deberíamos precisamente estar comentando los quehaceres de nuestro Junior que la noche de este jueves en Asunción medía fuerzas frente al Olimpia en Copa Libertadores. Ese recuento de opinión y comentarios vendrá horas más tarde tras el duelo copero. Ahora en cambio, no podemos ser ajenos al momento triste que nos embarga por la “masacre” de los policías de la estación de San José. Hoy, como siempre, y más que nunca nos mantendremos alerta para evitar otros abominables atentados como el también cometido en el municipio de Soledad.
Hoy más que nunca los barranquilleros tendemos la mano amiga a las autoridades de policía para denunciar a los criminales portadores del terrorismo y enfrentar con toda las ganas a esos desequilibrados mentales sea cual sea su orientación. Porque así como nos mostramos en amplia sonrisa y saludamos con mano extendida de amigos a quienes nos visitan, así mismo estamos listos para rechazar y gritar ¡Fuera! a nuestros enemigos. Porque, como es ya una sentencia nacional, en Colombia y Barranquilla, “Los buenos somos más”. Y, ¡nadie, nos va a quitar la alegría de vivir..!