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¡No está muerto el que pelea!

“La sacamos barata”, decían los hinchas del Junior al término del partido ante Nacional. Manifestaciones enmarcadas en medio de tristeza  y desaliento. El 1-1 si bien no es una derrota total, nos deja en ínfimas condiciones para cerrar la serie frente a los antioqueños.

La semifinal entre los dos más enconados rivales de los últimos dos años: Junior y Nacional, parece cerrarse a favor nuevamente de los paisas. La ventaja que dio el onceno barranquillero al no sacar provecho en su localía, pareciera alejar más y más las posibilidades de  la octava estrella.

Frases como “debemos darnos por bien servidos” y ”nos salvamos de una goleada”,  han sido quizás las más escuchadas en las últimas horas en la ciudad y sus alrededores. Razón no falta. Porque si bien Junior no fue capaz de sacar ventaja en el Estadio Roberto Meléndez, el Nacional tampoco supo sacar provecho de las incontables oportunidades de haberse ido con un marcador amplio y generoso que le hubiera colocado casi en la línea final.

Junior lució totalmente desconocido. Apático. Sin deseos de pelear. Casi que entregado y deseoso quizás de ver transcurrir el tiempo, como pidiendo clemencia frente a un rival que lo maniató y lo manoseó cuando quiso. No podemos desconocer que en el juego anterior frente a Millonarios, el desgaste fue grande, en la altura bogotana y poco tiempo para la recuperación física. Pero ¿acaso Nacional también no ha tenido un desgaste enorme con tantos juegos en Copa Libertadores? Una cosa por otra. Pero Junior contaba con toda su plana titular. Nacional acusa la ausencia de varios de sus titulares. Allí debió radicar la diferencia a favor de los “Tiburones”. Pero no fue así. Por el contrario, las condiciones las impuso el visitante. Mejo, Junior dejó que su rival se apoderara de la cancha.

Y, como el año pasado cuando Nacional nos goleó 4-0, también esta vez Junior se dedicó a ver jugar al contendor; le cedió todos los espacios, le entregó el balón y dejó que el rival hiciera la fiesta.  Lo más sorprendente fue la parsimonia de jugadores llamados a marcar diferencias como Ovelar, Vladimir y Aguirre. Esos primeros 45 minutos fueron los más desastrosos que se le haya visto al equipo. Nacional fue el gato jugando con el ratón al que perdonó en varias ocasiones.

El consuelo que queda es que no se perdió. Aunque mucha gente cree que ya no hay nada que hacer, que la eliminació0n está a la vuelta de la esquina y que este sábado se desnudarán nuevamente las falencias rojiblancas. La falta de un verdadero organizador en el medio, de una férrea defensa y de verdaderos atacantes con vocación de gol en el frente. Pero también existe el optimismo y la fe del leproso. Todo está en contra: el rival, la condición de local, el aliento de los hinchas y sin duda la marcada parcialidad de los árbitros hacia los rivales del Junior; y más si se trata del  Nacional, el mejor protegido de los clubes por parte de la Dimayor.

Esta vez no fue la demora del técnico Alexis Mendoza en los cambios. Esta vez fue la desmotivación de todo el plantel. Acusando o no, la falta de estado físico, como aduce el técnico, quien sin embargo se esfuerza en invitar a todos a no dejar de creer, a mantener el optimismo y la fe de cosas buenas por llegar.

No queda más que hacer un esfuerzo extra,  ese plus del boxeador con hambre de ser campeón. Ese mismo plus  es el que le pide la hinchada costeña al Junior. Sí, es complicado, muy difícil con todo en contra. Pero aún así, nada es imposible. Y Junior tiene por costumbre después de hacer sufrir, levantarse para lograr lo que  pretende. Ojalá este sábado se pueda repetir esa creencia.