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¡Ni ingenuo ni sobrador!

Terminada la fase eliminatoria, es el momento -creo- de hacer reflexiones y sacar conclusiones sobre lo que se debe y no se debe hacer. Me refiero a nuestro equipo Junior que cerró, aunque con preocupación, en el primer puesto de la clasificación. Empatado con Santa Fe con 39 puntos pero mejor posicionado por diferencia en goles.

Reflexiones y conclusiones que puedan permitir llegar a la aspiración máxima como es la conquista de la octava estrella. Y en ese orden de ideas, es importante tener en cuenta dos consideraciones: una, no creerse que somos los mejores y que ya el título nos pertenece. Segundo, en esa misma “creencia” no sabernos superiores y por ello mostrarnos sobradores como es la percepción que se tiene  tras algunos de los últimos partidos en los que teniendo muchas oportunidades de gol, se han escapado puntos tanto de visitante como de local. En algunos pasajes, los jugadores han parecido conformes con el toque-toque y manejo del balón, con devoluciones innecesarias desde la línea de ataque a la del medio y desde esta a la defensa, lo que le da respiro y aliento a los rivales para maniobrar en contra del arco del Junior.

Junior en ese sentido se muestra como un equipo conformista, creyendo que con diferencia de un gol tiene asegurado el triunfo. Si bien es importante manejar el balón y dominar los espacios, el fútbol productivo indica que hay que hacerlo hacia adelante, buscando el arco rival y rematando las oportunidades. Desperdiciar tantas posibilidades pretendiendo llegar siempre hasta el final con el balón pegado al botín nos ha dejado amargas experiencias. Casos como el de Santa Fe, Tigres y Patriotas por citar apenas estos últimos, nos restaron la posibilidad de haber acumulado un mayor puntaje de antemano y de manejar más cómodamente la nómina del club.

Es equivocado creer que somos el mejor equipo del fútbol colombiano como lo afirmó el técnico Diego Umaña y como lo creen muchos especialistas y críticos deportivos. Si así fuera, no tendríamos que haber padecido tanto parta llegar al primer puesto en la tabla. Y no ceder puntos ante rivales de menos peso futbolístico como Patriotas, Tigres y Pasto.

Además, con el transcurrir del torneo, los rivales nos fueron tomando la medida y saben que quitándonos espacios y presionando en cada zona, nos restan capacidad de dominio. Junior ha dado muestras de ser conformista y los contrarios lo saben bien. Se nos olvida que los partidos terminan después de los 90 minutos,  con el pitazo final del árbitro.  Por eso caemos fácil presa y permitimos anotaciones en los últimos minutos y en los minutos de descuento. Si bien técnicamente podemos salir de la línea defensiva con manejo del balón, hay ocasiones en las que es preferible rechazar fuerte, hacia cualquier parte y ganar tiempo mientras los jugadores se reacomodan en sus posiciones. En esto, Junior ha mostrado ser ingenuo, y como resultado se han permitido goles contrarios cuando todo parecía definido a su favor.

Es indudable que la campaña exitosa en la que ya se registra el campeonato de la Copa Águila nos muestra nacionalmente como el de mejor rendimiento; podríamos decir que el mejor de Colombia. Pero las derrotas  ante equipos de menor consideración nos debieran alertar en nuestra creencia. Especialmente por la etapa que se viene. La serie semifinalista para llegar a la gran final no será nada fácil. Mucho menos para Junior. Porque cada  contrario se preparara con mucho más cuidado para dar la sorpresa al que se considera el mejor. Estamos en la mira de los otros siete clubes clasificados. Y no podemos dejar de lado que en cada duelo debemos ser convincentes, no solo ante cada rival sino ante los propios árbitros, porque tratándose del Junior, hasta los árbitros nos pasan cuentas de cobro.

No pretendemos ser pesimistas; mucho menos desilusionarnos con lo que parece estar bastante cerca como es la octava estrella. Pero sin duda, queremos sí,  hacer un llamado de atención tanto al cuerpo técnico como al plantel de jugadores. Muchas veces, como dice el refrán, “en la boca del horno se quema el pan”. 

Sería triste y desilusionador que lo que con tanto esfuerzo se ha logrado a lo largo de la campaña semestral  se pueda venir abajo por alguna distracción de la que hemos señalado. Junior no puede darse el lujo de ser ¡ingenuo ni tampoco sobrador!