Share:

Nairo y Egan

Egan Bernal logró la victoria más importante del ciclismo colombiano, desde que este se hizo conocer en el ámbito europeo e internacional. Ser campeón de la carrera por etapas número uno del mundo, el Tour de Francia, no es cualquier cosa.

Podría decirse, según los expertos, que todos los astros se alinearon para el triunfo del nuestro: el accidente que eliminó a Chris Froome poco antes del inicio del Tour, el hecho de que Geraint Thomas, campeón defensor, no anduviera tan fuerte y, desde luego, las condiciones de Egan.

Cabe destacar que si Froom participa en esta edición del Tour de Francia, el lugar de Egan dentro del equipo INEOS habría sido el número tres, ya que por encima de él hubieran estado Froom, la superestrella, y Thomas, el campeón del 2018. En este contexto, Bernal  actuaba de gregario, como ocurrió el año pasado, y así era muy difícil que triunfara.

Pero las circunstancias de la vida provocaron que él, en este Tour, fuera el segundo con opción de ganar en su club, y todo ocurrió a pedir de boca para sus intereses y los del deporte nacional, a tal punto que el premio a su fortaleza y a su inteligencia fue el campeonato en la vuelta más importante del planeta.

Egan Bernal es, quizás, un campeón prematuro del Tour, si nos atenemos a la proyección de su carrera, que han organizado el INEOS y él mismo. Este corredor excepcional encontró una oportunidad de oro y la aprovechó al máximo, y es hoy, para felicidad de todos, la nueva estrella del pedalismo nacional y, quizás, en el futuro será un gran referente del ciclismo internacional, como todavía lo es Nairo Quintana.

A Nairo le han caído, muy horrible, quienes esperaban verlo campeón del Tour. Parece ser que él y su equipo se pusieron una estaca de presión demasiado alta al repetir y repetir, desde el año pasado, que ganarían esa prueba. Muchos no le perdonan que haya desfallecido en los momentos cruciales, y que ocupara un puesto secundario fuera del podio.

Aquí ocurre lo que siempre ocurre con los héroes deportivos (y con otros héroes): la gente siempre les pide más porque los percibe como súper hombres, y porque ellos expresan, de manera subliminal o explícita, los deseos de victoria y superioridad que todos llevan dentro.

Cuando el héroe no responde a las expectativas que ha creado, la consecuencia es la frustración de los fanáticos, y esta se puede convertir en agresividad, como ha sucedido en el caso de Nairo, a quien han transformado de estrella indiscutible… en un pobre blandengue que no sirve para nada.

Más allá de la frustración que provoca la irregularidad del ciclista, cabe detenerse a pensar en que el ciclismo de alta competencia es uno de los deportes más duros de cuantos existen, y que un héroe nacional, como lo es Nairo, compite con rivales fuertes que también quieren ganar, y que él, como cualquier otro ser humano, puede desfallecer por diversos motivos.

No es posible justificar por qué no ganó, pero la caída que tuvo y el ambiente interno de su cuadro, conspiró mucho en su contra. A diferencia de Egan, que fue muy bien arropado por su club, no tuvo ningún inconveniente físico y, en los momentos decisivos, lo dejaron convertirse en el número uno, porque andaba mejor que Thomas.

Nairo tenía una disputa interna por el liderazgo, disputa que Landa contribuyó a abrir aún más. Aunque parezca mentira, estas situaciones crean inseguridad en el deportista, lo cual puede incidir en su rendimiento, más en unos que en otros.

Pasar de ser la estrella indiscutible a compartir el liderato con un ciclista español (en un equipo español), tal vez le pasó factura a Nairo, al lado del asunto de la preparación adecuada. Estas son variables visibles e invisibles que integran el asunto de la mentalización de un atleta para competir.

La frustración de muchos con Nairo Quintana lleva a olvidar que es, todavía, el mejor ciclista colombiano de todos los tiempos, según las estadísticas. Las tres mejores carreras por etapas del mundo son el Tour de Francia, el Giro de Italia y la Vuelta a España, y él ya ganó estas dos últimas.

Fue el pedalista colombiano más joven (22 años) en ser subcampeón del Tour, y el primero de todos nuestros escarabajos en conseguir ese segundo puesto. Fabio Parra había sido tercero en una ocasión. Fue el segundo ciclista en ganar la Vuelta a España, después de Lucho Herrera.

Y fue el primer colombiano en conseguir el Giro de Italia, donde hizo moñona, al lograr varias camisetas, aparte de la del campeón. Es, hasta ahora, el ciclista que más ha levantado la autoestima y las emociones nacionales (al lado de Lucho Herrera, Fabio Parra, Martín “Cochise” Rodríguez y Egan Bernal, especialmente), y todavía tiene cuerda para soltar.

No parece que esté acabado, como han sugerido algunos, si tenemos en cuenta el hecho de que no ha sufrido lesiones graves y, aunque ha perdido explosión en las subidas, sigue siendo uno de los referentes importantes del ciclismo mundial, si nos atenemos a sus cifras de los últimos años. El cambio de equipo quizás le caiga súper bien.

Todos los grandes campeones tuvieron altas y bajas. Eddy Merckx, quien barrió en las tres grandes (y quien es considerado el Pelé del ciclismo), también perdía estando en la cúspide de su carrera. Y compitió hasta varios años después de pasar los treinta abriles. Alejandro Valverde se da el lujo de participar en las más importantes carreras muy próximo a los cuarenta años, y hace poco se coronó campeón mundial de ciclismo.

Nairo Quintana está en los veintinueve años, y ya hay gente que lo quiere jubilar o que considera que debe retirarse, como consecuencia de que no ganó en el Tour. Nada de eso. Puede dar mucho más y sabrá sorprendernos con otro gran triunfo, si las condiciones se le dan.

Lo cierto es que Egan Bernal es la nueva estrella en ascenso del ciclismo nacional y mundial, condición que deberá seguir probando de aquí en adelante. Es casi seguro que se consolidará como el mejor, pues posee las condiciones naturales propicias, exhibe una gran fortaleza mental (a pesar de su juventud), y recaló en un equipo que lo trata como un diamante en bruto.

Nairo tendrá en Egan un relevo excepcional, cuando le llegue la hora del retiro. Pero en ese momento (si Bernal logra todo lo que esperamos que logre), no es adecuado echar al cesto de la basura toda su gesta deportiva por un fracaso momentáneo.

No hay que olvidar que nuestros ciclistas son seres humanos, con fortalezas y debilidades, que compiten en las mejores pruebas del mundo con pedalistas de gran nivel que también desean ganar. Si ganan, nos entregan gran felicidad, pero si pierden… hay que entender que no son invencibles.

Egan Bernal, gran campeón del Tour de Francia, nos ha entregado la mayor alegría en materia de ciclismo. Nairo Quintana, el mejor ciclista nacional aún vigente según las frías estadísticas, nos ha hecho vibrar en el pasado y nos hará vibrar otra vez en el futuro.

Estos son los dos mejores representantes del ciclismo nacional, y deberemos tratarlos con respeto y consideración, en las buenas y en las malas. Porque la frustración y el deseo de ganar no pueden borrar del recuerdo todo lo maravilloso que han sabido regalarnos.