¡Nadie ganó, todos perdimos!
Con el convencimiento de habernos equivocado-concepto personal- los colombianos que negamos la posibilidad de refrendar los acuerdos de paz, estamos ahora dando carreras para que el país alcance la meta que por más de 52 años nos hemos negado.
Tal pareciera que los propios promotores y defensores del ‘No’ estuvieran con arrepentimiento de la “victoria” que muestra la polarización en la que nos metieron los grandes jefes de partidos políticos del Centro Democrático y del Conservador. Después de haber sacado pecho y anunciar con trompetas y tambores el triunfo, esos mismos personajes del ‘No’ acudieron a Casa de Nariño para que el Presidente Juan Manuel Santos se someta a sus propuestas que deberá presentar a las FARC en un mal llamado Nuevo Acuerdo.
Mientras el ex presidente Álvaro Uribe Vélez se negó a cualquiera cita con el mandatario colombiano cuando se estaban en las negociaciones, tres días después del plebiscito el ex mandatario solicitó y acudió presuroso al Palacio presidencial. Pero no lo hizo solo, sino acompañado de sus acolitados y defensores de su mismo pensamiento. El senador Duque, la ex ministra Martha Lucía Ramírez y del nunca bien recordado y principal escudero Ordoñez.
Los resultados de aquella reunión como la de Santos con el también ex presidente Andrés Pastrana sigue siendo un misterio. Las partes después de cinco horas de dimes y diretes, lo único que han manifestado es que existe la voluntad de ambos bandos para buscar solución al gran problema.
Pero concretamente no se han dado a conocer los puntos de acuerdos que serán presentados a las FARC. Incluso, dirigentes políticos como Armando Benedetti, y el presidente del partido Liberal, han dicho que tales reuniones del miércoles fue una perdedera de tiempo porque no se llegó a ningún consenso.
Sea cual fuera las razones de quienes defendieron el ‘Sí’ y los “vencedores” del ‘No’, lo cierto de todo es que el plebiscito nos mostró la división política del país. Con quienes intentaron acabar con una guerra intestinal de más de medio siglo y quienes por el contrario prefieren que sigamos sumidos en esa lucha fratricida que acumula más de 8 millones de damnificados y miles y miles de muertos.
Bajo el argumento de que lo que se pretende es modificar los acuerdos, los ganadores del ‘No’ han adelantado ahora la campaña de que sí quieren la paz. Afirmar que quieren la paz cuando impusieron a capa y espada la negativa por alcanzarla, no es más que una ironía que pretende mostrarlos a ellos como los grandes salvadores de Colombia. Quedará en sus conciencia, tal como lo han manifestado las verdaderas víctimas de la guerra. La negativa de esa gran oportunidad perdida se pretende ahora mostrar como las razones para que el país llegue al sueño anhelado.
Los llantos de hombres y mujeres de los campos sorprendidos por quienes promulgaron el ‘No’, es la felicidad que llena el alma de quienes se mostraron indolentes ante la desgracia ajena. Cuando se promulga el perdón y la misericordia, el pueblo colombiano ha preferido seguir castigando a los más sufridos. A esas miles y miles de víctimas, en vez de tenderles la mano, los triunfadores del ‘No’ le aplicaron aquel adagio popular de “Al caído, caerle”. Los colombianos hemos sido inconscientes, indolentes e indiferentes. No nos importó ni nos importa la suerte de nuestros compatriotas, porque preferimos creer que mientras no sea conmigo no me importa el otro.
Los promotores y defensores del ‘No’ ni siquiera han presentado sus reparos, no han mostrado propuestas que pudieran tomarse en cuenta en las posibles reformas que pretenden. Los grandes jefes políticos alimentan su ego personal para demostrar que tienen más poder que su contrincante. Soberbia de unos y otros, que solo han dejado como huella inocultable la división de los colombianos, tal como quedó reflejado en el plebiscito.
Las muchas marchas en ciudades importantes de miles de estudiantes y universitarios que no votaron y que hoy con carteles y pendones marchan invadiendo las callesmmientras revientan sus gargantas, son tan incoherentes como las peticiones de Uribe pidiendo protección para la guerrilla, como Pastrana afirmando que los 99 por ciento de colombianos que votaron por el ‘No’ quieren el ‘Sí’, como incoherente la ex ministra Marta Lucía Ramírez proponiendo lo mismo que está en los acuerdos y como el ex procurador pidiendo que se mantenga el cese bilateral del fuego.
Incoherentes y cínicas manifestaciones y posiciones de quienes con campañas plegadas de propagandas engañosas “convencieron a incautos colombianos” que dieron el No y que hoy pregonan que quieren el Sí de la paz.
El balón, como reza en el argot futbolero, está en el campo de las FARC, que espera la propuesta del rival; para proponer quizás como contraataque, que en las mismas reformas se contemple el castigo a la impunidad y la corrupción.
Siempre fui un convencido, como lo decía el eminente escritor y novelista José María Vargas Vila, que “es más vil darse un amo que soportarlo”; pero esta vez, creo que la vileza está de parte de quienes negaron el voto y de quienes con el voto por el ‘No’, prefirieron seguir dándose el amo que sigue esclavizándonos y negándonos la paz que anhelamos, pero que tal vez, no merecemos.