¿Nacional es Colombia en la Copa?
Atlético Nacional acaba de llegar a la final de la Copa Libertadores de América, después de una excelente campaña plagada de dificultades. El equipo de Medellín dejó en el camino a cuadros de Argentina y Brasil, las dos potencias suramericanas.
El onceno colombiano cuenta con jugadores de primer nivel y con un cuerpo técnico de talla internacional, encabezado por Reynaldo Rueda. En su plantilla hay futbolistas de casi todo el país, donde no faltan los costeños, entre los cuales el más conocido es Macnelly Torres.
Es cierto que el pasado del equipo contiene lunares escabrosos, como la presencia de Pablo Escobar entre sus apoyadores. Es cierto también que sobre sus actuaciones anteriores existe una sombra de duda a raíz de la influencia del narcotráfico en la probable compra de árbitros y en la supuesta definición de partidos.
Pero ese es un asunto relacionado con Nacional y con muchos otros cuadros, en una época en que las mafias influían en el mundo del fútbol. Esto no justifica lo ocurrido con el onceno paisa, sino que nos ayuda a comprender el contexto general en que se produjo un fenómeno de corrupción inducido por el narcotráfico, el cual se extendió a muchas instituciones del pais.
Todos los equipos necesitan de los aportes de la empresa privada o del Estado para funcionar, pues los ingresos por taquilla son insuficientes para sufragar los gastos. Si se revisa la camiseta de los clubes o las vallas ubicadas en los estadios, se notará que exhiben publicidad de los patrocinadores. Esto es normal en Colombia y el exterior.
Algunos fanáticos de otros clubes le tienen bronca a Nacional porque ha derrotado al onceno de sus amores, un sentimiento por demás comprensible. Otros no aceptan al equipo paisa porque, supuestamente, representa a un conglomerado económico nacional cuestionado por poseer medios de comunicación donde se ataca el proceso de paz.
Una mezcla de sectarismo ideológico y regionalismo está en la base de la posición de ciertos fanáticos que han convertido a Nacional en la bestia negra del fútbol colombiano, por sus vínculos con el fantasma de Pablo Escobar y por el patrocinio de un importante grupo económico.
Creo que hay mucho de exageración e injusticia en la actitud de esas personas que por seguir a otros oncenos, por motivos ideológicos o regionales o por cualquier otra razón oculta, le niegan a Nacional lo que le obsequian sin ningún prejuicio a otros conjuntos de otras ciudades o regiones del país.
Destaco estos asuntos por lo que ocurre en las redes sociales. A propósito de la final de la Copa Libertadores de América, escribí en una entrada que Nacional era Colombia en ese torneo. De inmediato llovieron las respuestas de los hinchas de otros equipos y de personas que no estaban de acuerdo con mi anotación, por razones diversas y complejas.
El odio que nos separa desde hace tanto tiempo, como secuela de la guerra, se filtró en los análisis de algunos que detestan al onceno paisa porque no es su equipo, o porque ahí estuvo Pablo Escobar, o porque ese club es patrocinado por el Grupo Ardila Lulle.
Yo no creo que la gente de Pablo Escobar tenga ya nada qué ver con las directivas de Nacional (por simple sustracción de materia), ni tampoco veo posible que el patrocinio de las empresas de Ardila Lulle determine la manera como Rueda arma su escuadra u organiza a los jugadores en el terreno.
Es más: ni el fantasma de Escobar, ni el poder económico del sponsor principal, ni el hombre del maletín definen los triunfos o las derrotas de este onceno, porque eso no depende de ellos sino del esfuerzo de los jugadores y del cuerpo técnico.
Más allá del fanatismo y del odio que le niegan a este equipo lo que otros oncenos sí reciben sin mayor dificultad, Nacional es Colombia en la Copa Libertadores. Es Colombia en el sentido de que representa a nuestra nación en ese torneo internacional, a pesar de la inquina de que es objeto.
Que todos no estemos de acuerdo con este hecho no niega el hecho en sí. Es decir, muchos fanáticos de Junior, de Millonarios y de otras instituciones del país rechazan a Nacional por motivos comprensibles, pero eso no elimina la circunstancia de que el único onceno que llegó a la final de la Copa fue el conjunto paisa.
El Independiente del Valle no puede ser Colombia, en el sentido que analizamos, porque es de Ecuador. Lo mismo cabe decir del Boca Juniors, en el supuesto de que este hubiera sido el rival. La final es entre dos oncenos que no son de Inglaterra o de China, sino de Colombia y de una república vecina.
No hay nada de nacionalismo ni patrioterismo vacuo en lo que escribí en mi entrada; solo el reconocimiento de un hecho indudable, como es el de que se trata de un equipo colombiano que representa al país en un torneo internacional, precisamente porque no es de Bután o del Congo.
Algunos han estirado tanto la cuerda de su animadversión contra Nacional que han colgado memes, entre iracundos y mamagallisticos, en que anotan que Independiente del Valle sí es Colombia. Otros se han atrevido a sostener que Colombia no existe porque todavía está en construcción, y si no existe ¿cómo puede ser representada por Nacional?
Esta última exageración es más del resorte de los historiadores que de los fanáticos del fútbol. Pero retrata el tamaño de la rabia que se guarda contra ese equipo, la cual ha sido influida por el conflicto militar, por las discrepancias ideológicas, por el regionalismo y por la pasión del hincha.
Si le buscamos todos los burros muertos del pasado a los equipos nacionales, de seguro que abandonaríamos asqueados el fútbol. Es imposible gozar las buenas jugadas, la habilidad de los jugadores y la inteligencia de los técnicos cargando el fardo de la historia oscura de cada institución. El moralismo ideológico nos llevaría, con seguridad, a no divertirnos más en los estadios o a sacar la metralleta para acabar con ese horrible mundo.
Nacional no es lo que era hace algunas décadas. Cuenta con jugadores de excelente calidad y con un técnico experimentado, que es una reserva indiscutible para futuras selecciones Colombia. Además, realizó una importante gesta para alcanzar la final de la Copa Libertadores.
Como juniorista que soy (y también como costeño) no me cuesta ningún esfuerzo reconocer que Nacional es Colombia en la Copa. Eso no elimina mi calidad de barranquillero y seguidor de Junior, pero sí refuerza mi condición de colombiano, lo cual tampoco puede ser visto como un pecado mortal.
Nacional es Colombia en la Copa del mismo modo que Once Caldas lo fue en otro tiempo. ¿Por qué negarle al equipo paisa lo que, sin problemas, le hemos otorgado a otros oncenos, aun pasando por encima de nuestros prejuicios y de nuestro odio?