México: La importancia de esperar lo mejor
La semana pasada el suelo de México se sacudió. Por segunda vez en dos semanas los mexicanos se enfrentaron a la zozobra de no saber qué piso se va a caer, bajo qué techo se puede dormir o si en la noche habría que levantarse a correr. En el primer temblor, con epicentro en la costa de Chiapas, perdieron la vida alrededor de 90 personas; en el segundo, ubicado en el central estado de Morelos, la cifra de muertos ya llega a 324. Casi medio millar de personas cuyas vidas fueron sepultadas de un momento a otro, muerte inesperada, como solo la muerte puede ser.
Poco se puede decir o hacer ante la calamidad, ¿reflexionar sobre lo que pudo ser diferente? En retrospectiva todo parece mejor, al final siempre se sabe lo que se debe y no se debe hacer. A los mexicanos la retrospectiva del terremoto del 85 les duró años, los 12 mil muertos que dejó aquel evento, profundamente arraigado en la historia del país, superan por mucho los de las calamidades actuales y, sin embargo, es cierto que algo había empezado a gastarse ya.
Los casos de corrupción que asoman entre las ruinas, los muertos que habrían podido evitarse, lo que se pudo hacer mejor… siempre habrá algo qué pensar, algo que cambiar y cambiará, pero nunca será suficiente, no se puede alcanzar la perfección. Ante esto los mexicanos han reaccionado de la única forma en la que se podría reaccionar: se han cargado el país a los hombros, se han ayudado a continuar.
Apenas unas horas después de que se empezaran a conocer las primeras imágenes de la tragedia y las personas empezaran a entender la dimensión de lo ocurrido, las muestras de solidaridad inundaron las redes sociales. Civiles convertidos en héroes, sin pensarlo mucho, lanzándose a ayudar, en masa, al cantar de las rancheras que tanto han calado en el corazón de Latinoamérica -especialmente a Colombia- por décadas. No sería arriesgado asegurar que en esas primeras horas México le puso la piel de gallina al mundo.
Lo que siguió después fue la consecuencia de ese primer momento. Los medios empezaron a vender la noticia de la tragedia como un ejemplo de fuerza y colaboración entre personas ‘echándole huevos’ y las personas se convencieron. A veces importa más lo que un pueblo espera de su gente que lo que las estadísticas y noticias digan de ellos mismos. México, un país azotado por muchos de los mismos males con los que en Colombia convivimos a diario –corrupción, inseguridad, narcotráfico- encontró un propósito y un rostro distinto a aquel con el que se había acostumbrado a mirarse.
Mientras tanto en Colombia hemos vivido nuestra propia semana trágica, plagada de casos de corrupción. El escándalo de la Corte Suprema de Justicia, que ya ha tomado dimensiones inusitadas; los candidatos oportunistas que ya empiezan a mostrar sus fórmulas populistas para las presidenciales; un par de homicidios escabrosos y un paro de aviadores que tiene parado a gran parte del país. La pregunta es ¿qué esperamos de nosotros, necesitaremos de un terremoto, que se nos caiga la casa para empezar a reconstruir? Espero que no.
Mis mejores deseos van para México, donde desde hace tiempo se encuentra un pedazo de mi mente y mi corazón. Un pueblo valiente con el que compartimos mucho y que, seguramente, estará pronto en pie, dando ejemplo al resto de la región.