¿Merecemos ser la sede de Los Juegos Nacionales 2019?
En una carrera desenfrenada, casi deseperada, la dirigencia administrativa y deportiva de la ciudad y el departamento, acudirán este viernes 26 de febrero a la capital del país en busca de la sede para los Juegos Nacionales de 1919. Pareciera ser momento cumbre para una celebración anticipada, como si se tuviera la seguridad de triunfar en dicha competencia.
La última vez que Barranquilla y el Atlántico fueron sede de Juegos Nacionales fue en 1992. Por entonces el deporte de nuestra ciudad y departamento gozaba todavía de algún prestigio de capacidad competitiva y se tenían expectativas de buenas cosechas de medallas y éxitos en distintas disciplinas. Hoy en cambio, veinte años después de aquellas justas donde Atlántico, fue por ejemplo en fútbol superada por Valle en gol diferencia para el título de campeón, nos avergonzamos de que rivales como Córdoba nos den sopa y seco ganándonos repetidamente en distintas categorías futbolísticas,
Nuestros deportistas han sido relegados a posiciones últimas a tal punto, que hasta Risaralda, Quindío, Santander y pare de contar, nos superan en competencias que otrora estaban casi que notariadas para los atlanticenses.
Hoy, peleamos por conseguir una sede de los juegos, disputándole a Bolívar un derecho adquirido con su cuarta posición de los pasados y recientes juegos nacionales. Clara demostración de una superación intrínseca que congrega no solo deportistas, sino también la dirigencia del vecino departamento en abismal contraste a la del Atlántico, dormina hace tiempo en sus propios laureles.
¿Cuál es el afán desesperado? Dicen quienes no comulgan con esa insistencia para que Barranquilla sea la sede de esos juegos del 2019. ¿Acaso tenemos deportistas para competir de tú a tú con los rivales de Antioquia, Valle, Cundinamarca, Santander, Bolívar entre otros? Apenas el año pasado en los juegos que tuvieron múltiples sedes del interior, nos desnudaron vergonzosamente y nos colocaron por allá en el puesto 18 con apenas 4 medallitas de oro que no sirvieron siquiera para sostener la previsión de nuestros dirigentes que pronosticaron no menos de 13 medallas doradas.
Existe sí, creo yo, una base para pensar que podemos realizar exitosamente esos juegos: los escenarios deportivos. Para la fecha (2019) podemos tener un excelente estadio de beisbol, un modernísimo Coliseo polifuncional para boxeo, lucha, gimnasia, baloncesto, fútbol sala etc.; contaremos con una moderna cancha para tenis, voleibol, y, seguramente tendremos en plenitud la pista del atletismo en el estadio Roberto Meléndez o quizás ya se haya construido la verdadera y necesaria pista de atletismo ajena al estadio de fútbol.
¿Hariamos la fiesta para disfrutarla como dueños de casa o para que otros nos la bailen, mientras nosotros debamos escondernos en el patio en medio de la vergüenza?
Sí, posiblemente ya tendremos todos esos bellos y modernos escenarios. Claro dependiendo y creyendo en la buena fe y voluntad de quienes han prometido hasta el cielo con dichos nuevos escenarios que nos comprometen con los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1918.
Pero, ¿Y la materia prima? ¿la capacidad humana competitiva? Será posible que en tres años podamos preparar adecuada y atléticamente a nuestros deportistas. O será que nos interesa más mostrar al país los modernos y funcionales escenarios deportivos para sentirnos orgulloso ante la fas nacional importando poco o nada que en lo deportivo seamos o no los mejores?
¿Haremos la fiesta en nuestra propia casa para que los visitantes la disfruten mientras nosotros los dueños nos escondemos de avergonzados en el traspatio de la casa?
No es que quisiéramos ser pesimistas, ni que seamos opositores de un proyecto que durante dos o tres semanas nos pueda colocara en epicentro de atención nacional. Tampoco que seamos negativos en una causa que se cree tiende a ser favorable a nuestra ciudad y departamento. Pero si nos asalta el temor de que no podamos cumplir con el compromiso. Si después de un año de haber sido escogidos como sede de los Juegos Centroamericanos aún no se acometen obras en construcción de nuevos escenarios y como la costumbre es que casi nunca se cumpla con los compromisos, no podemos dejar de creer que para los Juegos Nacionales pueda suceder igual.
Y ¿será que nuestros deportistas van a ser preparados convenientemente para competir, cuando la experiencia nos enseña que en los últimos años ni siquiera para hacer llamadas telefónicas los deportistas tenían dinero y debían mendigar a colegas de otras delegaciones? El deporte de Barranquilla y el Atlántico es el último eslabón al que se determina por nuestras administraciones y dirigencia deportiva. Las promesas en campañas electorales de hacer del deporte un ícono representativo de nuestra región son y han quedado solo en eso, en promesas.
Nos gustaría sí, tener el convencimiento de que nuestra ciudad semejando aquel principio Chileno para el Mundial de Fútbol de 1962 de que “Porque nada tenemos, lo haremos todo”, así podamos cumplir con esa responsabilidad. Debería ser ese el gran argumento de nuestros dirigentes y administradores. Chile cumplió, el Mundial de 1962 fue un éxito y para los australes su tercer puesto en el campeonato fue la mejor respuesta. Pero hasta ahora, por ningún lado ni en ningún momento, hemos escuchado compromiso similar de nuestra dirigencia.