Media tarea se hizo: falta la otra media
El comentario de este viernes lo había dejado de antemano para después del partido Junior vs Nacional del miércoles en el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez. Había un pálpito de victoria rojiblanca como quizás lo presentían los barranquilleros todos.
En una gran final como la de este momento entre dos equipos casi iguales futbolísticamente las predicciones pueden resultar muy difíciles. Porque si bien la localía otorga una evidente ventaja, en la cancha las cosas pueden ser distintas, acorde con la disposición o estado anímico de los contendientes. Lo importante –dicen los entendidos- es sacar avante el compromiso. Desde luego entre más amplia la ventaja en goles, mucho más próximo al objetivo trazado como lo es el título de campeón.
Junior tuvo su momento y lo aprovechó. Dos goles en menos de 25 minutos le mostraban como dominador absoluto. Momento que debió ampliar por lo menos con otra anotación en los primeros 45 minutos. Pero entendiendo que el rival tampoco es un pintado en la pared, había que tomar precauciones. Si bien procurando ampliar la diferencia, debía guardarse cautela para no cometer errores que pudieran comprometer el triunfo parcial.
Es una diferencia muy corta, remontable, de apenas un gol con el que acude a la cita el Junior. El domingo será en el Atanasio Girardot con más de 40 mil personas y con un ambiente que le será totalmente adverso al onceno caribeño. No nos sorprenderá la hostilidad de los hinchas antioqueños. Tampoco será desconocida la antesala y el desarrollo del partido. Ya en el 2004 Junior fue víctima de toda la artimaña que se le armó para impedirle que se coronara campeón. Hasta el árbitro central Óscar Julián Ruiz fue “presa fácil” de la presión a que se le sometió para que Junior no jugará con su camiseta tradicional (roja y blanca) sino con una de entrenamiento de color amarillo.
Y después de 90 minutos de todo sometimiento y con la bolsa llena de goles (5-2) el equipo costeño entendió que todo llega al final cuando se llega, como en el béisbol con el último out del último inning. Y en la definición desde el punto penal, Junior fue mejor y se coronó campeón.
La historia parece repetirse, con la diferencia en que la ventaja rojiblanca es apenas de un gol. Los paisas están convencidos de que es totalmente remontable y que en el Atanasio, Nacional remontará tal como sucedió frente al Medellín en la semifinal.
En Junior, todos saben que a Medellín hay que ir con todas las precauciones del caso, pero sin temor, sin creer que el “Goliat acabará con el David”. Sabiendo que en la cancha son once contra once, con oídos sordos y ojos ciegos a las tribunas para no escuchar sandeces ni improperios ni ver los rostros de gorilas queriendo despedazar su presa.
Será una de las lecciones aprendidas para no caer en el llamado “miedo escénico” que muchas veces hacen mella en jugadores poco curtidos. Sin embargo, en el Junior-creemos-los jugadores son casi todos veteranos de muchas “guerras” y capaces de superar todas estas adversidades, incluyendo las provocaciones que sus rivales podrían intentar desde el comienzo del encuentro.
La preocupación mayor, sin duda, radica en la actuación de los árbitros. Juez central y auxiliares casi siempre van confabulados cuando en la plaza de Medellín se juega y más si el local es Nacional. Club que tienen pechichón en la Dimayor y en la Comisión Arbitral. En el juego del miércoles en el estadio Roberto Meléndez, el juez Wilson Lamoroux no tuvo complicación alguna porque se ajustó a las normas y reglas. Esperamos que en Medellín designen a un árbitro que sea garantía para ambos equipos. Y que no haya parcialidad hacia los paisas como es costumbre.
Sabemos que hay árbitros que cometen errores por desconocimiento o mala aplicación de las reglas; pero hay otros que conociendo bien las reglas y normas se van hacia un lado en perjuicio de otros. Esos son los más peligrosos por que actúan de mala fe. Esos son los que se conocen como árbitros perversos.
Bien, la tarea respecto a Barranquilla se hizo. Se ganó. Aunque por mínima diferencia, pero victoria es lo que cuenta. Esa es la ventaja del “Tiburón”. Falta la otra mitad de la tarea. En el Atanasio Girardot el Junior debe mostrar su casta, su categoría, su actitud. Jugar con la misma disposición que lo ha hecho últimamente, con la idea y el pensamiento claro de querer ser campeón; superando cualquier adversidad. Sin importar el público ni el árbitro, sino consciente de la responsabilidad de cada jugador y de cada espacio a defender.
Somos conscientes que media tarea está hecha. Falta la otra media, la más difícil porque tendremos muchos factores en contra como en los exámenes finales de estudios. Pero bien aprendida la lección, la respuesta a ese severo examen final debe ser exitoso.
Son noventa minutos que faltan, toda una “eternidad”. Pero con la fe del carbonero cimentada en la decisión de once gladiadores caribeños que deberán llegar dispuestos a la entrega total para conseguir la octava estrella y brindarle a toda la afición de Barranquilla y de la Costa Caribe ese nuevo título que estamos buscando.