Marx y la historia
A propósito de los 200 años del natalicio de Carlos Marx, es bueno reflexionar acerca de la importancia de su legado para toda la humanidad. Ese legado intelectual fue producido en una época durísima, dentro del desarrollo del capitalismo industrial, en el que se recrudecieron los problemas sociales.
Marx legó una visión profunda de los conflictos por intereses y una crítica muy fuerte a la sociedad de clases, más allá del fracaso relativo de sus modelos económicos y políticos, lo que se reveló cuando estos fueron aplicados, ya en el siglo XX y a partir de la Revolución Rusa.
El cuestionamiento más agudo de su concepción social, del papel del Estado y de cómo organizar la economía no solo provino de los defensores del capitalismo y de la sociedad abierta, sino de los propios socialistas, de la rama anarquista del socialismo decimonónico.
Especialmente Proudhon y Bakunin sostuvieron que el análisis de Marx llevaba implícito un enfoque político autoritario y totalitario que negaría la libertad individual, a nombre del Estado y de lo que se entendía por bien común. Así mismo, su visión acerca de la dirección revolucionaria y sobre el papel de lo ideológico traería consigo un nuevo mesianismo, una especie de religión laica que alimentaría un tipo de dogmatismo no religioso, de profunda difusión a partir del siglo XX.
Pero fuera de la crítica a su modelo de sociedad, desde el ángulo liberal o anarquista, es indudable que Marx entregó un importante cuerpo de pensamiento de mucha utilidad para el análisis social e, incluso, para la disciplina histórica. Este hecho ha sido reconocido por los historiadores marxistas y no marxistas.
Para algunos marxistas es imposible aprovechar todo el bagaje teórico de Marx sin asumir su idea de revolución social, como lo sostuvo Joseph Fontana (Historia. Análisis del pasado y proyecto social, Editorial Crítica, Barcelona, España, 1982); pero esta idea sectaria ha sido rebatida por la práctica historiográfica de otros historiadores internacionales.
En Francia y otros países, los historiadores han asumido muchos de los modelos de Marx sin necesidad de declararse revolucionarios en el sentido marxista. Es el caso de Fernand Braudel (para algunos el mejor historiador francés del siglo XX), quien sostuvo que el pensador de Tréveris había hecho un aporte sustancial a la teoría de la historia (Ver su libro de ensayos La historia y las ciencias sociales, Alianza Editorial, Madrid, España, 1970).
También es el caso del medievalista Georges Duby quien, en una obra producida a cuatro manos con el filósofo marxista Guy Lardreau, argumentó que no era necesario asumir el proyecto de revolución social de Marx para aprovechar su importante bagaje teórico.
Duby planteó, con una metáfora lúcida, que no había necesidad de botar al niño de la bañera (los modelos fundamentales de Marx) junto con el agua sucia (los supuestos de revolución totalitaria). (Ver: Georges Duby, Guy Lardreau. Diálogo sobre la historia, Alianza Editorial, Madrid, España, 1994).
La impronta teórica de Marx en la historiografía ha penetrado la obra de los historiadores marxistas y no marxistas. Como otros de los grandes genios del pensamiento, este autor supo llamar a las cosas por su nombre para develar lo que se oculta tras las apariencias.
A pesar de que sus ideas se produjeron en el siglo XIX, muchas de ellas no han perdido vigencia y hacen parte del legado de los historiadores a nivel global, en tanto que otras han sido rebasadas por el desarrollo contemporáneo de la historiografía.
Su forma de pensar estructural y genética, la tesis de que la vida material de la gente es esencial para comprender el porqué de los diversos puntos de vista y sus modos de vida, son fundamentos ineludibles de la manera como se trama la historia en la actualidad.
Marx aportó un enfoque de lo histórico que ayudó a combatir la idea de la historia basada en los grandes acontecimientos, muy de moda durante el siglo XIX en la llamada historia positivista. Para él, la base económica de la sociedad era el modo de producción, es decir, la forma como la gente se organizaba para producir sus medios de vida.
Si bien esta concepción estructural centrada en la economía fue rebasada en el siglo XX por el estructuralismo y el posestructuralismo, ayudó a entender los mecanismos profundos que predeterminaban los intereses de clase, y cómo la propiedad y la apropiación de los excedentes productivos delimitaban la explotación económica e influían sobre la dominación ideológico-política.
La idea griega del devenir histórico, el supuesto de que la sociedad avanza en el tiempo y el espacio mediante conflictos económicos, ideológicos y políticos, ha sido sumamente fértil para comprender cómo la sociedad se transforma mediante el motor de la confrontación por interés, de la lucha y la violencia.
Lo mismo cabe decir de la idea moral y política que llevó a Marx a estar a favor, en su tiempo y en sus escritos históricos, de los marginados, de los oprimidos, explotados y discriminados por cualquier motivo. Esta opción permitió el desarrollo de lo que algunos han llamado la historia desde abajo, es decir, la historia de los anónimos, de los sin historia, de quienes nunca han sido héroes, de los de abajo, los explotados, marginados y oprimidos de la historia.
Ese mundo de modelos y de opciones morales y políticas fue recogido por muchos historiadores marxistas y no marxistas en todo el planeta, y dio pie al surgimiento de un tipo de historiografía densa y profunda, en la cual el sector más representativo fue y sigue siendo la camada de historiadores ingleses y de otras partes que se movieron alrededor de la revista Past & Present.
La historia desde abajo, la de la clase obrera, tiene en Edward Palmer Thompson a un representante excepcional (Tradición, revuelta y conciencia de clase, Editorial Crítica, Barcelona, España, 1984; véase también: La formación de la clase obrera en Inglaterra, Tomo I, Editorial Crítica, Barcelona, España, 1989).
Eric Hobsbawm es otro historiador marxista que produjo obras de largo aliento, relacionadas con el desarrollo del capitalismo industrial, con los problemas sociales ligados a ese desarrollo, y con el papel de las guerras y la lucha de clases, desde la segunda mitad del siglo XVIII y hasta el siglo XX (Historia del siglo XX, Editorial Crítica, Barcelona, España, 2012, entre otras).
Perry Anderson ha incursionado en el ensayo historiográfico, en la crítica de las ideas y ha producido una obra importante para comprender el desarrollo del Estado, desde la óptica del marxismo (El Estado Absolutista, Siglo XXI Editores, Madrid, España, 1998).
Dos historiadores franceses, bastante cercanos a Annales, también produjeron obras influidos por las ideas de Marx. Michel Vovelle lo hizo desde el ángulo de las llamadas mentalidades colectivas y de las ideas revolucionarias (Introducción a la historia de la Revolución Francesa, Editorial Crítica, Barcelona, España, 2000), y Pierre Vilar trabajó desde la orilla de la historia económica y social (Historia de España, Editorial Crítica, Barcelona, España, 2000).
Con esta muestra de historiadores y obras se ha querido señalar la influencia decisiva que ha tenido Marx dentro de la historiografía contemporánea. Una influencia marcada por el análisis riguroso, profundo, y por el abordaje de temas y problemas que antes eran desechados por los historiadores.
Pensar como historiadores hoy pasa por reconocer el importante papel que Marx ha tenido en el desarrollo de una disciplina que busca desentrañar los misterios de la sociedad más allá de las simples apariencias y engaños. Es pensar buscando los fundamentos de la sociedad y los intereses que mueven a la gente.