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Los wayúu y La Guajira, en “La tierra del olvido”

Seis niños muertos y tres más en estado crítico parecen no ser suficientes para que el Gobierno Nacional se apersone de la fría y triste realidad de la comunidad indígena Wayúu en el norte de la Costa Caribe colombiana.

La desnutrición y enfermedades de neumonía han sido la constante en los pueblos de La Guajira donde comunidades indígenas sobreviven casi de milagro a pesar de ser esta una región rica en yacimientos  que generan grandes recursos económicos al país. Las regalías que por las minas que allí se explotan deberían ser eje de crecimiento económico y progreso para esta región; en cambio sus habitantes padecen paso a paso la indiferencia y  desidia de quienes tienen  el deber de velar  por la vida.

A la indolencia de los gobiernos centralistas se suma la corrupción campante de algunos dirigentes que aprovechan cualquier recurso para su propio beneficio. Tan solo en el primer mes de este año se contabilizan seis niños fallecidos, entre ellos, un bebé de apenas tres meses.  Es tan pobre esta comunidad que a duras penas si pueden darse el lujo de comer una vez al día según afirman los padres de los menores muertos.

Con este cuadro estadístico que nos reportan los medios de comunicación nos asalta la preocupación de saber que en el mes de diciembre, al final de este año, las cifras seguramente habrán sobrepasado las cuentas de los 48 muertos en el 2014 y los 37 del año anterior.

Lo más lamentable es que no haya habido hasta el momento un pronunciamiento oficial ni del Gobierno propiamente dicho ni del Ministerio de Salud al que también le competen estos temas de la población. Más preocupante cuando se conocen decisiones que disminuyen  considerablemente las asignaciones presupuestales en nutrición, salud y educación para este año.

“Necesitamos que nos manden agua, alimentos, médicos y que nos construyan un hospital o por lo menos un puesto de salud”, imploraba en medio del desconsuelo  Yesica Espinayú, la adolorida madre de la menor de 10 años fallecida hace dos días en una clínica de Barranquilla.

Bien por la convocatoria del Gobernador Eduardo Verano De la Rosa para que todos los mandatarios de los departamentos del Caribe acudan a la cita de carácter urgente para afrontar la dramática situación que padecen en La Guajira.  La voz del mandatario atlanticense y de todos los gobernadores costeños debe hacerse sentir a nivel nacional. No importa que el Ministro de Salud prefiera irse a una cumbre americana para tratar el Zika antes que apersonarse de las muertes y el caos que padece la región norte de Colombia.

Sin duda alguna es de carácter urgen afrontar tanta calamidad y en esa obligación está el gobierno nacional que como siempre desdeña y minimiza toda clase de atención hacia el Caribe, centrando  en cambio toda prioridad hacia regiones del interior. Seguro estamos que si la calamidad de desnutrición y enfermedades como el zika y demás estuvieran afectando al interior, hasta el señor Procurador se hubiese pronunciado y la Fiscalía hubiese comenzado a investigar y hasta el Defensor del Pueblo y representantes de Derechos Humanos estuvieran haciendo pronunciamientos.

Corresponde entonces a las administraciones de cada departamento costeños, gobernadores y alcaldes, representantes, senadores y las fuerzas vivas declarar en alto la voz. Tal vez así desde la capital se dignen mirar aunque fuese de reojo hacia la Costa.

En tal sentido  la defensora del Atlántico Gloria Lemus envió ayer a la Procuraduría y al Gobierno Nacional un completo y detallado informe de los casos de la comunidad indígena de Wayúu en procura de medidas urgentes para contrarrestar el drama que ya en menos de un  mes ha cobrado seis víctimas menores y tiene en estado crítico a muchos otros. Todo por la falta de presencia del Estado en regiones como La Guajira,  que tantos recursos naturales como el carbón, sal marina y el gas producen al país sin retribución alguna para sus gentes. Sus hermosas y vírgenes playas vírgenes de Mayapo, Manaure y Cabo de la Vela entre tantas otras sirven solo para recordarle al mundo que en Colombia sí existe “La tierra del olvido”