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"Los Soneros de Gamero”

Las primeras muestras del Junior 2017 han sido, de acuerdo a quienes tenemos un concepto del fútbol enjundioso y de ataque, de mucha complacencia. Especialmente si nos referimos a lo que fue el encuentro de Copa Libertadores frente al Carabobo en la ciudad de Cartagena.

El contundente 3-0 es muestra fehaciente de un ataque frontal, sin contemplación y de aspiraciones ofensivas. Pero más allá de la amplia diferencia, que pudo ser mayor si Toloza no marra tantas ocasiones de gol, lo que realmente impresionó, por lo menos en nuestro criterio personal, fue la manera descomplicada del juego planteado y desarrollado a lo largo de los 90 minutos.

¡Qué diferencia de este Junior a lo que fue el del año pasado! Aquel equipo parsimonioso, temeroso y errático que terminó en manos de Giovanni Hernández debe quedar en solo un mal recuerdo. Porque la versión 2017 nos muestra en cambio un equipo lleno de ambición, rápido en los desplazamientos y con juego a un solo toque. Así no solo se desdibujó la marcación a presión que quiso ejercer el rival venezolano, sino que abrió espacios para profundizar con pases a los costados o rompiendo por el centro.

Si bien hay que aceptar que son varios los jugadores diferentes a los del año anterior, gran parte del plantel fueron los mismos dirigidos por el técnico de la temporada pasada que nos dejó sin chance para llegar a los cuadrangulares.

Eso nos hace reafirmar la creencia nuestra que la fiebre no solo era del enfermo (es decir de los jugadores), sino también de la sábana que los arropaba, es decir del cuerpo técnico que lo dirigía. En este equipo al que podemos bautizar ya “Los Soneros de Gamero” se nota la disposición anímica de los protagonistas, la disposición por defender la causa en cada posición y sin duda la capacidad técnica y futbolística de cada quien. Todo ello, no dudamos, al trabajo y al sello personal que imprime el cuerpo de entrenadores encabezado por Alberto Gamero. Razón tienen todos aquellos que conocen de su trayectoria y de la voluntad y empeño de trabajo que este samario cumple en cada entrenamiento de la semana.

Es cierto que apenas se está comenzando y estas son las primeras muestras de lo que puede ser la campaña del presente año; y por eso-tal como lo afirma Gamero- aún hay muchas cosas corregir. El tiempo se encargará de conseguir el pleno funcionamiento que se pretende y que ha soñado la afición rojiblanca. Porque además de triunfos, se aspira a un equipo bien representativo de nuestra región, con fútbol técnico y categórico, que guste y que gane; y si es por goleada mucho mejor para enmarcar entonces el Tri G: ganar, gustar y golear.

El compromiso es enorme. El entrenador ha dicho que tiene plantel para disputar en las tres competencias: Liga, Copa Colombia y Copa Libertadores. En mi opinión, y contrariando un poco del optimismo de Gamero, creo que Junior debería por lo pronto dedicar sus mayores esfuerzos a dos de los tres compromisos: Liga Profesional y Copa Colombia. Lo de Copa Libertadores hay que analizarlo con más detenimiento; porque para llegar a disputar el título, creo que falta mucho más. Entre otros, un verdadero volante creativo, diez, capaz de soportar el peso de todo equipo que pretende campeonar en un evento de altísimo nivel.

Por eso, no hay que echar al vuelo y sonar campanas anticipadas. Hay que esperar el desarrollo de los partidos. Queremos ser optimistas y creer que con Gamero al frente el presente del Junior parece caminar por sendero despejado. Por lo menos en los dos compromisos señalados. Y si pretendemos ir más allá (Copa Libertadores), se requiere y con urgencia reforzarnos con un protagonista de gran talla en la media cancha. Un verdadero líder con capacidad y condiciones suficientes en lo futbolístico que nos haga soñar con un título continental.

El comienzo ha sido bueno y seguro estamos que puede seguir siendo mejor. Sin dejarnos engolosinar, pero con optimismo y con la confianza que nos da el arranque del futbol en este 2017. La palabra la tienen “Los Soneros de Gamero”.