Los pájaros disparándole a las escopetas
Rayaría en el cinismo el que una empresa como Unión Fenosa, de España, entable demanda contra el Gobierno colombiano por incumplimiento en compromisos económicos para atender el servicio de energía que Electricaribe presta en la Costa Atlántica.
Desde hace 18 años, Electricaribe ha pelechado del erario de quienes como usuarios caímos en “sus garras” por decisión de un Estado que prefirió entregar en manos extrañas la responsabilidad que le cabía. Fue entonces la mejor fórmula para evadir responsabilidad con la gente. Nada mejor que entregarla al sector privado. Sin prever siquiera, porque tampoco le interesaba saberlo al gobierno, la forma irresponsable e indolente con que iba a tratarse al consumidor del servicio.
Nada importaba al Estado si dicho servicio iba a prestarse adecuada o ineficientemente. La propuesta le daba la potestad de evadir la obligación que constitucionalmente le corresponde. Y esa oportunidad no podía despreciarse.
Fue la bandera verde que abrió el camino a Unión Fenosa para comenzar a acumular riquezas a manos llenas a costa del bolsillo del consumidor. El primer gran paso para Electricaribe lo encontró, como “bandeja servida”, en el argumento o pretexto del robo de las redes de cobre que cubrían a Barranquilla y todas las ciudades de la Costa Atlántica.
El robo de cables en líneas residenciales y de postes de alumbrado público seguía prosperando en una especie de economía emergente para la delincuencia común. Aquella circunstancia caía de perlas para los nuevos dueños de la empresa de energía, porque le resultaba la excusa perfecta para anunciar el cambio de líneas conductoras. El cobre, óptimo conductor de la electricidad, se cambiaba por el aluminio, de menor costo y poco recomendado para la conducción de la energía; especialmente en ciudades como las de la Costa por el factor de la salinidad que afecta también la conducción y provoca saltos de voltaje.
A partir de allí comenzó el martirio de los usuarios. Los cambios constantes de voltaje en las casa producían daños en los electrodomésticos, radios, abanicos, televisores, aires acondicionados, neveras y lavadoras se dañaban continuamente, igual los bombillos y lámparas se reventaban sin control alguno.
Y comenzaron entonces las quejas de los afectados. En todos los barrios y sectores de Barranquilla, en el caso particular, la gente acudía a las oficinas de Electricaribe a quejarse y pedir soluciones sin encontrar respuestas positivas. Y entonces aparecieron las primeras víctimas del mal servicio. Niños, adolescentes y adultos mayores resultaban electrocutados al conectar un abanico o conectar una nevera. Nada de las denuncias y quejas prosperaron. Electricaribe pretextaba las malas o fraudulentas acometidas y responsabilizó siempre a los usuarios.
Organismos de control como Superintendencia de Servicios hicieron siempre oídos sordos a las múltiples y diarias protestas de la gente en las calles. la Personería y el propio Concejo Distrital ignoraban todo aquello; y las administraciones preferían enfrentar las manifestaciones públicas enviando escuadrones del Esmad para repeler a la gente. Electricaribe seguía luciendo impenetrable. La empresa parecía estar blindada y por el contrario seguía aumentando sus atropellos cambiando los contadores de las casas aduciendo mal estado o fraudes en los mismos. Nadie parecía escuchar o importarle las quejas y demandas de los usuarios.
Por largos años Electricaribe se ha burlado de la gente de la Costa Atlántica. Y ahora cuando por fin, las fuerzas vivas de la ciudad y el departamento, y de toda la Costa, vale decir Alcaldes, Gobernadores, gremios empresariales, comerciantes y en general el pueblo todo, cansado y agobiado de tantos males deciden pronunciarse y exigen a gritos el cambio de operador, entonces Electricaribe y Unión Fenosa alertan con una demanda cuantiosa para el Gobierno Colombiano. Aducen los demandantes españoles incumplimiento del Estado en el acuerdo en el que prometió subsidios a la empresa cuando se vendió el servicio.
El Ministerio de Minas y Energía sigue sin un pronunciamiento oficial y definitivo. Intentando quizás –dicen los entendidos- encontrar una vía de solución que no sea la de cambiar el operador o de hacerlo que no le cause ningún trauma económico al Estado. Difícil posición ante una región del Caribe que cansada ya de tanta burla y abusos cree y pide como solución única la salida de Electricaribe.
Mientras tanto, toda la región sigue expectante ante la posibilidad de un apagón general como el del año 92 cuando Colombia toda se vio afectada por largos meses sin energía. En el caso de la Costa Atlántica, la gente no entiende que una empresa que tanto mal ha causado, esté ahora entablando demanda parta intentar seguir prestando un servicio totalmente inoperante y peligroso. Pero en el país del Sagrado Corazón vivimos donde y aunque parezca increíble, cualquier cosa puede pasar. Porque en Colombia-- como apuntan muchos-- resulta que “Los pájaros le siguen disparando a las escopetas”.