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Los estudiantes y la lucha por la Universidad Pública

Es necesario hacer un merecido reconocimiento a los estudiantes de la Universidad Pública, que se han levantado a luchar por la educación superior. Y no de cualquier manera, sino con formas que les han ganado la aceptación y el respeto de la ciudadanía.

Cabe resaltar que, en lo que va de esta batalla, el estudiantado no ha acudido, en general, a las maneras fáciles de combatir, mediante el expediente poco reflexivo e intimidante de la capucha y la papa, pues ha preferido tácticas propias de la inteligencia, del buen estilo, que dejan sin recursos, boquiabiertos e indefensos, a los aparatos represivos del Estado.

Es muy simbólico y notable que, en vez de papas y piedras, haya utilizado las flores, el saludo de manos y la actitud amistosa hacia los miembros de la fuerza pública, que se ha quedado sin motivos para reprimir esta justa protesta social.

Obvio que no ha sido fácil llevar a cabo esta manera de actuar, pues, como en todas partes, nunca faltan las ovejas descarriadas que prefieren el desmadre de la violencia sin reflexión, como si esta fuera un dogma religioso, o un síntoma de fuerza que nunca debe faltar.

Otra faceta importante de la lucha de los universitarios consiste en que han preferido la movilización pacífica de masas en las calles al inefable tropel, este último uno de los principales causantes de la fama de violentos que se han ganado algunos sectores del estudiantado y, también, del desprestigio que aún golpea a la Universidad Pública.

El que se hayan preferido las formas pacíficas de lucha en las calles, habla muy bien de la buena capacidad de lectura del estudiantado universitario, y de su inteligencia táctica para saber moverse en un contexto que aún recibe los coletazos del conflicto armado.

Las formas pacíficas de lucha son perfectamente coherentes con la nueva etapa que se abrió en el país con los acuerdos de paz de La Habana, los cuales nada tienen que ver con la inmovilización de los sectores sociales ante los problemas que les aquejan.

La protesta social y la movilización pacífica de la gente son formas indispensables de actuar cuando existen condiciones de injusticia, o situaciones que afectan los intereses de las mayorías. Como en el caso de la Universidad Pública, cuyos problemas motivan la lucha de los universitarios.

Los estudiantes mostraron ya un manejo envidiable de la prudencia para movilizarse, y también tienen bien claro el objetivo: su lucha por la defensa y refinanciación de la Universidad Pública es también un aporte a la necesidad de fortalecer la educación superior de los sectores populares.

La protesta social de los universitarios se convirtió en un llamado de atención al gobierno para que no siga considerando a la Universidad Pública como una carga sin importancia, sino como un patrimonio de los colombianos que merece respeto y una esmerada atención.

El desarrollo de una sociedad y de una cultura depende en gran medida de sus universidades, pues de estas salen los artistas, los pensadores, los científicos, los profesionales y humanistas sobre quienes descansa la transformación positiva del entramado social.

Esta es la lectura mayoritaria que se observa en el movimiento de los universitarios, quienes han preferido las formas de protesta maduras, reflexivas y lúdicas, ante aquellas otras rudimentarias y violentas que no provocan admiración y respeto, sino desprestigio y rechazo.

Es pertinente destacar esta faceta múltiple del movimiento de los universitarios, más allá del debate entre si lo que más conviene es el paro o la asamblea permanente. Ese desacuerdo secundario no contraría para nada el acuerdo fundamental por la defensa de la Universidad Pública, ni el de la lucha por mayor presupuesto.

El movimiento de los universitarios le está entregando a la ciudadanía un ejemplo importante acerca de cómo se protesta en condiciones democráticas, y sobre cómo se debe encausar la protesta social derivada de una causa justa.

Sin desmadres violentos, sin estridencia innecesaria y con muy buenos argumentos, han dejado al gobierno con los brazos abajo, sin ningún motivo para reprimir. Esa es la ruta para ganar, y ojalá que la victoria llegue pronto, para beneficio de la Universidad Pública y del pueblo colombiano.