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Los escenarios posibles de la crisis venezolana

El triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias de Venezuela fue otro campanazo de alerta relacionado con la aguda situación económica y sociopolítica que atraviesa ese país. Más allá de si hubo fraude o compra de votos por parte de los antichavistas, esa victoria tan contundente refleja un masivo descontento no solo de la burguesía sino de los sectores medios y populares de la sociedad.

Ese triunfo de la oposición se asienta en un terrible desastre económico,  asociado a la caída en los precios del petróleo y a la aplicación de un modelo que hace agua por todos los costados. El desabastecimiento y la inflación (producto del ataque sistemático a la economía de mercado y del empleo indiscriminado de la emisión monetaria) hacen temblar al régimen mucho más que los propios opositores políticos.

La guerra económica y la especulación promovida por el empresariado es otro factor que alienta la inestabilidad política, aumentando el descontento popular por la vía del incremento del desorden y del aumento de precios al consumidor. En un ambiente socioeconómico coloreado de este modo, solo cabe esperar el crecimiento de la polarización y de la confrontación por los cauces legales visibles, o a través de soluciones de otro tipo.

La batalla principal se canalizará por la ruta del enfrentamiento entre la Asamblea Nacional (ahora en manos de los opositores) y el ejecutivo, que es controlado por el núcleo duro del chavismo. Ese choque de trenes promete duras refriegas, pues la Asamblea intentará constreñir los movimientos del gobierno (y tratará de desestabilizarlo hasta donde le sea posible), en tanto que Maduro y los suyos buscarán inutilizar la presión del congreso, apoyándose en los otros poderes públicos y en el cada vez más exiguo apoyo popular.

La calle seguirá siendo otro escenario propicio para la lucha de clases. Pero esta ha empezado a volteársele al gobierno por el efecto combinado de la crisis económica y por la ampliación indiscutible de la base de apoyo de la oposición. Es cierto que el liderazgo de los antioficialistas aún es dominado por sectores de la burguesía que poseen un rostro desagradable, pero también es cierto que quienes se oponen al gobierno Maduro forman un arcoíris que va desde la ultraderecha ramplona hasta la izquierda y los independientes sin partido.

Los presos y los muertos no se descartan, pues representan el corolario natural de los enfrentamientos nutridos por la radicalización política. Pero los presos le hacen más daño a Maduro que a la oposición, la cual recibe estímulos adicionales al mostrar al régimen como opresor, sobre todo en los escenarios internacionales. Cada encarcelado por motivos políticos satura la imagen de mal gobierno del oficialismo y reduce su apoyo interno y externo, aun en sectores que ven con malos ojos los propósitos de algunos núcleos de la oposición.

Las diversas facetas del contexto indican que la inestabilidad política se recrudecerá, pues nadie quiere ceder o abrir la posibilidad de un diálogo. Los contendientes parecen ir por el todo o nada: el gobierno, tratando de radicalizar la revolución con el modelo clásico de más nacionalizaciones, más estatismo y más control; y los opositores buscando tumbar al ejecutivo, ahora por la ruta de los vericuetos constitucionales.

A todas estas, la Fuerza Armada Nacional sigue ahí expectante, observando los acontecimientos políticos, como juez supremo de lo que pueda ocurrir en el futuro. Si la crisis se llegara a profundizar, no se descarta una participación de los cuerpos que integran el poder militar en Venezuela.

A falta de un diálogo razonable (donde los contendientes estén dispuestos a perder algo para ganar algo) terminará por imponerse la fuerza de las armas del Estado, quizá con ayuda externa. Solo los militares serán capaces de romper el equilibrio inestable entre opositores y oficialismo, con consecuencias que se pueden prever.

Si la situación venezolana se degrada todavía más y Maduro y su equipo siguen mostrando incapacidad para sortear la crisis, lo más probable es que se produzca un golpe de Estado de los militares que sacará a los chavistas del poder. No hay razón para pensar que la Guardia Nacional (y las otras armas) actuarán divididas, como en el fallido golpe contra el Presidente Chávez.

La aguda crisis política y económica de Venezuela y la dificultad de los contendores para resolverla por la vía del diálogo, justificará para muchos la acción de los militares y los mostrará como la única solución ante una república que se destroza sin remedio.