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Los Costeños, con humildad, unión y sana convivencia, dignos ganadores

Contra todo pronóstico y contrariando la querencia de casi todas las regiones-dados los resultados durante los 5 meses de competencias-el equipo de Los Costeños, representativo de la región caribe,  ganó el llamado “Súper Desafío de Regiones”.

Organizado por Caracol, en su décima-sexta versión, primera en condición de equipos y no individual, el evento en el que participaron diez regiones de Colombia incluyendo la Amazonía, Tolima, Llaneros y Pastusos, que lo hacían por vez primera y celebrado en tierras dominicanas mostró a lo largo del mismo un ambiente variado y cambiante de acuerdo con los resultados que se iban dando en el que una u otra región salían airosas.

Los ganadores en diferentes de las 80 pruebas podían gozar de todo el confort de un hotel 5 estrellas en la llamada Playa Oro y otros, los menos afortunados, tirados en la arena teniendo por casa un viejo y destartalado avión, en condiciones inhumanas en las que a veces ni siquiera un bocado de comida podían ingerir. Lucían a ratos demasiados descompensados los perdedores frente a los vencedores, aunque desde luego, el calificativo pudiera corresponder a la condición de un Verdadero Desafío.

Los Costeños, con su “nadadito de perro” como popularmente decimos en la Costa, se fueron abriendo camino ante los demás rivales que ganaban y ganaban batalla tras batalla, pero como en toda “guerra”,  para ser los grandes vencedores hay que perseverar hasta el final de la contienda.

En tal sentido, los rivales de los caribeños fueron fallando uno a uno y fueron quedando relegados hasta el punto de ir bajando bandera. Inclusive los propios amazónicos, con los que los costeños definieron en la última jornada la victoria representada en casi un millón de pesos, declinaron aunque con las “botas puestas” ante el rival al que –según creemos- también la suerte favoreció.

Diez equipos entraron en contienda: Cafeteros, Santandereanos, Vallecaucanos, Antioqueños, Cachacos, Pastusos, Tolima Grande, Llaneros, Amazónicos y Costeños. Los que menos competencias ganaron fueron los de la costa. Y el precio que debieron pagar fue bien alto. En una sola ocasión pudieron gozar de los privilegios de Playa Oro. En cambio, seis veces-siendo los que más-tuvieron que “morder el polvo” de playa bronce en la que ni agua ni alimento se tenía para solventar las condiciones. Situación que se prestaba para burla y desdén de algunos de los equipos que sí disfrutaban de playa alta y playa media.

Durante varias pruebas debieron soportar sobre sus espaldas el peso de más de 15 kilos que muy complacidos le colocaron los paisas antioqueños y que le restaron fuerzas y posibilidades en varias competencias. También Los Costeños soportaron las llamadas “alianzas” de otros grupos que atizaban por darle duro a los del Caribe bajo el sentimiento de querer que fueran eliminados. Por suerte y como excepción, lograron la solidaridad y respaldo de los vallecaucanos, región que les tendió la mano en momentos cruciales en los que se podría desfallecer.

En medio de tensiones propias de competencia, una a una, distintas regiones debieron bajar bandera reduciéndose cada vez los participantes. Muchos apostaban a que el equipo del Caribe sería uno de los que pronto saldrían del evento. Pero en medio de la incertidumbre por la carencia de triunfos, los gladiadores costeños soportaban las inclemencias y lograron salir a flote cuando las cosas parecían perdidas. Pero hubo algo que se ganó la simpatía de quienes podíamos apreciar noche a noche el evento, fue la unión y la hermandad que reinó siempre en el grupo. Solo en dos ocasiones los integrantes del grupo costeño discreparon entre sí por haber fallado; pero rápidamente solventaban las diferencias y concordaban en que la culpa o responsabilidad por una derrota no se debía a uno en particular sino a todos. Y bajo la premisa de mantener la unión y armonía sostenían siempre que seguirían luchando sin desfallecer y con la mente única de llegar hasta el final.

A través de las transmisiones televisivas noche a noche, los colombianos apreciábamos en cambio que, al término de las pruebas los integrantes del o los equipos perdedores dividían opiniones recriminándose unos a otros, a tal punto que en varias ocasiones estuvieron a punto de liarse con las manos y hasta amenazar con querer retirarse. 

Los costeros, contrario a los demás, mantuvieron siempre un perfil bajo y sin voces altisonantes ni recriminaciones. La humildad fue muy valiosa sin duda en la gran conquista. La victoria sonrió al final para Los Costeños que nos dieron una buena lección de comportamiento grupal pero muy especialmente una gran lección de sentimiento y humildad. 

Sus integrantes: Brynnis López “Bry”, Elkin Herrera “Reikin”, Yerry Heredia “Jerry” y Lairen Bernier aunque muchos consideraban que no merecían el título de campeones por ser los que menos competencias ganaron, nunca desmayaron; fueron humildes en cada triunfo y respetuosos con los vencedores en las pruebas. No buscaron achacar culpa a los demás sino que aceptaron respetuosamente cada caída.

Para ellos fue una grata y enorme experiencia de vida y para los colombianos todos, una verdadera lección de convivencia con disciplina y humildad. En Cap Cana, República Dominicana, lugar del Gran Desafío de Regiones, los nuestros se sobrepusieron a toda desafortunada situación y dieron ejemplo de respeto y sana convivencia.

Y tan agradecidos fueron que, decidieron del dinero ganado, entregar algún porcentaje al grupo de los Vallecaucanos, único equipo que les tendió la mano y se mostró incondicional. “A veces en el juego se asumen posiciones personales que lucen negativas, pero al final debemos entender que son consecuencias por un buen o mal resultado”, dijeron los caribeños al conocer de manifestaciones de algunos integrantes de otros equipos señalando que el de Los Costeños fue un equipo mediocre y el que menos ganó en las pruebas.  

Los Costeños, aunque algunos o muchos digan lo contrario, fueron Dignos Ganadores. De los 10 equipos competidores fue el único que supo y pudo mantener izada por siempre la bandera de la región. Una muestra más de la condición de pioneros que nos caracteriza a los nativos bajo el influjo de las graciosas olas  del Mar Caribe y las refrescantes aguas del Río Magdalena.